Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades.

esfuerzo

Definición


Esfuerzo. Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. Perseverancia. Capacidad de mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión. Disciplina. Acatamiento a una serie de valores sociales y personales beneficiosos. Laboriosidad. Aplicación al trabajo.

¿Qué sabes de estos valores?


Tal vez no te has dado cuenta, pero tus actividades de cada día son un catálogo de distintos esfuerzos. El primero es despertar a la hora necesaria y prepararte para acudir a la escuela. Una vez en ella prestas atención a las palabras de tu maestro y llevas a cabo lo que te indica. Regresar caminando a casa, o pasar un rato dentro de un transporte incómodo también exigen tu disposición y empeño. Una vez en la casa los desafíos continúan: completar la tarea que te dejaron, ayudar a tus padres o hermanos, ordenar tus cosas. En cada una de esas acciones estás demostrando tu deseo de ser mejor cada día. 

El esfuerzo y tú

 
¿Cómo avanzar con pasos más firmes en ese proyecto de superación? Hay varias estrategias clave. Una de ellas es la perseverancia, que consiste en sostener tu esfuerzo todo el tiempo, sin importar que a veces las cosas no salgan como esperas ni el cansancio que experimentes. También te ayuda la disciplina, o capacidad de conservar claras tus metas y organizar mejor tus esfuerzos para que te lleven hasta el fin que buscas, como un triunfo deportivo o una buena nota en tu trabajo. El conjunto se completa con la laboriosidad, tu dedicación a las tareas que te corresponden con cariño, tiempo y entrega.

A veces lo más difícil es comenzar, pero cuando pasa el tiempo y alcanzas a ver los frutos del esfuerzo (tu éxito en la escuela, en la práctica de un deporte o el bienestar de tu familia) verás que cada acción trae una recompensa: tu desarrollo como persona.
 

El antivalor y sus riesgos

 
Una persona incapaz de esforzarse jamás logra realizar sus sueños y vive sujeta a aquello que la vida le da. Corre el riesgo de llevar una existencia de carencias y limitaciones en todos los aspectos.

Majestuosos atlantes toltecas


Las construcciones realizadas por las culturas prehispánicas en varios puntos de México son una clara prueba de su elevado nivel de desarrollo, pero también de su capacidad de trabajo y perseverancia. Uno de los casos más notables es el de los Atlantes de Tula, un conjunto de estatuas de casi cinco metros de alto hechas sólo de cuatro pesados bloques de piedra basáltica cada una, dispuestas en lo alto de la ciudad de Tula. Aparte de su valor artístico son un monumento al esfuerzo. Las culturas prehispánicas no conocían la rueda ni disponían de las técnicas de construcción que se conocían en Europa. Estas enormes piedras y las de otras construcciones se desplazaban sólo gracias a los brazos de los indígenas.

Mini-relatos

El buey trabajador

 
En un hermoso establo de la estepas vivían juntos un buey y un burro. Mientras el burro flojeaba casi todo el día y se limitaba a transportar muy de vez en cuando a su amo, el buey vivía jornadas agotadoras de esfuerzo: labraba la tierra, llevaba en su lomo pesadas cargas y hasta tenía que ayudar a sacar el agua de una noria. Una tarde llegó muy cansado al establo, comió una abundante ración de paja, bebió agua suficiente y empezó a quedarse dormido cuando de repente se sobresaltó.
—¿Qué te pasa? —le preguntó el burro.
—Acabo de recordar que mañana tengo que levantarme muy temprano, pues debo ayudar a labrar el gran terreno que hay pasando la laguna, y ya no aguanto la fatiga —respondió el buey.
—No te preocupes, yo voy a enseñarte cómo puedes quedar libre de ese trabajo — dijo el burro.
—¿Cómo?
—Es muy fácil. Mañana, cuando el patrón venga por ti comienza a caminar sólo sobre tres patas. El amo creerá que tienes lastimada la cuarta y te dejará descansar todo el día —explicó el habilidoso jumento.
Aquella noche el buey no logró conciliar el sueño pensando qué hacer al día siguiente. Así vio ocultarse la luna y salir el sol. Si ya de por sí estaba cansado, ahora tenía todavía menos energías.
El gallo cantó y el patrón de los animales se acercó al establo para despertar al buey. Siguiendo los malos consejos del burro, cuando éste se incorporó hizo como que cojeaba. El dueño del establo lo vio con detenimiento y le dijo:
—Mmm… creo que has estado trabajando de más estas semanas y haré venir al veterinario para que te revise esa pata. Pero el terreno que hay pasando la laguna no puede quedarse sin labrar… ¡Ya tengo la solución! En esta ocasión serás tú quien me ayude —dijo mirando al burro.
Espantado por la perspectiva de trabajar todo un día el burro pegó un rebuzno que se oyó muy lejos y cuando recuperó la compostura se dirigió al amo:
—Patrón, patrón, el buey no está enfermo de la pata, yo le aconsejé que mintiera para no ir a trabajar —le explicó.
—¿De manera que le estuviste dando malos consejos para que sea igual de flojo que tú? —comentó el amo y se quedó pensando un largo rato.
Ambos animales esperaban temerosos la decisión de su dueño hasta que éste finalmente habló.
—Bueno, los dos podrían merecer una buena paliza por mentirme. Pero he tomado otra decisión. Tú, buey, te has esforzado más de lo que puedes y mereces un descanso. Y tú, burro, necesitas hacer algo por cambiar de vida. Así que mientras el buey toma unas vacaciones me ayudarás a labrar la tierra —comentó.
—¿Y cuando terminen las vacaciones? —cuestionaron los animales a coro.
—Entonces todos los días iremos los tres a labrar para conocer juntos la alegría del esfuerzo (y también la del descanso).
—Cuento de Belarús


