
CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 1, 2008.- A pesar de muchos obstáculos, Tiger Woods ratificó su condición de número uno del mundo, mientras en el golf femenil se desató la ‘revolución’ de Lorena Ochoa al pasar la mexicana a ser número uno del orbe en este 2007.
El torneo MasterCard Classic, realizado en el campo de Bosque Real en marzo, y el Corona Championship de Morelia, de abril, fueron los dos ‘Major locales’ que Ochoa trató de conquistar para saldar una cuenta pendiente con el público mexicano. Falló de nuevo y no pudo conquistar torneos en su tierra.
Llegó el primer Major del año: el Kraft Nabisco Championship. Ochoa fue con todo y salió sin un trofeo (y sin el chapuzón que hace la campeona) que correspondió en esta ocasión a Morgan Pressel, triunfadora con acumulado de 285 golpes. Lorena fue décima con 289 impactos.
Ochoa tuvo un repunte en su juego. Se hizo más consistente, hasta que se convirtió en número uno del mundo, según la clasificación de la LPGA, además de que la anterior primera del orbe, la sueca Annika Sorenstam, se ausentó un tiempo por lesión.
Vino el segundo Major: el MacDonald’s LPGA Championship. La golfista tapatía volvió a la carga. No tuvo otra vez suerte. Acabó en el lugar seis con 280 golpes, mientras la noruega Suzann Pettersen se consagró monarca con 274 impactos.
Llegó el tercer ‘Grande’ del año con el Abierto de Estados Unidos. Ochoa hizo un gran esfuerzo por llevarse la victoria. Para su desgracia, golpes errados en momentos inoportunos le impidieron consagrarse. Fue segunda con 281 golpes, mientras Cristie Kerr fue la monarca con 279 impactos.
La mexicana había sido criticada por no ganar un Major, pero vino la hora de tapar bocas y en el mejor lugar posible: el campo del Old Course en St. Andrews, Escocia, considerada la cuna del golf y donde se han inmortalizado leyendas como Jack Nicklaus y Tiger Woods, que recibió por primera vez en su historia el Abierto Británico femenil.
Lorena Ochoa salió inspirada. Tuvo buen control de sus putts, no se desesperó y se notó relajada sobre el mítico campo. Al final tuvo acumulado total de 287 golpes, cinco bajo par y al fin logró ganar un Major, aparte de que entró en los libros de historia de golf al ser la primera mujer golfista que se lleva un ‘Grande’ en St. Andrews.
Al término de la temporada, Ochoa contabilizó ocho torneos ganados, su máxima marca en una campaña sencilla, sumó 4,364.994 millones de dólares en dólares en premios (nuevo récord en la Gira LPGA) y recibió el premio de Jugadora del Año, así como el Premio Nacional del Deporte de México.
Este año también se celebró la Copa Solheim, versión femenina de la Copa Ryder masculina, entre los equipos de Estados Unidos y Europa. La Solheim se disputó en Halmstad, Suecia y las estadounidenses se impusieron a las europeas por 16-12.
Mientras, en la PGA, el número uno del mundo, Tiger Woods, al principio tuvo un bajo rendimiento en algunas competencias por asuntos personales.
Otro golfistas se aprovecharon de un ‘disminuido’ Tiger para ganar diversos torneos potencialmente conquistables para Woods, y uno de ellos fue el Masters de Augusta, el primer Major del año, donde el hasta entonces desconocido Zach Johnson tuvo un buen torneo y con total de 289 golpes, ganó el Masters. Woods fue segundo con 291.
Para el segundo ‘Grande’, el Abierto de Estados Unidos, ocurrió otro final inesperado. Woods y su compatriota Jim Furyk estaban en posibilidad de levantar el trofeo de campeón, pero de la nada surgió el argentino Ángel Cabrera para arrebatarles la corona con total de 285 golpes, un impacto menos que Woods y Furyk.
El ‘Pato’ se convirtió en el segundo latinoamericano que gana un título de Grand Slam de golf, y el primero desde que su compatriota Roberto de Vicenzo se llevara el Abierto Británico de 1967.
A mitad de año, Tiger Woods recobró todo su poderío al empezar a conquistar título tras título. Sólo le faltaba un Major.
El Abierto Británico del 2007 no estuvo del todo afortunado para los estadounidenses, Woods incluido (y quien acabó en el puesto 12). Los jugadores europeos se lo quedaron y entre ellos dirimieron a su campeón, algo significativo, ya que desde hacía ocho años un jugador del Viejo Continente no ganaba el Abierto Británico.
El irlandés Padraig Harrington y el español Sergio García acabaron empatados en la punta con 277 golpes totales. Se fueron al desempate donde el ‘Niño’ García se quedó a un hoyo de ganar el ‘Grande’. Falló el ibérico, lo que Harrington aprovechó para imponerse y consagrarse monarca.
Se vino el Campeonato de la PGA, último Major del año. Woods preparó todo para hacer un buen torneo y logró su cometido. Tuvo un acumulado total de 272 impactos para agenciarse otro ‘Grande’ y consolidarse como el mejor del mundo.
Fue año de la Copa Presidentes, el equivalente a la Copa Ryder sólo que Estados Unidos enfrenta a un equipo internacional que tiene representantes de todo el mundo, menos los europeos. Los estadounidenses, capitaneados por Jack Nicklaus, se impusieron 19.5-14.5 puntos a los del equipo internacional.
La sombra del dopaje alcanzó al golf. Surgieron especulaciones sobre si golfistas se dopaban, lo que obligó a las autoridades de la PGA estadounidense, su par británica, la LPGA, la gira mundial y las de golf de todo el mundo, a empezar a aplicar a partir del 2008 controles antidopaje.
