Bienaventurados los flexibles porque no se romperán cuando los doblen.

diÁlogo

Mini-relato

Estos relatos que te ayudarán a obtener una definición sobre este valor

Palabras de nuestras culturas


El diálogo puede desarrollarse entre dos o más personas, pero también entre grupos humanos. Alcanza su máxima dimensión cuando lo sostienen culturas o civilizaciones enteras. Eso ocurrió en nuestro territorio, originalmente habitado por pueblos indígenas, cuando llegaron los conquistadores españoles en el siglo XVI. Este episodio, conocido como “el encuentro de dos mundos” dio origen al México contemporáneo y a sus habitantes que nos llamamos “mestizos” por llevar en nosotros la herencia genética de indígenas y españoles.
    
Un factor clave del diálogo es la capacidad de comunicarse para darse a entender. Cuando los españoles llegaron a América encontraron que las diversas culturas locales hablaban un idioma diferente al de ellos, el español o castellano. Gran parte de la conquista cultural consistió en enseñar el español a los indígenas a través de conversaciones comunes, cursos y manuales.

De este modo el español se convirtió en la lengua oficial de México y el principal recurso de comunicación diaria entre sus habitantes. Sin embargo, hasta la fecha 6 de cada 100 habitantes (es decir, unos seis millones de personas) hablan alguna de las 62 lenguas indígenas que aún existen en nuestro país. La más importante es el náhuatl de los mexicas: hoy lo hablan todavía 1,376,026 personas.

Pero eso no es todo. Como resultado del diálogo entre la cultura española y las culturas americanas, en el español de México se mantienen vivas diversas palabras de las lenguas indígenas. Éstas se conocen como mexicanismos. Quizá has usado o escuchado muchos de ellos sin darte cuenta de su origen.
    
Aparte de aquellas que se refieren a plantas y frutos que los españoles no conocían y hallaron aquí (como jitomate, aguacate o chocolate) hay muchas otras. Estos son algunos ejemplos, ¡apréndelos y úsalos!: achichincle (o ayudante), chimiscolera (una mujer chismosa), cacahuate (tu botana favorita no necesita explicación), chipotle (el chile jalapeño seco preparado en dulce conserva), escuincle (un niño como tú), huacal (las cajas con tiras de madera donde los verduleros cargan su mercancía), huarache (una sandalia para los días de calor), itacate (la porción de alguna comida sabrosa que nos dan para llevar), jorongo (gabán), mecate (cordón grueso), papalote (cometa), tlapalería (ferretería) y tianguis (el alegre mercado al aire libre). También están los nombres de algunos animales como caimán, chapulín, colibrí, tecolote y zopilote…
 
Hay muchos otros, pero además el diálogo entre culturas no termina allí. Hotel proviene del francés; alfombra, del árabe; aerobics, del inglés; arpa, del alemán; géiser del islandés; y kiosco del turco… De ese modo en tus conversaciones dialogan tú y tus amigos, pero también las más diversas culturas de todos los tiempos.
 

¿Lo sabías?


El dominio de una lengua consiste en hablarla, leerla y escribirla, acciones esenciales para el diálogo. Quien no sabe leer ni escribir se conoce como “analfabeto” y no tiene acceso a los conocimientos o al progreso social. Por eso el combate al analfabetismo es uno de los principales objetivos para el desarrollo de un país. México ha conquistado grandes avances en ese aspecto. En 1895, en tiempos de “Don Porfirio”, 82.1% de la población no sabía leer ni escribir; el resto (17.9%) sí sabía hacerlo. En 1930, después de la Revolución que buscó, entre otras cosas, extender la educación para todos, la cifra de analfabetos se había reducido a 61.5%. Para 1950 era menor: 44.2%, y en 1980, 17%, ¡los porcentajes de 1895 se habían invertido! Hoy día más del 90% de los mexicanos sabemos leer y escribir y juntos debemos luchar por el 100%, una verdadera garantía de equidad.
 

Genio y figura


Fernando de Alva Ixtlixóchitl, el sabio mestizo
Descendiente del rey Nezahualcóyotl y de una familia española Fernando de Alva Ixtlixóchitl (1578-1648) aprendió la lengua castellana en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, la primera institución de Educación Superior de América. Dedicó su vida a reconstruir el pasado indígena con el fin de narrarlo a los españoles y preservarlo para generaciones futuras. Sus obras más importantes son la Relación histórica de la nación tolteca y la Historia chichimeca que incluyen fragmentos de antiguos textos prehispánicos. En 1612 fue nombrado gobernador de Texcoco. Hoy se le considera uno de los pioneros del diálogo entre culturas.

Frases

'No sobrevive la especie más fuerte, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio'.
—Charles Darwin