La roca misteriosa  

En aquel pueblo de África a nadie le gustaba trabajar. Daban las doce del día y la mayor parte de las personas estaban acostadas. Todo estaba sucio y desordenado en sus casas que, por fuera, parecían abandonadas. Aunque contaban con lo necesario para poner pequeñas granjas, eso era lo que menos querían. Preferían comer cualquier cosa que encontraran tirada en el suelo. Las callejuelas estaban en total descuido. Habían crecido hierbas y arbustos en las banquetas. La basura se acumulaba en las esquinas y abundaban las serpientes, las ratas y los escorpiones.
Entre todos ellos sólo había un hombre trabajador que había reunido una considerable fortuna. Le desesperaba la situación y se cansaba de pedir a los demás que hicieran algo para vivir mejor.
            —¿Para qué? Si así estamos bien —respondían a coro y luego gritaban: —Tenemos sueño. Tenemos sueño. Tenemos sueño.
            De repente iban cayendo al piso y quedaban profundamente dormidos.
El hombre trabajador pensó en un plan para hacerlos reaccionar. Al pueblo sólo se llegaba por un camino. Pensó en obstruirlo y ver qué pasaba.
Con la ayuda de dos amigos colocó una enorme piedra en medio del camino. “Como ahora les resultará difícil pasar por aquí, con seguridad se empeñarán en moverla y así harán algo de ejercicio” pensó.
Pero no fue así. Cuando los flojos habitantes del pueblo vieron la piedra preferían tratar de brincarla o de plano mejor no salir del pueblo.
            —¿Para qué queremos salir, si se duerme bien en todas partes? —decían.
Pasó tanto tiempo que hasta crecieron plantas sobre la piedra que cada vez se acomodaba mejor en el terreno. Una tarde Totsi, un viajero que deseaba visitar a un familiar que tenía en aquel pueblo, recorrió el mismo camino. Al ver la piedra pensó que era un peligroso obstáculo y que sin duda alguien podría tropezarse con ella.
“¿Qué haré? Parece muy pesada. Bueno, voy a intentar moverla” se dijo. Dejó su morral en el piso y comenzó a empujar. La piedra se mantenía firme en su lugar. Lo intentó una y otra vez durante todo el día, sin éxito. Por la noche comenzó a llover y se refugió en una cueva cercana.
Al día siguiente, con la salida del sol, reanudó su tarea. El agua de la lluvia había aflojado la tierra así que poco a poco logró mover la piedra y apartarla a un lado del camino.
Para su sorpresa encontró que abajo de ella, enterrado en un agujero, había un cofrecillo lleno de zafiros. Lo sacó y lo miró con mucha atención preguntándose quién lo había puesto allí.
—Fui yo —dijo el hombre trabajador que andaba casualmente por allí.
—¿Y para qué? —preguntó Totsi.
—Para enseñar a los habitantes de este pueblo que quien se empeña consigue una recompensa. Veo que no aprovecharon la lección, pero al menos tú me has demostrado que en este sitio sigue habiendo personas diligentes. Ve y disfruta tu bien merecida recompensa.
 
