
MADRID, España, mar. 23, 2008.- El belga Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), hizo público un comunicado, en referencia a su papel con motivo del conflicto en el Tíbet, en el que aseguró que los Juegos Olímpicos, que en 2008 se disputarán en Beijing, "son un catalizador para el cambio, no un remedio para todas las enfermedades".
"El encendido de la llama olímpica mañana en Olimpia es para nosotros el momento de reflexionar sobre el papel del Comité Olímpico Internacional", afirma Rogge.
El presidente del COI agregó que "la principal responsabilidad" de este organismo "es ofrecer los mejores Juegos Olímpicos posibles a los atletas, que se lo merecen". "Esto lo hacemos en estrecha e intensa colaboración con el comité organizador de los Juegos de Beijing", afirmó.
"La concesión de la organización de los Juegos Olímpicos (de 2008) al país más poblado del mundo permitirá abrir el olimpismo a un quinto de la humanidad. Creemos que China cambiará al abrir el país a la mirada del mundo a través de los 25 mil medios de comunicación que asistirán a los Juegos", comentó.
Según Rogge, "los Juegos Olímpicos son una fuerza al servicio del bien. Son un catalizador para el cambio, no un remedio para todas las enfermedades".
"Las ONG y los activistas en defensa de los Derechos Humanos quieren sacar partido de los Juegos y piden al COI que actúe. El COI es, sin duda alguna, respetuoso con los Derechos Humanos. El COI respeta a las ONG y a los activistas (en defensa de los Derechos Humanos) y sus causas, y habla regularmente con ellos, pero no somos ni una organización política ni una organización militante", aclaró Rogge.
"Como ya declaré el pasado fin de semana, la situación en el Tíbet preocupa vivamente al COI. Ya hemos expresado nuestra esperanza en ver que este conflicto se resuelve pacíficamente lo antes posible. La violencia, sea cual sea su motivación, está en contra del espíritu y los valores olímpicos", añadió Rogge.
El presidente del COI concluyó su mensaje diciendo que este organismo "seguirá respetando la causa de los Derechos Humanos y trabajará sin descanso con China para el bienestar de los atletas y el éxito de los Juegos".
La represión china a las protestas pacíficas iniciadas por los monjes budistas en Lhasa el día 10, aniversario de la insurrección popular tibetana contra los comunistas chinos de 1959, desembocó en una ola de violencia que se extendió a Gansú, Sichuan y Qinghai, con una importante comunidad tibetana.
Hasta ahora, China reconoció la muerte de 19 personas en los disturbios de Lhasa, aunque el gobierno tibetano en su exilio indio aseguró que en los choques con la policía en la capital tibetana perdieron la vida 80 personas y otras 19 en otra provincia china.
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