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equidad

 

Definición

Equidad. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece. Justicia natural. Igualdad. Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos. Justicia. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Respeto. Miramiento, consideración, deferencia. —Diccionario de la Real Academia Española

¿Qué sabes de estos valores?

Lo vives todos los días en cada una de tus actividades. Sabes, por ejemplo, que tienes el derecho de acudir a la escuela para aprender nuevas cosas. Sabes también que tienes obligación de ayudar a tus padres para facilitar tu propia vida y la de tu familia. También lo percibes en lo que ocurre a tu alrededor. Tus vecinos tienen derecho a los servicios públicos (suministro de agua, recolección de basura, alumbrado), pero también tienen la obligación de cubrir las cuotas que les corresponden, mantener limpia la calle y no afectar las propiedades de los demás. Este conjunto de obligaciones y derechos sirve de base a la vida en sociedad y organiza nuestras acciones. Pero también está aquello que cada quien consigue por sus méritos. La justicia consiste en dar a todos lo mismo, en general, y la equidad en darle a cada quien lo que merece. Tú las practicas de forma natural, sólo requieres orientarlas de la mejor manera.

La equidad y tú

¿Cómo lograrlo? El primer paso consiste en el reconocimiento de la igualdad: todos los seres humanos son iguales y en esa medida deben tener las mismas oportunidades para realizar sus metas. Cuando ese reconocimiento se pierde es necesario aplicar la justicia; no siempre se trata de acudir ante los tribunales, sino de un principio práctico que debe usarse a cada momento mediante una revisión constante de las condiciones en que vivimos nosotros y en que viven los demás y reorientarlas si es necesario para apoyar a quien está en desventaja, con un principio de equidad. Todos estos valores parten de un principio esencial: el respeto, la consideración que merecen los demás, y la que merecemos nosotros. Estas acciones comienzan en nuestra casa, se extienden a la calle y, en el mejor de los casos, deberían abarcar al mundo.

El antivalor y sus riesgos

El extremo contrario a la equidad es la iniquidad, concepto que también se concibe como “falta de justicia”. El peligro de promover la ventaja de algunos y la desventaja de otros es poner en riesgo la estabilidad del ámbito personal y de la sociedad en general.

Carla del Ponte: en busca de justicia

Ejemplo de la valiosa integración de la mujer a grandes responsabilidades frente a la sociedad, y promotora de la equidad y la justicia internacionales, en los últimos años ha destacado la figura de la abogada suiza Carla del Ponte (1947-). Estudió derecho en Berna, Ginebra y el Reino Unido. Como fiscal de tribunales internacionales ha luchado por combatir a la delincuencia organizada y castigar a los responsables de los crímenes cometidos durante las guerras de Ruanda y los Balcanes aun poniendo en riesgo su propia vida. En sus palabras, “la justicia para las víctimas y los sobrevivientes [de la guerra] requiere esfuerzos nacionales e internacionales”.

Mini-relatos

El caso del carpintero


Había en Japón un carpintero llamado Hanshichi. Era muy trabajador, pero una larga enfermedad le había impedido pagar su renta por un tiempo. La deuda con Jirobei, su casero, creció hasta sumar treinta monedas. Éste se presentó un día para exigirle el pago. Al no recibirlo, le pidió que abandonara el departamento y le quitó sus herramientas de carpintero como garantía del pago de la deuda.
Hanshichi se mudó a otra casa. El dueño de ésta, llamado Jubei, era una persona comprensiva, lo recibió y lo ayudó a recuperar su salud. Cuando supo que su inquilino no podía trabajar pues no tenía herramientas, le prestó diez monedas. Le dijo que se las llevara a Jirobei para que se las regresara, y que le prometiera pagarle el resto cuando tuviera trabajo.

El carpintero siguió sus instrucciones, pero Jirobei no hizo caso. Le dijo que no le devolvería las herramientas a menos que le pagara las treinta monedas de una sola vez. Desesperado, Hanshichi decidió recurrir a la corte del juez Ooka, célebre por sus decisiones justas.