—Adaptación de un cuento ghanés.

El valor en la historia

El escultor sin manos: Aleijandinho, el mayor artista de Brasil


Quien se esfuerza y realiza su trabajo con vocación y empeño logra lo que se propone e incluso puede superar sus limitaciones para llegar tan lejos como quiere. Tal fue el caso del brasileño Antonio Francisco Lisboa (1730-1814), también conocido como Aleijandinho.

Muchos detalles de su vida se desconocen, pero sabemos que nació en la ciudad de Vila Rica (actual Ouro Preto). Su padre era un carpintero y arquitecto portugués, llamado Manuel Francisco da Costa Lisboa, y su madre, una esclava africana. Aprendió el oficio de su padre y gracias a él conoció las técnicas de construcción. Desde muy joven se sintió inclinado por la escultura y supo manejar los distintos materiales que se hallaban disponibles en una de las zonas mineras más ricas de Brasil. Realizó sus primeros trabajos en las iglesias que construía su padre y poco a poco dominó el cincel y las técnicas vigentes en aquella época.

Su primera responsabilidad individual como arquitecto fue una capilla dedicada a San Francisco de Asís en Oro Prieto. El edificio, que existe hasta la fecha, destaca por la solidez de su estructura y los hermosos relieves que el propio Aleijandinho realizó con gran detalle y detenimiento. Su destreza lo hizo famoso y él siguió dando increíbles formas a las piedras comunes.

Cada nuevo trabajo que llevaba a cabo alcanzaba un mayor grado de perfección y belleza. Sin embargo, el destino le tenía reservada una mala sorpresa.
A los cuarenta años de edad, más o menos, empezó a padecer una grave enfermedad que le causaba debilidad y lesiones en todo el cuerpo. Hoy se piensa que podía tratarse de lepra. El mal comenzó a afectar sus piernas y también sus manos, su principal herramienta de trabajo. Fue entonces cuando le pusieron el apodo de “Aleijandinho” o “el pequeño lisiado”.

Un rico hombre de negocios, llamado Feliciano Mendes, se presentó a verlo y le propuso el encargo más importante de su vida: la construcción de doce enormes figuras humanas para colocarlas en una plaza de la ciudad de Congonhas. Para entonces Aleijandinho ya había perdido todos los dedos de las manos a consecuencia de la enfermedad y le resultaba imposible caminar con los pies. Sin embargo, el desafío renovó sus fuerzas.

Juntó a los mejores obreros que habían trabajado con él y les pidió ayuda. Ellos podían mover las piedras y cortarlas; sin embargo sólo el escultor podía dar forma a las figuras, dotarlas de rostro y cuerpo. Solicitó a sus ayudantes que le amarraran un cincel en un brazo y un martillo en el otro. Para desplazarse por el área de las esculturas, se ató unos cojines a las rodillas y logró caminar con ellas.
Poco a poco avanzó en la obra que se convirtió en el máximo logro de su vida. Aún hoy parece increíble que las doce imponentes figuras hayan sido elaboradas por un hombre sin manos ni pies. Por eso mismo son un ejemplo vivo de los frutos que rinde la firmeza de un propósito y la disciplina para llevarlo a cabo. En la actualidad sus obras forman parte del Patrimonio de la Humanidad y Aleijandinho es considerado el artista brasileño más importante de todos los tiempos.

Actividades

¿De qué modo aumentar tu capacidad de esforzarte y comprometerte en una actividad? Con atención y dedicación construye paso a paso y piedra a piedra los distintos aspectos de tu vida. Con claridad para tus propósitos distingue bien cuál es el objetivo más valioso que te gustaría conquistar, dale el tiempo necesario y emplea todos tus recursos personales: tu resistencia física, tu inteligencia, tu imaginación.
Aprende de otros casos y actúa en el tuyo. Revisa constantemente si estás siguiendo el camino correcto. Aprovecha las experiencias que te cuenten las personas cercanas a ti. Habla con tus familiares y pregúntales qué logros les dan más orgullo y cómo los consiguieron. Pero sobre todo, aprende a combatir el desánimo y la pereza que a veces experimentas. Tu futuro está en juego.
• Realiza cada tarea con profundidad y concentración. Si se trata de lavar un plato, procura que no quede una sola mancha. Si estás pasando algún apunte a tu libreta evita cometer errores. Si practicas un deporte perfecciona tus estrategias y movimientos.
 
