Tu voz y mi voz
Una de las más sorprendentes facultades de los seres humanos (y de nuestros parientes cercanos, los mamíferos) es la posibilidad de comunicarse y darse a entender. Para ello contamos con distintos recursos como nuestro idioma (lenguaje verbal), pero también con el lenguaje no verbal (gestos y expresiones corporales). Estos recursos nos permiten manifestar nuestras ideas, deseos e intenciones y conocer los de los demás. Sin embargo, no siempre hacemos el mejor uso de ellos. Las conversaciones pueden volverse superficiales y un poco tontas, como si fueran puro ruido. No escuchamos con atención a los demás y a veces tememos decir lo que sentimos. El valor del diálogo consiste en pensar con inteligencia y cuidado lo que vamos a decir, en abordar temas importantes para nuestra vida, escuchar atentamente a los otros y hacernos oír por los demás. Las metas más importantes del diálogo son la paz, la concordia, la comprensión y la solución de conflictos.
¿Ya lo pensaste?
Una conversación común es espontánea y no requiere mayores estrategias. Un diálogo formal que busca construir soluciones tiene mayores requisitos. El profesor Pedro de los Ángeles plantea estas reglas: 1) Fíjate en lo que quiere el otro. Distingue su intención y evalúa su interés. 2) Deja hablar al otro. Escúchalo con atención, no lo contradigas, reconoce sus verdades y hazle preguntas. 3) Pídele que te demuestre lo que está diciendo. 4) Hablen del tema preciso. No se distraigan tratando otros asuntos. 5) Comparte estas reglas con la otra persona para que las siga contigo. 6) Si llevan mucho tiempo dialogando y no llegan a un acuerdo, esperen un poco e intenten de nuevo. Recuerda: no se valen groserías, gritos o manotazos.
Todo o nada
Por allá por Culiacán en la época colonial había un camino cerca de una cañada por el que pasaban los comerciantes con su dinero. Unos pillos se enteraron de que pronto andaría por allí una recua de mulas cargadas con monedas de oro propiedad de la Iglesia para transportarlas a Durango.
Los delincuentes sorprendieron a los arrieros y se entabló una feroz lucha. Un fraile que iba en la caravana logró escapar con las mulas y puso el tesoro a salvo en una caverna oculta cuya entrada disfrazó. Los pillos dejaron medio muertos a los arrieros y buscaron al fraile. Éste se había alejado por un atajo y no lograron dar con él. Aunque registraron la zona tampoco encontraron el tesoro. Huyeron de allí planeando nuevos delitos pero no llegaron muy lejos pues los gendarmes, avisados por el fraile, los capturaron.
Palabras de nuestras culturas
El diálogo puede desarrollarse entre dos o más personas, pero también entre grupos humanos. Alcanza su máxima dimensión cuando lo sostienen culturas o civilizaciones enteras. Eso ocurrió en nuestro territorio, originalmente habitado por pueblos indígenas, cuando llegaron los conquistadores españoles en el siglo XVI. Este episodio, conocido como “el encuentro de dos mundos” dio origen al México contemporáneo y a sus habitantes que nos llamamos “mestizos” por llevar en nosotros la herencia genética de indígenas y españoles.
1. Usa el diálogo para solucionar dificultades de todos los tamaños. Cuando tengas un problema o necesites tomar una decisión primero piensa y después dialoga. Si tu problema es con otra persona invítala a conversar y encuentra una base común sobre la que pueden ponerse de acuerdo. Si tu dificultad es con respecto a una situación o conflicto individual solicita la opinión de un amigo de confianza e intercambia ideas con él. Prefiere siempre a los más inteligentes y mejor informados.
Continúa
FrasesSi bien se mira, todo se encuentra a tu alcance. No hay estrella a la que no puedas llamar tuya. Mueve tu pensamiento con libertad absoluta. Acostúmbralo a los altos vuelos progresivos. Intenta el récord de altura. Déjale ir y venir a través del universo.
—Amado Nervo
“…De todo este vendaval humano sólo quedaron letras que viven, papeles que gritan y este diálogo.”
—Rosario Castellanos