Esfuerzo. Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. Perseverancia. Capacidad de mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión. Disciplina. Acatamiento a una serie de valores sociales y personales beneficiosos. Laboriosidad. Aplicación al trabajo.
A veces lo más difícil es comenzar, pero cuando pasa el tiempo y alcanzas a ver los frutos del esfuerzo (tu éxito en la escuela, en la práctica de un deporte o el bienestar de tu familia) verás que cada acción trae una recompensa: tu desarrollo como persona.
En aquel pueblo de África a nadie le gustaba trabajar. Daban las doce del día y la mayor parte de las personas estaban acostadas. Todo estaba sucio y desordenado en sus casas que, por fuera, parecían abandonadas. Aunque contaban con lo necesario para poner pequeñas granjas, eso era lo que menos querían. Preferían comer cualquier cosa que encontraran tirada en el suelo. Las callejuelas estaban en total descuido. Habían crecido hierbas y arbustos en las banquetas. La basura se acumulaba en las esquinas y abundaban las serpientes, las ratas y los escorpiones.
Entre todos ellos sólo había un hombre trabajador que había reunido una considerable fortuna. Le desesperaba la situación y se cansaba de pedir a los demás que hicieran algo para vivir mejor.
—¿Para qué? Si así estamos bien —respondían a coro y luego gritaban: —Tenemos sueño. Tenemos sueño. Tenemos sueño.
De repente iban cayendo al piso y quedaban profundamente dormidos.
El hombre trabajador pensó en un plan para hacerlos reaccionar. Al pueblo sólo se llegaba por un camino. Pensó en obstruirlo y ver qué pasaba.
Con la ayuda de dos amigos colocó una enorme piedra en medio del camino. “Como ahora les resultará difícil pasar por aquí, con seguridad se empeñarán en moverla y así harán algo de ejercicio” pensó.
Pero no fue así. Cuando los flojos habitantes del pueblo vieron la piedra preferían tratar de brincarla o de plano mejor no salir del pueblo.
—¿Para qué queremos salir, si se duerme bien en todas partes? —decían.
Pasó tanto tiempo que hasta crecieron plantas sobre la piedra que cada vez se acomodaba mejor en el terreno. Una tarde Totsi, un viajero que deseaba visitar a un familiar que tenía en aquel pueblo, recorrió el mismo camino. Al ver la piedra pensó que era un peligroso obstáculo y que sin duda alguien podría tropezarse con ella.
“¿Qué haré? Parece muy pesada. Bueno, voy a intentar moverla” se dijo. Dejó su morral en el piso y comenzó a empujar. La piedra se mantenía firme en su lugar. Lo intentó una y otra vez durante todo el día, sin éxito. Por la noche comenzó a llover y se refugió en una cueva cercana.
Al día siguiente, con la salida del sol, reanudó su tarea. El agua de la lluvia había aflojado la tierra así que poco a poco logró mover la piedra y apartarla a un lado del camino.
Para su sorpresa encontró que abajo de ella, enterrado en un agujero, había un cofrecillo lleno de zafiros. Lo sacó y lo miró con mucha atención preguntándose quién lo había puesto allí.
—Fui yo —dijo el hombre trabajador que andaba casualmente por allí.
—¿Y para qué? —preguntó Totsi.
—Para enseñar a los habitantes de este pueblo que quien se empeña consigue una recompensa. Veo que no aprovecharon la lección, pero al menos tú me has demostrado que en este sitio sigue habiendo personas diligentes. Ve y disfruta tu bien merecida recompensa.
—Adaptación de un cuento ghanés.
Quien se esfuerza y realiza su trabajo con vocación y empeño logra lo que se propone e incluso puede superar sus limitaciones para llegar tan lejos como quiere. Tal fue el caso del brasileño Antonio Francisco Lisboa (1730-1814), también conocido como Aleijandinho.