• Aprende las ventajas del “trabajo hormiga”. Si tu habitación, tu mochila o tus cajones están en completo desorden dedica, por ejemplo, quince minutos al día para arreglarlos. Al cabo de un mes cada cosa se hallará en el lugar que le corresponden.
• De acuerdo con tus intereses personales emprende una actividad a tu gusto, aprovéchala como oportunidad de fortalecer tu perseverancia y conocer lo estimulante que es obtener logros. Puede tratarse del aprendizaje de un idioma o alguna manualidad.
 
Lo que aprendiste
El esfuerzo es importante porque en él radica la posibilidad de alcanzar las metas que deseas, llevar al máximo tus posibilidades como persona y transformar la realidad que te rodea. Recuerda siempre al hombre que, a pesar de no tener manos, hizo algunas de las esculturas más hermosas que se conservan.
 
Amplía tu visión
El proceso de  Independencia de México fue uno de los más largos de América Latina (1810-1821). Investiga cómo fue posible que sus líderes perseveraran en ese esfuerzo por más de una década.Busca información sobre los destacados deportistas mexicanos que, a pesar de sufrir una discapacidad física han alcanzado grandes logros en competencias internacionales. Uno de ellos es Saúl Mendoza: aunque no puede usar sus piernas por haber sufrido poliomielitis sobresale como campeón de los juegos paralímpicos.
• En una libreta elabora un pequeño álbum de esfuerzos. Pregunta a tus amigos cuál ha sido el mayor esfuerzo que han realizado y de cuáles logros personales se sienten más orgullosos.

Frases

“Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho.”
—Juan Pablo II

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.”
—Mahatma Gandhi

“Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.”
—Aristóteles

“Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.”
—Theodore Roosevelt

“La mitad de la vida es suerte, la otra disciplina.”
—Carl Zuckmayer

“La victoria pertenece al más perseverante.”
—Napoleón I

“La disciplina es la mejor amiga del hombre: lo lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón.”
—Teresa de Calcuta

“Son signos de la superioridad del hombre la resistencia al trabajo, a la enfermedad, a las penas y su capacidad para el esfuerzo.”
—Alexis Carrel

“Las grandes obras no son hechas con la fuerza, sino con la perseverancia.”
—Samuel Johnson

“La disciplina es, por una parte, el mejor camino para la libertad.”
—Hermann Keyserling

“No hay perfección sin esfuerzo.”
—José Ingenieros

“No hay nada tan difícil que, buscándolo, no pueda encontrarse.”
—Terencio

“La disciplina es la parte más importante del éxito.”
—Truman Capote

“La disciplina es el puente entre las metas y su conquista.”
—Jim Rohn

“Honradez, laboriosidad, prudencia y economía. He aquí las cuatro claves del éxito.”
—James A. Garfield

“Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo.”
—Ludwig van Beethoven

“Realiza lo grande partiendo de donde aún es pequeño.”
—Lao-tse

“Los grandes hombres comprenden la equidad. Los pequeños sólo se aprovechan de ella.”
—Confucio

“Todo el que deja hacer lo que es capaz de hacer, peca.”
—José Martí

“Las obras importantes no resultan tanto de un gran esfuerzo como de una acumulación de pequeños esfuerzos.”
—Gustave Le Bon

“La gloria es un esfuerzo constante.”
—Jules Renard

“Ladrillo sobre ladrillo se construye una casa.”
—Anónimo

“La gota abre la piedra, no por su fuerza sino por su constancia.”
—Ovidio

“Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito.”
—Tito Livio

“El hambre pasa por delante de la casa del hombre laborioso, pero no se atreve a entrar en ella.”
—Benjamin Franklin

“La victoria ama el esfuerzo.”
—Catulo

“Quien vive sin disciplina muere sin honor.”
—Proverbio islandés

“Vigilando, laborando y meditando todas las cosas prosperan.”
—Salustio

“El secreto del éxito es la constancia de los propósitos.”
—Benjamin Disraelï

“La disciplina es la madre del éxito.”
—Esquilo

“La laboriosidad forma las nueve décimas partes del ingenio.”
—J. W. Goethe

“No hay mejor lotería que el trabajo y la economía.”
—Refrán manchego

“El secreto de mi felicidad no está en esforzarme por el placer, sino en encontrar placer en el esfuerzo.”
—André Gide