El juez le indicó a Jubei que le prestara otras veinte monedas de plata a Hanshichi para recuperar sus cosas. Así se hizo. Después el juez citó a todos a la corte.
—¿Cuántos días dejaste de trabajar por carecer de tus herramientas? —preguntó a Hanshichi.
—Unos cien días, señoría —respondió él.
—¿Y cuánto ganas al día?
—Es muy variable, pero más o menos una moneda.
Entonces el juez pronunció su veredicto:
—Escucha. Jirobei, Tú eres un hombre rico y, a pesar de ello, eres muy cruel con los pobres. No comprendiste la situación de Hanshichi ni quisiste ponerte en tus zapatos. Él ya te pagó todas las rentas que te debía. Ahora eres tú quien debe de pagarle lo que dejó de ganar porque tú no le devolvías las herramientas. Si gana una moneda al día, y han pasado cien días, tienes que entregarle cien monedas.

Jirobei se sintió muy disgustado con esta decisión pero no le quedó más que obedecer la orden. Le entregó las monedas a Hanshcichi. Éste le pagó a Jubei el dinero que le había prestado y el caso se cerró. A partir de entonces todos entendieron lo importante que es comprender la situación de los demás y actuar sin buscar provecho.

—Relato tomado de Los Cuentos del Juez Ooka.

 

La conferencia de los pájaros


Miles de años atrás la hermosa isla de Sri Lanka estaba por completo deshabitada y cientos de animales vivían libres y contentos. A algunos pájaros les encantaba estar en la costa que da al golfo de Bengala para disfrutar la brisa fresca y admirar las puestas de sol.
En una ocasión una pareja de gaviotines que pronto tendrían polluelos estaban pensando dónde poner sus huevos.
—No quiero ponerlos cerca de la orilla, porque las olas del mar pueden venir y llevárselos —explicó la mamá. —Tal vez sea mejor ponerlos cerca de una laguna o un estanque.
—No pienses eso. Nuestros ancestros siempre los pusieron aquí. Si el mar viene y se los lleva le daré una lección —afirmó el papá.
Mamá puso los huevos en la orilla y momentos después los dos pajaritos se fueron volando en busca de comida.
Cuando regresaron se dieron cuenta de que las olas estaban muy crecidas. Buscaron sus huevos y notaron que el mar se los había llevado. Ambos rompieron en llanto. Pasado un rato, él dijo:
—Ya no llores. Sé muy bien lo que vamos a hacer. El mar se arrepentirá de su mala acción.
Al día siguiente convocó a una conferencia de todos los pájaros de por allí y les explicó lo ocurrido.
—Piensen que lo que me pasó a mí también les puede ocurrir a ustedes. Tenemos que hacer algo —los urgió.
En conjunto decidieron llamar al águila real, la más importante de todas las aves para pedir su consejo.
Ésta se disgustó mucho al escuchar lo acontecido.
—Aunque yo pongo mis huevos en las alturas, comprendo la preocupación de ustedes y les propongo hacer algo. Llamaré a todas las águilas para que bebamos el agua del mar hasta dejarlo seco y darle así su merecido —explicó y se alejó para ponerse en acción.
Oculto en un acantilado se hallaba Visnú, un viejo sabio, conocido por su equidad, que tenía poder sobre el agua y los animales. Escuchó con preocupación lo que éstos habían decidido. Así que salió de su escondite y aguardó a que volvieran las águilas. Ver volar la enorme bandada era un espectáculo excepcional.
—Un momento —les dijo— piensen bien lo que van a hacer. Comprendo que están tristes y enojados con el mar, pero si secan sus aguas acabarán con todos sus habitantes que nada malo han hecho. También impedirán que nazcan cientos de pececillos que están por hacerlo y tienen tanto derecho a vivir como ustedes. En pocas palabras: para cobrarse una injusticia ustedes piensan cometer otra.
Todos los pájaros, chicos y grandes, comprendieron la verdad que había en esas palabras:
—¿Entonces qué nos propones? —preguntaron.
—Les propongo hablar con el mar para que nunca más se lleve sus huevos.
Así lo hizo. Le explicó el riesgo que corrían él y sus criaturas si seguía tomando lo que no era suyo. Arrepentido de su acción, el mar devolvió a la playa todos los huevos que se había llevado. Reunidos sobre la arena brillaban como piezas de marfil. Unas semanas después los polluelos ya habían roto su cascarón y tomaban las primeras lecciones de vuelo.
Dicen que desde entonces, las olas de Sri Lanka son cuidadosas y cortas. Jamás arrastran consigo los huevos que se ocultan en la arena.

