CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 9, 2004.- Es una obra maravillosa, no la puedo catalogar de otra forma a esta puesta en escena. “Las viejas vienen manchando” es un tributo a la mujer, a la vida, al sexo, al amor. Un extraordinario grupo de actrices integran este elenco, ellas, las que dejaron sus nombres en las marquesinas y escribieron con letras de oro su historia en los capítulos más importantes en el espectáculo mexicano, las que han visto en el espejo las arrugas que aparecen en el rostro, que tienen las manos salpicadas de años, y en el alma guardan bellos secretos de amor.
Es una comedia de Cristina Grillo, donde se cuenta el relato de cinco mujeres de la tercera edad que inician una nueva vida, luego de compartir la vida y la experiencia, y de revelarse secretos que las unen con hilos blancos que se van entretejiendo.
Pilar, Clara, Nina, Dora y La Chiquis son los claros ejemplos de las diferentes etapas por las que pasa una mujer, que ya en la madurez, encuentra sus errores, los reparan y comienza una nueva etapa. No importa si llegó la menopausia, si la piel dió de sí, si el movimiento no es tan rápido, si en la intimidad no hay muestras de fertilidad, si los huesos truenan o se desgastan, todo es actitud.
Lilia Aragón, Alicia Bonet, Chela Castro, Rebeka D’Vivar, Alejandra Meyer, Evelyn Solares, Mari Carmen Vela, Kippy Casado, Beatriz Martínez, y Chela Orozco, son las primeras actrices que hacen las delicias del público que asiste a uno de los teatros de mayor tradición en nuestro país: El Teatro Manolo Fábregas.
Me imagino cuántas historias hay colgadas en esas paredes, cuántos textos ensayados, y cuántas improvisaciones están resguardadas en el escenario, es francamente una experiencia diferente.
No tengo palabras para describir la emoción de ver a éstas mujeres actuando, platicando experiencias, y luego bailando en baby doll, es de no creerse.
Ah!. Se me olvidaba la participación de César Riveros e Ivan Serrato, en el mismo papel, como el hombre que les hace recordar la intimidad juvenil y la sensibilidad femenina, sin tapujos ni problema.
Con “Las viejas vienen marchando” queda claro que para hablar de sexo, no hay edad, porque el deseo tampoco la tiene.