CIUDAD DE MÉXICO, México, mayo 18, 2006.- Hace algunos días recibí la llamada de Álvaro Cueva, un hombre al que conocía a través de su prestigio y de sus letras, y que afortunadamente tuve el placer de estar cerca de él en el corazón y en lo laboral. Bueno, pues la llamada era para contarme que viajaría a Panamá a dar una serie de conferencias para los representantes de la prensa de espectáculos. Me solicitó un programa de Tras la Verdad para presentarle a los muchachos una muestra de que en México se hacen cosas diferentes con la información de nuestros artistas. El capítulo que decidimos que llevara fue “Secuestros”.
El sábado fue el último día de reunión, y como lo habíamos platicado, se enlazaron conmigo vía telefónica para responder algunas inquietudes con respecto al trabajo de Televisa Espectáculos.
Fue un gran privilegio poder estar en contacto con los integrantes del Centro Latinoamericano de Periodismo, y por supuesto con Álvaro Cueva. La llamada duró poco más de 30 minutos.
Me dio tanto gusto que un mexicano como Álvaro estuviera hablando con ellos, tratando de rescatar la fuerza de la prensa de espectáculos que está muy golpeada en países latinos. Porque ni siquiera las escuelas pretenden que sus estudiantes se dediquen a la farándula, el género está desvirtuado.
Las inquietudes de los colegas eran serias, dentro de los límites de la coherencia y de la necesidad de encontrarnos y reflejarnos en un público para el que trabajamos, y que tiene la suficiente inteligencia para elegir qué es lo que quiere ver en la televisión.
Agradezco desde el fondo de mi corazón y de mi oficio, el trabajo de Álvaro Cueva para rescatar la reputación de la prensa de espectáculos, y dar a los jóvenes la orientación correcta. Gracias Álvaro, gracias siempre.
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