Muchos detalles de su vida se desconocen, pero sabemos que nació en la ciudad de Vila Rica (actual Ouro Preto). Su padre era un carpintero y arquitecto portugués, llamado Manuel Francisco da Costa Lisboa, y su madre, una esclava africana. Aprendió el oficio de su padre y gracias a él conoció las técnicas de construcción. Desde muy joven se sintió inclinado por la escultura y supo manejar los distintos materiales que se hallaban disponibles en una de las zonas mineras más ricas de Brasil. Realizó sus primeros trabajos en las iglesias que construía su padre y poco a poco dominó el cincel y las técnicas vigentes en aquella época.
Su primera responsabilidad individual como arquitecto fue una capilla dedicada a San Francisco de Asís en Oro Prieto. El edificio, que existe hasta la fecha, destaca por la solidez de su estructura y los hermosos relieves que el propio Aleijandinho realizó con gran detalle y detenimiento. Su destreza lo hizo famoso y él siguió dando increíbles formas a las piedras comunes.
Cada nuevo trabajo que llevaba a cabo alcanzaba un mayor grado de perfección y belleza. Sin embargo, el destino le tenía reservada una mala sorpresa.
A los cuarenta años de edad, más o menos, empezó a padecer una grave enfermedad que le causaba debilidad y lesiones en todo el cuerpo. Hoy se piensa que podía tratarse de lepra. El mal comenzó a afectar sus piernas y también sus manos, su principal herramienta de trabajo. Fue entonces cuando le pusieron el apodo de “Aleijandinho” o “el pequeño lisiado”.
Un rico hombre de negocios, llamado Feliciano Mendes, se presentó a verlo y le propuso el encargo más importante de su vida: la construcción de doce enormes figuras humanas para colocarlas en una plaza de la ciudad de Congonhas. Para entonces Aleijandinho ya había perdido todos los dedos de las manos a consecuencia de la enfermedad y le resultaba imposible caminar con los pies. Sin embargo, el desafío renovó sus fuerzas.
Juntó a los mejores obreros que habían trabajado con él y les pidió ayuda. Ellos podían mover las piedras y cortarlas; sin embargo sólo el escultor podía dar forma a las figuras, dotarlas de rostro y cuerpo. Solicitó a sus ayudantes que le amarraran un cincel en un brazo y un martillo en el otro. Para desplazarse por el área de las esculturas, se ató unos cojines a las rodillas y logró caminar con ellas.
Poco a poco avanzó en la obra que se convirtió en el máximo logro de su vida. Aún hoy parece increíble que las doce imponentes figuras hayan sido elaboradas por un hombre sin manos ni pies. Por eso mismo son un ejemplo vivo de los frutos que rinde la firmeza de un propósito y la disciplina para llevarlo a cabo. En la actualidad sus obras forman parte del Patrimonio de la Humanidad y Aleijandinho es considerado el artista brasileño más importante de todos los tiempos.
¿De qué modo aumentar tu capacidad de esforzarte y comprometerte en una actividad? Con atención y dedicación construye paso a paso y piedra a piedra los distintos aspectos de tu vida. Con claridad para tus propósitos distingue bien cuál es el objetivo más valioso que te gustaría conquistar, dale el tiempo necesario y emplea todos tus recursos personales: tu resistencia física, tu inteligencia, tu imaginación.
Aprende de otros casos y actúa en el tuyo. Revisa constantemente si estás siguiendo el camino correcto. Aprovecha las experiencias que te cuenten las personas cercanas a ti. Habla con tus familiares y pregúntales qué logros les dan más orgullo y cómo los consiguieron. Pero sobre todo, aprende a combatir el desánimo y la pereza que a veces experimentas. Tu futuro está en juego.
• Realiza cada tarea con profundidad y concentración. Si se trata de lavar un plato, procura que no quede una sola mancha. Si estás pasando algún apunte a tu libreta evita cometer errores. Si practicas un deporte perfecciona tus estrategias y movimientos.
• Aprende las ventajas del “trabajo hormiga”. Si tu habitación, tu mochila o tus cajones están en completo desorden dedica, por ejemplo, quince minutos al día para arreglarlos. Al cabo de un mes cada cosa se hallará en el lugar que le corresponden.
