CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 28, 2004.- Michelle Vieth debe de estar pasando por un momento por demás difícil. Una intimidad expuesta no debe ser agradable para nadie. Aunado a esto, descubrir el glamour de una estrella de esa manera no tiene nombre. ‘La pequeña traviesa’ dejó de serlo para un público infantil y juvenil. Ahora se ha convertido en el centro de polémica y controversia. Francamente me dió mucha tristeza. Sé que como periodista caen muchas cosas en las manos, en los oídos, en los ojos, pero de ahí a hacer uso de ellas, me parece no tener escrúpulos.
El problema es que no sólo se afecta a una persona, sino a todo su entorno.
Pienso en sus padres, en sus amigos, en el futuro. Una pareja, los hijos. No creo que ganar una nota sea destrozar la vida de las personas, afectarla en lo personal, en los profesional, en lo emocional.
Me imagino que muchas personas que gozan de una libertad en la intimidad, lo habrán hecho, y no las juzgo, cada quién su vida, pero de eso a exhibirlo como parte de pornografía en Internet y lucrar con esas imágenes, me parece imperdonable, sobre todo tratándose de personas públicas que se dedican al entretenimiento sano.
Michelle Vieth no es una persona allegada a mí; en lo profesional conozco su carrera, pero no hemos tenido acercamiento en entrevistas, pero me apena que ocurran situaciones de éste tipo con ella, y con actrices internacionales que en cuestión de segundos se ven traicionadas por la mala sangre de la gente que participó en la grabación de videos o en la toma de fotografías.
Fue una mala jugada y una acción que nada tiene que ver con la ética. No es posible que trabajos que suman años a una trayectoria, vengan a terminar en un escándalo grotesco.
Espero que pase el tiempo, y que en cada uno de nosotros haya un momento para reflexionar sobre lo que hemos hecho bien, o lo que hemos hecho mal, y tener tiempo para poder rectificar.
El que esté libre de pecado, que aviente la primera piedra.