Creatividad

El valor en la historia

Fuente: www.valores.com.mx

 

El Fénix de América
La excepcional Juana Inés

El brillo de la inteligencia, la inventiva y la creatividad de algunas personas fuera de lo común permanece vivo por siglos. Ése es el caso de la escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695).


Nació en Nepantla y desde muy pequeña dio muestras de talento: a los tres años sabía leer, a los siete pidió que la inscribieran en la Universidad y a los ocho compuso su primer poema. Su ingenio cobró fama y fue recibida en la corte del virrey Mancera, en la Ciudad de México. Éste la sometió al difícil examen de cuarenta sabios y ella respondió con precisión a cada pregunta. “Parecía un poderoso galeón embestido por meras barquitas” relataba el virrey.


En 1669 ingresó al convento de San Jerónimo y, aparte de sus deberes religiosos, dedicaba su tiempo al estudio, formó una biblioteca de 4,000 tomos y adquirió conocimientos de lenguas, astronomía, pintura y música. Al mismo tiempo comenzó a desarrollar su obra escribiendo hermosas poesías, villancicos, obras de teatro y meditaciones.


Sus trabajos cobraron fama fuera de México. En 1689, con el título Inundación castálida, se publicaron en España, en tres tomos, y los expertos opinaron que era la mayor poetisa de su tiempo. La inventiva de Juana Inés no conocía límites, fue autora de tratados de música, recetas de cocina y versos en náhuatl y latín. Su obra más notable, el poema Primero sueño, está hecha de mil versos en los que destaca una profunda cultura y el absoluto dominio del idioma.


Hacia 1690 los problemas se multiplicaban en México: hubo hambruna, inundaciones, epidemias y levantamientos de indígenas. Las autoridades religiosas —a las que inquietaba el espíritu libre y original de Sor Juana— le exigieron que se dedicara sólo a las tareas que le correspondían como monja.


Presionada de esta forma, se deshizo de su biblioteca y vendió sus instrumentos musicales y matemáticos para ayudar a los pobres. La epidemia de cólera llegó a su convento y ella se contagió por cuidar a las enfermas. Al morir, el 12 de noviembre de 1695, tenía sólo 43 años.


Sin embargo, la muerte no pudo con ella. Juan Inés dejó una valiosa herencia creativa que incluye sus colecciones de sonetos y rimas y las comedias Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. A escasos años de su muerte, el interés por sus trabajos fue en aumento. Se publicaron miles de copias y los especialistas de todo el mundo escribieron miles de páginas dedicadas a su análisis y elogio.
Hoy, cuatro siglos después, se considera una figura central de la cultura y la vida mexicana, al grado que su rostro aparece en los billetes de doscientos pesos. La Encyclopaedia Britannica, la obra de consulta más prestigiosa del mundo, la califica como “una poetisa sobresaliente, un prodigio intelectual, autora de obras de sencilla belleza y gran atractivo emocional.” La lectura de sus libros enriquece a millones de estudiantes mexicanos. Comparada al ave mitológica que siempre renace de las cenizas, Juana Inés se conoce familiarmente como el “Fénix de América”.

 

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