• De acuerdo con tus intereses personales emprende una actividad a tu gusto, aprovéchala como oportunidad de fortalecer tu perseverancia y conocer lo estimulante que es obtener logros. Puede tratarse del aprendizaje de un idioma o alguna manualidad.
Lo que aprendiste
El esfuerzo es importante porque en él radica la posibilidad de alcanzar las metas que deseas, llevar al máximo tus posibilidades como persona y transformar la realidad que te rodea. Recuerda siempre al hombre que, a pesar de no tener manos, hizo algunas de las esculturas más hermosas que se conservan.
Amplía tu visión
El proceso de Independencia de México fue uno de los más largos de América Latina (1810-1821). Investiga cómo fue posible que sus líderes perseveraran en ese esfuerzo por más de una década.Busca información sobre los destacados deportistas mexicanos que, a pesar de sufrir una discapacidad física han alcanzado grandes logros en competencias internacionales. Uno de ellos es Saúl Mendoza: aunque no puede usar sus piernas por haber sufrido poliomielitis sobresale como campeón de los juegos paralímpicos.
• En una libreta elabora un pequeño álbum de esfuerzos. Pregunta a tus amigos cuál ha sido el mayor esfuerzo que han realizado y de cuáles logros personales se sienten más orgullosos.
“Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho.”
—Juan Pablo II
“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.”
—Mahatma Gandhi
“Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.”
—Aristóteles
“Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.”
—Theodore Roosevelt
“La mitad de la vida es suerte, la otra disciplina.”
—Carl Zuckmayer
“La victoria pertenece al más perseverante.”
—Napoleón I
“La disciplina es la mejor amiga del hombre: lo lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón.”
—Teresa de Calcuta
“Son signos de la superioridad del hombre la resistencia al trabajo, a la enfermedad, a las penas y su capacidad para el esfuerzo.”
—Alexis Carrel
“Las grandes obras no son hechas con la fuerza, sino con la perseverancia.”
—Samuel Johnson
“La disciplina es, por una parte, el mejor camino para la libertad.”
—Hermann Keyserling
“No hay perfección sin esfuerzo.”
—José Ingenieros
“No hay nada tan difícil que, buscándolo, no pueda encontrarse.”
—Terencio
“La disciplina es la parte más importante del éxito.”
—Truman Capote
“La disciplina es el puente entre las metas y su conquista.”
—Jim Rohn
“Honradez, laboriosidad, prudencia y economía. He aquí las cuatro claves del éxito.”
—James A. Garfield
“Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo.”
—Ludwig van Beethoven
“Realiza lo grande partiendo de donde aún es pequeño.”
—Lao-tse
“Los grandes hombres comprenden la equidad. Los pequeños sólo se aprovechan de ella.”
—Confucio
“Todo el que deja hacer lo que es capaz de hacer, peca.”
—José Martí
“Las obras importantes no resultan tanto de un gran esfuerzo como de una acumulación de pequeños esfuerzos.”
—Gustave Le Bon
“La gloria es un esfuerzo constante.”
—Jules Renard
“Ladrillo sobre ladrillo se construye una casa.”
—Anónimo
“La gota abre la piedra, no por su fuerza sino por su constancia.”
—Ovidio
“Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito.”
—Tito Livio
“El hambre pasa por delante de la casa del hombre laborioso, pero no se atreve a entrar en ella.”
—Benjamin Franklin
“La victoria ama el esfuerzo.”
—Catulo
“Quien vive sin disciplina muere sin honor.”
—Proverbio islandés
“Vigilando, laborando y meditando todas las cosas prosperan.”
—Salustio
“El secreto del éxito es la constancia de los propósitos.”
—Benjamin Disraelï
“La disciplina es la madre del éxito.”
—Esquilo
“La laboriosidad forma las nueve décimas partes del ingenio.”
—J. W. Goethe
“No hay mejor lotería que el trabajo y la economía.”
—Refrán manchego
“El secreto de mi felicidad no está en esforzarme por el placer, sino en encontrar placer en el esfuerzo.”
—André Gide