—Adaptación de una leyenda del Panchatantra.

El valor en la historia

Las mujeres acuden a las urnas El voto femenino en México.

Por muchos siglos, en todos los países del mundo, la toma de decisiones y la participación política estuvieron reservadas a los hombres; sólo ellos podían votar y ocupar puestos de elección popular. La situación no era justa para las mujeres, la mitad de la población adulta: aunque tenían que obedecer las leyes no podían intervenir en el gobierno. Muchas figuras ilustres lucharon para que el sexo femenino pudiera acudir a las urnas y tuviera plena igualdad de derechos y obligaciones en la sociedad. Gracias a su esfuerzo, a lo largo del siglo XX, varias naciones europeas modificaron sus leyes en ese sentido.

Era natural que la misma inquietud surgiera en México después de la Revolución. El país se modernizaba y resultaba urgente que las mujeres tomaran parte activa en la vida nacional para que ésta se beneficiara de su esfuerzo e inteligencia. Ya en 1916 las leyes de tres estados pioneros (Yucatán, Chiapas y Tabasco) habían estipulado la completa igualdad jurídica de la mujer con respecto al hombre: las mujeres podían votar y también aspirar a cargos de elección. En las décadas siguientes el papel de las mujeres comenzó a transformarse, miles de ellas se integraban más a la actividad productiva de México: había maestras, obreras, negociantes y científicas cuyo esfuerzo enriquecía la vida diaria.

En la década de 1930 cobró forma un importante movimiento feminista en busca del voto. El Frente Único Pro Derechos de la Mujer reunió a 50,000 personas y realizó congresos nacionales. La sociedad mexicana tomó conciencia de lo importante que era darles plenos derechos como ciudadanas y en 1946 se hicieron reformas a la Constitución para que pudieran votar en las elecciones municipales y ocupar cargos en los municipios.

El gran cambio ocurrió en 1953, durante la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines. El artículo 34 de la Constitución se modificó para incluir a las mujeres en su definición de ciudadanos. Finalmente podían votar y participar con los mismos derechos que los hombres. En un hecho histórico, el 3 de julio de 1955 ellas acudieron a las urnas para elegir diputados a la XLII Legislatura. Este paso marcó el inicio de una nueva etapa para la mujer en México.

La conquista de cargos de elección popular ocurrió poco a poco. En 1979 la maestra Griselda Álvarez (que ya había sido senadora) se presentó a las elecciones para el gobierno de Colima y triunfó. Fue la primera mujer en ocupar el cargo de gobernadora de un estado, entre 1979 y 1985. Con el paso del tiempo los casos se multiplicaron y hubo diputadas, senadoras, delegadas y presidentas municipales en todo el país. Varias de ellas se integraron al gabinete presidencial en puestos estratégicos y fueron excelentes embajadoras de México ante el mundo.
Aunque en menos de medio siglo la situación de la mujer tuvo un cambio radical en ese sentido, hoy día aún tenemos que trabajar para garantizar su plena integración a la política y todos los ámbitos de la vida nacional.

