Nunca olvides que por el solo hecho de vivir (no importa si eres gordo o flaco, rubio o moreno, alto o bajo) tú mereces todo lo mejor, tienes derecho a las máximas oportunidades, al amor de tu familia, la educación, la seguridad, la diversión y el desarrollo de tus capacidades. Por tu gran valor nadie tiene derecho a maltratarte o pedirte que hagas cosas que te perjudiquen. Esta visión puede ayudarte a orientar tus esfuerzos hacia el éxito y los logros personales. Al mismo tiempo aprende a reconocer el valor y los derechos de todos los demás, ¡Ayúdalos a descubrir que ellos, como tú, merecen quererse a sí mismos!
Un pedacito de sol
En la antigua ciudad maya de Chinkultic vivió hace siglos un príncipe notable por su apostura y valentía. Se llamaba Tukuluchú. Sus ojos lanzaban destellos dorados, su piel era lisa y oscura. Manejaba con destreza las armas, en especial el hulché —un afilado palo que se lanza contra el enemigo—, y su habilidad provocaba la admiración de sacerdotes, nobles y guerreros.
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Los caballos y el jinete
Los diferentes acontecimientos de la vida provocan en nosotros emociones y pasiones (emociones muy intensas): un éxito en la escuela o en el deporte nos alegra, la enfermedad de una persona querida nos entristece, las injusticias nos enojan, el deseo de alcanzar algo nos entusiasma y algunas circunstancias inesperadas (como un feroz perro que nos sale al paso) nos atemorizan.
Sentir esas emociones es un proceso sano, normal y común a todas las personas, lo que no es normal es que se apoderen de nosotros. La excesiva alegría puede volvernos vanidosos y alejarnos de las cosas que importan, el miedo puede mantenernos inmóviles y hasta escondidos bajo la cama, el odio puede impulsarnos a agredir a los demás y la tristeza a quedarnos llorando todo el día. Eso ocurre cuando las emociones se adueñan de nosotros, nos traen y llevan a su antojo, como si fueran caballos desbocados.
El autodominio consiste en hacernos dueños de las emociones, controlarlas y manejarlas en nuestro beneficio, convertirnos en el jinete experto e inteligente que sabe cómo conducir su alegría o cómo guiar su temor. Conservar la posición de mando nos permite avanzar por la ruta que nos propongamos.
¿Ya lo pensaste?
Las emociones o pasiones tienen que ver con nuestros instintos, una serie de respuestas naturales del cerebro que compartimos con diversos animales. El tigre enojado salta sobre su domador, el conejo asustado se refugia en su madriguera, el hermoso pavo real presume el color de sus plumas… La diferencia que nos da ventaja sobre ellos es una mayor capacidad de razonar. El razonamiento nos ayuda a “jinetear” nuestras pasiones. Nos permite, por ejemplo, analizar una situación para perder el miedo; dialogar con nuestros enemigos para borrar el odio, o reconocer que, aunque tengamos alguna aptitud especial, no somos superiores a los demás. De esta forma el razonamiento es el origen de valores como el diálogo, el respeto y la tolerancia.
Los náufragos del Pacífico
El autodominio se pone a prueba en situaciones de peligro, cuando todo parece salir de nuestro control. Ese fue el caso de tres pescadores mexicanos que naufragaron y permanecieron a la deriva casi nueve meses.
Una mañana, hacia fines de 2005, un grupo de cinco pescadores nayaritas, originarios de San Blas, salieron en su pequeño bote de apenas ocho metros, hecho de fibra de vidrio, a cazar tiburones. Al poco tiempo el motor de su transporte comenzó a presentar problemas y se detuvo. Estaban en medio del mar, en las aguas del Océano Pacífico. Resultaba imposible nadar de regreso por la distancia y los feroces tiburones que habitan la zona.
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1. No hagas berrinches. Los accesos de llanto, gritos y violencia que suelen tener algunos niños son una forma de expresar sus emociones de disgusto, tristeza o preocupación por algo que les ocurre. Sin embargo carecen de utilidad porque no siempre queda claro qué están buscando. Si algo te da miedo, si algo no te gusta o te duele, exprésalo con palabras claras y tranquilas a los adultos que sólo así tendrán la información necesaria para ayudarte, también puedes hacerlo por escrito o mediante un dibujo. Dejar atrás los berrinches es una demostración de crecimiento y madurez.
2. No te encapriches. No te dejes guiar por deseos o estados de ánimo que no tienen razón. Quizá tus padres no pueden comprarte el juguete que quieres en especial, pero pueden darte otro igual de divertido, al alcance de sus posibilidades. No insistas en pedir algo que no te pueden dar o que te lleven adonde no te pueden llevar. En la escuela mantente dentro de las normas comunes de conducta y acepta seguir las instrucciones de los maestros y directivos, siempre y cuando sean respetuosas.
3. No te asustes. El miedo no es un buen consejero. Pero tampoco te hagas el valiente y creas que estás por encima de cualquier peligro. Piensa en las circunstancias o personas que te atemorizan y pide a un familiar adulto que te ayude a revisarlas. Así podrás darte cuenta que muchos temores comunes (como dormir con la luz apagada) no tienen razón de existir y te olvidarás de ellos.
El extremo opuesto
La pérdida del control es lo contrario al autodominio. Las personas que pierden el control de sí mismas renuncian a usar su capacidad de razonamiento y, con ello, a la posibilidad de vivir los valores. Los efectos pueden ser destructivos para ellas mismas y para los demás. La ambición desmedida puede conducir al robo y la corrupción; el odio puede derivar en crímenes castigados por la ley; el temor intenso ha cobrado la vida de muchas personas que se infartan de un susto. Incluso las emociones positivas pueden destruir cuando se salen de control: la búsqueda obsesiva del éxito es agotadora e impide reconocer los propios límites.
¡Qué admirable es la llave de oro que cierra cuidadosamente la puerta del castillo donde viven los fantasmas!… Si sabes usarla, si tienes cuidado de que esta puerta en determinados momentos no se abra, por más que desde adentro el tumulto de las tristezas, de los temores, de las preocupaciones, de la pasión de ánimo, quiera forzarla, ¡cuánta será tu paz y cuán permanente tu alegría!
—Amado Nervo
Especular las desdichas
y examinar los presagios,
sólo sirve de que el mal
crezca con anticiparlo.
—Sor Juana Inés de la Cruz