Las mejores amistades son las que construyen las personas con intereses, aficiones y gustos compartidos para llevar a cabo un propósito creativo. Un buen ejemplo mexicano es el Ateneo de la Juventud, un grupo de estudiantes que sumó sus esfuerzos en beneficio de la cultura.
Todo comenzó en 1907 cuando México estaba gobernado por Porfirio Díaz, quien tenía casi ochenta años de edad, y un grupo de ministros tan ancianos como él. Éstos cerraban el paso a las nuevas generaciones y creían que sólo los conocimientos científicos eran importantes para organizar el país. Un conjunto de jóvenes escritores que participaban en la revista Savia Moderna consideraba que México debía transformarse y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes a través del estudio de la historia, la filosofía, la antropología y las artes. Llamaron a su grupo Ateneo de la Juventud. Los integrantes tenían edades y orígenes distintos, pero el mismo amor por el conocimiento. Sus primeras actividades consistieron en realizar reuniones informales para discutir asuntos de actualidad. Más adelante decidieron compartir sus conocimientos con el público en general y realizaron un ciclo de conferencias sobre distintos temas como la música de Chopin y la poesía de Sor Juana.
Mientras el grupo se mantuvo activo con conferencias, debates y ediciones de libros y revistas, llegó a tener más de sesenta integrantes, entre quienes se hallaban las figuras que dominaron la cultura mexicana en el siglo XX. Los más destacados fueron el escritor Alfonso Reyes, el novelista Martín Luis Guzmán; los filósofos Antonio Caso y José Vasconcelos y el diplomático Isidro Fabela. También había grandes artistas, como el pintor Diego Rivera y los compositores Manuel M. Ponce y Julián Carrillo. Contaba, incluso, con integrantes extranjeros, como el intelectual dominicano Pedro Enríquez Ureña.
Realizaron sus actividades durante la Revolución. Mientras centenares de personas combatían con armas, los ateneístas realizaban su propia lucha con ideas, en busca de la libertad de enseñanza y pensamiento y la reafirmación de la cultura mexicana.
El Ateneo se mantuvo activo hasta 1914; sin embargo varios de sus miembros fueron amigos y compartieron sus actividades toda la vida. Su trabajo alcanzó una influencia decisiva en la etapa posterior a la Revolución, cuando México se reconstruyó desde sus bases y surgió renovado ante el mundo.
Los amigos ciertos se prueban en los hechos.
Anónimo