Demostración de la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.

cortesía

Definición

Cortesía. 1. f. Demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona. Urbanidad. 1. f. Cortesanía, comedimiento, atención y buen modo. Decencia. 1. f. Aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona o cosa. 2. f. Recato, honestidad, modestia. 3. f. Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.
—Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo segunda edición.
 
Una expresión de respeto
Con seguridad conoces el caso de algún compañero de tu escuela o un vecino de tu cuadra que es grosero y maleducado. Convivir con personas así es muy difícil: usan malas palabras, no piden nada por favor, no son amables con los demás y tienen sus cosas hechas un desorden. Para ellos la situación tampoco es fácil: despiertan rechazo, no reciben la atención o los servicios que buscan y tienen frecuentes problemas con quienes no están dispuestos a soportar sus groserías. ¿Por qué se portan así? Simplemente, por que no respetan a las personas. Por ejemplo, tiran basura en la calle porque no les importa que a los otros caminantes les parezca fea o les dé asco.

Cuando sentimos respeto y afecto por quienes nos rodean aprendemos a tratarlos bien, a dirigirnos a ellos con consideración y a tener una serie de pequeñas atenciones que hacen la vida más feliz y amable. Allí está el secreto de la cortesía, la decencia y la urbanidad. Ser amables en nuestro trato facilita la convivencia en el hogar, en el salón de clases, en los espacios públicos y en cualquier actividad de recreación o deporte. Esa conducta también indica que esperamos lo mismo de los otros: que nadie nos grite, nos insulte o sea rudo con nosotros. Las normas de urbanidad son muchas y muy variadas, se distinguen de una cultura a otra y van cambiando de una época a otra. Pero no importa que esos detalles se modifiquen, lo interesante es demostrar que queremos tratar bien a quienes nos rodean.

Extremos contrarios
• Las personas descorteses se exponen a recibir groserías de los demás.
• La falta de urbanidad degrada la calidad de vida en comunidad.
• La indecencia resta calidad y valor a los seres humanos.

Reflexiona

El misterio del bosque

El pequeño Javier era un chiquillo majadero, inquieto y mal modoso. Su mochila contenía un desordenado conjunto de resorteras, piedras, cáscaras de fruta, estampas de alguna colección incompleta y lápices mordidos. Las libretas parecían acordeones, en especial el cuaderno de tareas. No usaba la goma para borrar: se ensalivaba el dedo índice, trataba de eliminar el error frotando el papel con la yema y por eso la libreta estaba llena de agujeros. Éstos se combinaban con manchas de grasa, restos de un pastelillo con relleno cremoso y hasta algunas hormigas muertas.
            —Tienes que cuidar tus útiles —acostumbraba a decirle el profesor.
            —¿A poco tú me los compraste? —le decía Javier.
            —No me hables así, porque voy a reportarte —lo amenazaba el maestro.
            —Pues mejor para mí, así ya no te veré en lo que resta del año —contestaba el niño antes de abandonar el salón azotando la puerta.

Continúa

Mini-relato

La actitud más sincera
 Muchas personas piensan que el valor de la cortesía es hipocresía que engaña con falsos halagos y señas de admiración. Eso ocurre cuando no se siente de corazón. Pero cuando nuestro deseo de ser corteses y educados es sincero surgen todos sus rasgos positivos. La cortesía ayuda a los demás porque piensa en ellos, mejora el nivel de la convivencia, es bienvenida por todos, despierta muestras de agradecimiento, fortalece nuestro carácter y siempre resulta útil. Haz la prueba de usarla para pedir cualquier cosa que necesites y siempre tendrás a cambio una respuesta correcta. Te sorprenderá descubrir el poder de este recurso.
Otros piensan que la urbanidad hace que seamos menos libres, nos sujeta y nos impide ser espontáneos. Tampoco se trata de eso. Más bien consiste en controlar nuestra conducta y actitudes para relacionarnos mejor evitando hacer cosas que les molestan a los otros, como comer con la boca abierta, o bostezar y eructar a media conversación. La buena convivencia que se logra a través de esas actitudes nos permite ser realmente libres: realizar nuestras actividades en un ambiente más agradable, donde sabemos que los demás nos respetan y que nosotros los respetamos. La urbanidad y la cortesía son expresiones delicadas de amor y herramientas muy útiles para la vida en sociedad. No lo olvides: cuida las formas, aprende a pedir todo por favor y a decir claramente gracias cuando alguien te ayude.

¿Ya lo sabías?
Cuando alguien es maleducado se acostumbra decir: “¡Que lea el manual de Carreño!” Esta frase se refiere al Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos, publicado por el venezolano Manuel Antonio Carreño (1812-1874) en 1853. Muchas de sus indicaciones carecen de sentido en el mundo actual, pero se le considera una obra importante para la historia de la etiqueta (o urbanidad) en América Latina.