Actividades


¿De qué manera puedes promoverlos en tu ambiente? Observa lo que ocurre en tu casa, en tu escuela, en tu comunidad y detecta aquellas situaciones en las que se falte al respeto a alguien, en que las condiciones que se ponen a unos no sean iguales a las que se ponen a otros. Observa en especial tu propia situación: ¿sufres alguna injusticia?, ¿eres justo con las personas que te rodean? Aprende a reconocer también los méritos de los demás y ayúdalos a superar sus desventajas.
Ten la capacidad de renunciar a cualquier provecho obtenido por medios desiguales, como el abuso de los demás. Piensa con cuidado dónde se encuentran las principales áreas de oportunidad para promover la justicia y comenta tus inquietudes con tus familiares, tus maestros y compañeros de escuela. Recuerda: se trata de garantizar lo mismo para todos y, dado el caso, un poco más para quien lo merece por su esfuerzo.

•Observa cómo se reparten las tareas en tu hogar y contribuye a ellas. Mantén en orden tus cosas y no esperes que alguien más llegue a arreglarlas. Ayuda en quehaceres sencillos: tiende tu cama, pon la mesa de la comida, realiza pequeños mandados.
•Si practicas algún juego o deporte considéralo un aprendizaje del respeto a las reglas y a las personas que participan en los encuentros.
•Si sufres algún tipo de maltrato o abuso en casa o la escuela infórmalo de inmediato a alguna persona que te dé confianza.
•Detecta los casos de quienes sufren algún tipo de desventaja y ayúdalos a superarla.

Lo que aprendiste
La equidad y la justicia abren las mismas oportunidades para ti y las demás personas. Practicándolas contribuyes a que cada quien logre el máximo desarrollo de sus facultades y el mundo se convierta en un lugar mejor para vivir.

Amplía tu visión
•En la biblioteca de tu escuela busca la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos lee y comenta su Título I: “De las garantías individuales.”
•Los grupos especiales, como las personas discapacitadas o las de la tercera edad, gozan de derechos especiales para garantizar la equidad social. Investiga cuáles son.
•Tú, como menor de edad, tienes derechos exclusivos gracias a la Convención sobre los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas. Puedes buscarla y leerla.

Frases

“Todos los seres humanos poseen su propia dignidad y cada uno es un fin en sí mismo. De esa forma, ni las desigualdades naturales ni las jerarquías sociales deben subordinar a una persona a los fines de otra, ni impedirle realizar, a través de sus medios intelectuales y morales, el pleno desarrollo de sus facultades.”
—Immanuel Kant
 
“La patria es la equidad, el respeto a todas las opiniones y el consuelo a quienes están tristes.”
—José Martí
 
“Educar en la igualdad y el respeto es educar contra la violencia.”
—Benjamin Franklin
 
“Nada es preferible a la justicia.”
—Sócrates
 
“La ética y la equidad son los principios de la justicia que no cambian con el calendario.”
—D. H. Lawrence
 
“La democracia lleva el nombre más bello que existe: Igualdad.”
—Heródoto
 
“La desigualdad es el origen de todas las revoluciones.”
—Leonardo da Vinci
 
“Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.”
—Jean Jacques Rousseau
 
“Trata a los pequeños como tú quisieras ser tratado por los grandes.”
—Proverbio español
 
“La verdadera paz no es sólo la falta de tensiones. Es la presencia de justicia.”
—Martin Luther King, Jr.
 
“El único principio verdadero para la humanidad es la justicia. Y la justicia con los débiles es protección y amabilidad.”
—Henri-Frédéric Amiel
 
“La justicia es la rectitud de mente por la cual los hombres hacen lo que deben en las circunstancias que los confrontan.”
—Tomás de Aquino
 
“La igualdad tiene una forma de realizarse: la educación.”
—Victor Hugo
 
“Si lo que queremos es paz, trabajemos por la justicia.”
—Henry Louis Mencken
 
“Un buen juez decide siempre con justicia, prefiere la equidad al rigor de la ley.”
—Máxima jurídica

“Los grandes hombres comprenden la equidad. Los pequeños sólo se aprovechan de ella.”
—Confucio
 
“La equidad viene del corazón, la justicia de la razón.”
—A. Chavanne”
 
“Aprende a dar y a tomar con equidad.”
—Proverbio oriental