CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 27, 2006.- Tuve la oportunidad de platicar con ella en el negocio que su hijo ha levantado con gran esfuerzo. Ya su hijo le había pedido que no diera ninguna declaración, luego de darse a conocer la famosa lista de seleccionados mexicanos que estaban convocados para representar a México en el Mundial de Futbol Alemania 2006, y en la que por supuesto su hijo, no aparecía. Sin embargo, Doña Hortensia Bravo acudió a la cita. En la puerta apareció una mujer sencilla, vestida en color café, con las mejillas ruborizadas por los nervios, y con una sonrisa que demostraba que hubiera preferido no hablar de nada. Llegó acompañada de su marido, un hombre que está con ella por amor, por ese motivo se casó con ella y es padre de dos de sus hijos, aunque sus otros cuatro incluyendo Cuautémoc Blanco, consideran también, al papá que no conocieron.
Mientras el equipo técnico se acomodaba, ella y yo platicábamos de todas estas cosas que por lógica se piensan en medio de una situación así, al mismo tiempo calmaba su angustia entre el humo de un cigarro. Estaba consternada por las declaraciones de su hijo y quería llamarle para “regañarlo”. En seguida hablamos de las enchiladas que tanto le gustan al ídolo. Lo contaba con tal gracia que hasta parecía que olía a comida.
Inició la conversación oficial. Su barbilla temblaba en señal de desconfianza, es normal, luego de tanto ataque, hay momentos en que ya no se sabe qué esperar. Pero las palabras fluían conforme pasaban los minutos. Sus ojos parecían máquinas del tiempo, son tan transparentes que iban mostrando los reflejos del recuerdo. Con la mirada detenida en ese momento, me contaba cuando Cuautémoc llegaba con la camiseta sucia, desgarrada, pero remendada, sus pantalones en igual estado, y un par de pequeños tacos enlodados por los campos improvisados de futbol. Tenía seis años de edad a penas.
El llanto ya no lo pudo contener. Su mente viajó hasta aquel día en que su hijo llegó a buscarla justo cuando hacía comida en Tepito, para entregarle las llaves de su casa. Y me dijo, “Ojalá la gente conociera a mi hijo como es”.
Me quedo con la historia de uno de los jugadores más importantes de México, esa que nos narra que aunque las condiciones sean adversas, y los medios sean pocos, jamás serán suficientes para quitarle la fuerza y el corazón a un hombre como Cuauhtémoc Blanco.
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