Esfuerzo

El valor en la historia

Fuente: www.valores.com.mx

El escultor sin manos: Aleijandinho, el mayor artista de Brasil

 

Quien se esfuerza y realiza su trabajo con vocación y empeño logra lo que se propone e incluso puede superar sus limitaciones para llegar tan lejos como quiere. Tal fue el caso del brasileño Antonio Francisco Lisboa (1730-1814), también conocido como Aleijandinho.


Muchos detalles de su vida se desconocen, pero sabemos que nació en la ciudad de Vila Rica (actual Ouro Preto). Su padre era un carpintero y arquitecto portugués, llamado Manuel Francisco da Costa Lisboa, y su madre, una esclava africana. Aprendió el oficio de su padre y gracias a él conoció las técnicas de construcción. Desde muy joven se sintió inclinado por la escultura y supo manejar los distintos materiales que se hallaban disponibles en una de las zonas mineras más ricas de Brasil. Realizó sus primeros trabajos en las iglesias que construía su padre y poco a poco dominó el cincel y las técnicas vigentes en aquella época.


Su primera responsabilidad individual como arquitecto fue una capilla dedicada a San Francisco de Asís en Oro Prieto. El edificio, que existe hasta la fecha, destaca por la solidez de su estructura y los hermosos relieves que el propio Aleijandinho realizó con gran detalle y detenimiento. Su destreza lo hizo famoso y él siguió dando increíbles formas a las piedras comunes.


Cada nuevo trabajo que llevaba a cabo alcanzaba un mayor grado de perfección y belleza. Sin embargo, el destino le tenía reservada una mala sorpresa.

A los cuarenta años de edad, más o menos, empezó a padecer una grave enfermedad que le causaba debilidad y lesiones en todo el cuerpo. Hoy se piensa que podía tratarse de lepra. El mal comenzó a afectar sus piernas y también sus manos, su principal herramienta de trabajo. Fue entonces cuando le pusieron el apodo de “Aleijandinho” o “el pequeño lisiado”.


Un rico hombre de negocios, llamado Feliciano Mendes, se presentó a verlo y le propuso el encargo más importante de su vida: la construcción de doce enormes figuras humanas para colocarlas en una plaza de la ciudad de Congonhas. Para entonces Aleijandinho ya había perdido todos los dedos de las manos a consecuencia de la enfermedad y le resultaba imposible caminar con los pies. Sin embargo, el desafío renovó sus fuerzas.


Juntó a los mejores obreros que habían trabajado con él y les pidió ayuda. Ellos podían mover las piedras y cortarlas; sin embargo sólo el escultor podía dar forma a las figuras, dotarlas de rostro y cuerpo. Solicitó a sus ayudantes que le amarraran un cincel en un brazo y un martillo en el otro. Para desplazarse por el área de las esculturas, se ató unos cojines a las rodillas y logró caminar con ellas.
Poco a poco avanzó en la obra que se convirtió en el máximo logro de su vida. Aún hoy parece increíble que las doce imponentes figuras hayan sido elaboradas por un hombre sin manos ni pies. Por eso mismo son un ejemplo vivo de los frutos que rinde la firmeza de un propósito y la disciplina para llevarlo a cabo. En la actualidad sus obras forman parte del Patrimonio de la Humanidad y Aleijandinho es considerado el artista brasileño más importante de todos los tiempos.

 

 

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