Cuento: “Yo puedo”

de Karina Valdez Arámburo

Fuente: www.valores.com.mx

 

Yo puedo

Soy maestra de segundo grado de primaria, en nuestra escuela hubo un concurso de poesía coral, escogí la poesía “Mozart para niños” de Carmen Gil, durante semanas preparamos la presentación con gratas sorpresas de quienes consideraba mas tímidos y resolvieron ser solistas.    

 

Aunque la poesía es de diecisiete párrafos, los niños la memorizaron toda, al final hasta los hermanitos de los niños la aprendieron pues en casa no dejaban de practicar.   A medida que ensayábamos la mayoría aprendía los movimientos, aunque dos de mis niños no participaban del todo.   Entre todos, prepararon parte de su vestuario, un disfraz de Mozart. Las mamás se encargaron de las fabulosas pelucas blancas al estilo de la época elaboradas hasta por papás con iniciativa, el entusiasmo contagió a todos.

 

Después de muchos ensayos, llegó el gran día, mientras mis dos niños tremendos se rehusaban a participar, logré convencer al que nunca convenzo y el otro seguía por otro lado, Kunti, mi hija de 12 años, logró convencerlo de que él podía lograrlo.

 

Fuimos los últimos en llegar y los primeros en ser presentados, los papás aplaudían sin cesar, hubo dos empates en el 3er lugar, anunciaron el 2do y nuestra piel se erizaba de emoción cuando mencionaron a otro grupo.   Las miradas de los niños eran como golpes de ligas preguntándome:  -“¿Porqué?, ¿Qué pasó?”, aunque los felicité, los ánimos estaban encendidos, seguían reclamando porque ni siquiera los habían mencionado.

 

A la semana hicimos un ejercicio de reflexión, preguntándoles que les había parecido lo que pasó el viernes pasado, mencionaron que no ganaron nada, que era injusto, que fue trampa, de nuevo, que ni siquiera nos mencionaron.   Yo les dije que en el concurso como en la vida, no siempre se gana, y que lo que importa es que todo el grupo se integró a ese proyecto, que colaboraron, se ayudaron, se divirtieron, que les gustó mucho a sus papás y que las cosas se hacen para que nos gusten a nosotros mismos, que a la próxima mejoraríamos varios puntos que al principio no podíamos ver.   

 

Yo les dije que en la vida hay que sonreír aunque se nos reconozca o no nuestro trabajo, que las cosas se hacen por el gusto de hacerlas bien y no por el aplauso. 


Ese logro del trabajo de un grupo fue la semillita de confianza que crece en mis niños, de que pueden hacer cosas grandes, mis dos niños “tremendos” han sacado mejores notas, ya no tengo que sacarlos debajo de la mesa para que hagan sus exámenes, han recibido el aplauso de la familia al decir la poesía para la abuelita viajera, es decir, ha propiciado momentos gratos en familia, han sabido agarrarse de ese logro, de esa lucecita que brilla en la negrura de reportes de conducta,  llamadas de atención y su costumbre a las miradas de rechazo.  Mi deseo es que las vidas de todos sean felices, si se puede apoyados en sus seres queridos, pero sobre todo apoyados en el sincero credo, “Yo puedo”. 


Gracias por este espacio, Karina Valdez Arámburo, Gabriel Ilizaliturri y Esperanza Quiroga.  Instituto Edunova, Prol. Juarez #2103, León, Gto. Tel 770 11 45.


 

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