Problemas para pensar


Un mensaje para los padres
Generalmente acostumbramos guardar las formas cuando convivimos con otras personas en algún espacio social, pero dentro de la casa o con la familia olvidamos o relajamos los criterios de urbanidad. Aunque sin duda la intimidad familiar debe ser un espacio confortable donde nos movamos con confianza, mantener un clima de cortesía y decencia facilita la convivencia y favorece el desarrollo de nuestros hijos. Enseñarles esos criterios es educarlos.

Acciones a seguir
1. Comuníqueles las normas básicas para ir por la calle: caminar por el lado derecho de la acera, ofrecer el brazo a los ancianos, auxiliar a los discapacitados que hallemos en el camino, cruzar las calles respetando los semáforos y arrojar la basura en los contenedores disponibles.
2. Oriéntelos sobre la cortesía en el transporte público: Dejar salir antes de entrar, ceder el asiento a una mujer embarazada o a un anciano, no pegarse demasiado a las demás personas y pedirles el paso con amabilidad.
3. Ayúdelos a alternar bien en sociedad. Es básico que saluden a los demás, que se presenten a sí mismos y puedan presentar a una tercera persona. Enséñelos a ser puntuales para cada uno de sus compromisos.
4. Trabajen en las normas básicas a la hora de los alimentos: sentarse correctamente, comer bocados pequeños, usar los cubiertos, no hablar con la boca llena y pedir las cosas por favor.

Un mensaje para los maestros
Su tarea como educador no sólo consiste en aportar a los estudiantes conocimientos de cultura general, sino en proveerles una serie de enseñanzas extracurriculares que fomenten su desarrollo y bienestar, como las normas básicas de cortesía y urbanidad. El aula es un espacio excepcional para fomentarlas.

Acciones a seguir
1. Solicite que acudan limpios y bien presentados a su clase, con las uñas cortadas y peinados.
2. Reprenda siempre con temperancia y dando una explicación, el uso del lenguaje soez.
3. Trate a los alumnos con la cortesía que usted espera de ellos. Permanezca atento a las faltas de respeto entre ellos.
4. Otorgue algún estímulo (por ejemplo, un punto extra en la calificación) al alumno que mantenga en mejor estado su mochila y útiles escolares.

Lo que dicen los libros

Elogio de la urbanidad
“La misión de formar a la niñez consta de muchas partes. La principal y la primera consiste en que los niños sean personas piadosas; la segunda, que amen las enseñanzas y las aprendan bien; la tercera, que se instruyan para los deberes y oficios de la vida; la cuarta, que ya desde el principio se acostumbren a la urbanidad y decencia en las maneras. El hombre entero debe estar bien compuesto en alma, en cuerpo, en acciones y en vestimenta. Pero principalmente a todos los niños les sienta bien la compostura. El ánimo bien compuesto del niño debe relucir por todos lados.”
—Erasmo de Rotterdam, De la urbanidad en las maneras de los niños, 1537.

Actividades

En estas páginas ya conociste cuál era el misterio de la voz en el bosque. Ya sabes cómo ser amable en tu próximo viaje por Turquía, Marruecos, Pakistán y Camboya y ya viste que algunos de tus ídolos deportivos necesitan leer el Manual de Carreño. Conociste, en fin, la importancia de los valores cortesía, urbanidad y decencia. Ahora tienes que apoderarte de ellos y vivirlos en cada una de tus actividades y en el trato con todas las personas que conoces.
• Identifica las normas de urbanidad que hay en tu comunidad. ¿Cuáles te han enseñado tus padres? Pregúntales por qué les parecen importantes.
• Trata de conversar con algún anciano que conozcas, pídele que comente las diferencias entre los modales de sus tiempos y los modales de hoy. ¿Crees que hemos mejorado?
• Si vives en una comunidad rural trata de conocer qué modales tienen los habitantes de la ciudad. Si vives en la ciudad, indaga los modales de la gente del campo. Es interesante observar que los campesinos suelen ser mucho más amables y delicados que los citadinos. ¿Por qué?
 
Experiencias que valen
Escribe qué aprendiste en este capítulo. ¿Qué te llamó más la atención?
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Escribe una experiencia que tuviste con los valores de cortesía, urbanidad y decencia después de leer este capítulo.
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Frases

“Esforcémonos en vivir con decencia y dejemos a los murmuradores que digan lo que les plazca.”
—Molière
 
“Cuando la urbanidad decae, la civilización sufre y decae con ella.”
—James N. Hall
 
“La cortesía del corazón es bien superior a la de los modales.”
—Jean-Jacques Barthélemy
 
“La verdadera humildad es un equilibrio y una forma de decencia.”
—Georges Bernanos
 
“Nuestra urbanidad no vale tanto como la delicadeza del campesino, verdadera muestra de la caridad.”
—Lionel Groulx
 
“Los modales corteses hacen que el hombre aparezca exteriormente tal como debería ser en su interior.”
—Jean de la Bruyère
 
“La cortesía es la gracia del espíritu.”
—Henri Bergson
 
“La buena educación es la flor de la humanidad. Quien no se comporta con urbanidad no es lo suficientemente humano.”
—Joseph Joubert
 
“La cortesía es una pequeña cosa… que nos prepara para grandes acontecimientos.”
—André Comte-Sponville