“Mantén tu rostro hacia la luz del sol y no verás la sombra.” —Hellen Keller

esperanza

Definición


Esperanza. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. Alegría. Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores. Optimismo. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. Entusiasmo. Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive. Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño.
—Diccionario de la Real Academia Española
 
¿Qué sabes de estos valores?
 
Algunos lo expresan con palabras: “todo va a salir bien”, “no te preocupes, todo se arreglará”. Otros no lo dicen de forma tan abierta pero tienen ese convencimiento en su vida diaria. En un mundo donde nada es seguro (cualquier hecho puede ocurrir en cualquier instante) todos creemos, en mayor o menor grado, que las cosas se darán de una forma positiva para nosotros. El corredor confía en llegar a la meta, el caminante perdido siente que hallará su casa y tú mismo esperas cosas buenas para tu vida: alcanzar la profesión que te gusta, vivir cerca de quienes quieres, resolver los problemas que, en particular, tienes tú o tu familia. Esa espera te inspira para comenzar cada día.
 
La esperanza y tú
 
La esperanza y el optimismo te enseñan a ver el lado positivo de las cosas y las situaciones que te rodean. Son una disposición del carácter para hallar soluciones y dar la bienvenida a un porvenir dichoso. Cuando los vives a fondo te sientes alegre incluso en situaciones muy difíciles, pues sabes que llegarán a término.
Hasta este momento todo ocurre dentro de ti, pero esos sentimientos no actúan solos: te sirven sólo como una plataforma para esforzarte con entusiasmo, trabajar con entrega y alegría en la búsqueda de tus sueños y comenzar de nuevo cuando todo parece perdido.
 
El antivalor y sus riesgos
 
El pesimismo o la desesperanza hacen que veas sólo el lado más desfavorable de las cosas, y aunque no por eso se vuelvan peores, no tendrás inspiración ni entrega en las tareas que llevas a cabo, ¿para qué compras un billete de la lotería si estás seguro de que vas a perder?
 
Los niños del temblor
 
El 19 de septiembre de 1985 un fuerte terremoto sacudió la Ciudad de México y derrumbó, entre cientos de edificios, el hospital Juárez, donde había una maternidad con varios recién nacidos. Toda la gente había perdido el ánimo en aquellos días de sufrimiento. Sin embargo, los bomberos y los socorristas, conocidos como los “Topos” estaban convencido de que algunos pequeños se hallaban vivos bajo los escombros. Usando los escasos instrumentos que tenían buscaron día y noche en las ruinas. Finalmente lograron rescatar a trece bebés. Hoy aquellos pequeños tienen casi 22 años de edad, estudian, trabajan y se abren camino. Son prueba de que el poder de la esperanza rebasa cualquier tragedia.

Mini-relatos

Una turquesa mágica


Meme Haylal era anciano y pobre. En una ocasión, cuando labraba su terreno halló una turquesa redonda, de color azul brillante. Era tan grande que para un hombre de su edad resultaba difícil cargarla. Sin embargo, la metió en la canasta de los víveres y, apoyado en su bastón, inició el camino a casa. Antes de llegar se topó con un conocido suyo montado a caballo.
            —¿Adónde va Don Meme? —preguntó el jinete.
            —A mi casa. Soy un hombre afortunado, hoy encontré esta turquesa —respondió el viejo y le mostró la piedra. —Te la cambio por tu caballo.
            —¿Ha perdido el juicio? —inquirió el jinete— esa piedra es mucho más valiosa que este jamelgo.
            —Ándale —insistió Meme— hallaré algo mejor.
El jinete aceptó el intercambio, entregó el caballo y Meme siguió caminando de buen humor. Entonces encontró a un hombre con un buey y le propuso intercambiar los animales.
—¿Se siente bien Don Meme? —cuestionó el dueño del buey— su caballo vale mucho más que esta vieja bestia.
            —Ándale —insistió Meme— hallaré algo mejor.
El cambio se realizó y el anciano se fue todavía más contento. Halló a otras personas en su camino: cambió el buey por una oveja, la oveja por una cabra y la cabra por un gallo. Cada persona beneficiada con los cambios le preguntaba por qué procedía así y él contestaba:
—Porque me gusta seguir buscando.
Por último halló a un cantor ambulante que entonaba la canción más hermosa que jamás había escuchado. Sus ojos se llenaron de lágrimas por tanta alegría. “¡Me siento tan contento con sólo oír esta melodía! Lo mejor para mí sería aprender a cantarla”, pensó Meme.
            —¿Adónde va Don Meme? —preguntó el cantante.
—A mi casa. Hoy ha sido un día extraordinario. Encontré una turquesa, la cambié por un caballo. Cambié el caballo por un buey, el buey por una oveja, la oveja por una cabra, y la cabra por este gallo. Y ahora, de repente, escucho tu canción… Si me enseñas a cantarla, te doy mi gallo. Así cómo yo transformé aquella piedra, tú puedes transformarlo en lo que quieras o quedarte con él, si te hace feliz.
Con paciencia el músico le enseñó las palabras y la melodía. Meme no cantaba muy bien que digamos, pues su voz era ronca y cascada. Sin embargo, se sentía contento al entonarla… supo que esa canción lo acompañaría al iniciar el día, le daría ánimo durante sus pesadas jornadas de trabajo y tranquilidad por las noches.
El músico se alejó llevándose al gallo, e imaginó todo lo que podría hacer con su nuevo compañero. Meme finalmente llegó a su casa. Cuando se estaba quedando dormido recordó el brillo de la turquesa mágica. Pensó en la oportunidad que abre cualquier cosa que hallemos en la vida y supo que mañana, al despertar, se dedicaría a buscar algo más hermoso todavía.
—Adaptación de un cuento tradicional butanés.

Historia de las estrellas


 
Aquella mañana un forastero venido de muy lejos caminaba por una playa hermosa y vacía del golfo de California. El sol brillaba con intensidad y le impedía ver claramente qué le esperaba más adelante. Por momentos se detenía a descansar, miraba las conchas y estrellas marinas que la marea había dejado en la playa. Al verlas pensaba: “Soy como ellas, aventadas así nada más en la arena. Mi corazón está triste. ¿Qué haré para remediarlo?”. Pero la única respuesta que obtenía era el ruido constante de las olas.
Al llegar a un punto donde comenzaba a formarse una bahía, vio a lo lejos una figura humana que se inclinaba y recuperaba la posición erguida. Una y otra vez recogía algo de la arena y con el impulso de su brazo lo lanzaba al mar. “De seguro son botellas, o basura” se dijo el viajero mientras se iba acercando.
Pasos más adelante notó que se trataba de un joven indígena, de complexión atlética, vestido sólo con pantalones de manta. Se aproximó todavía más y de repente estuvo a unos metros del muchacho. Éste detuvo su incansable tarea por un instante, lo miró atento a los ojos y le sonrió mostrando sus blanquísimos dientes.
            —Hola güero —lo saludó.
            —Hola. Vengo desde allá —el viajero señaló el comienzo de la bahía— y me llamó la atención ver que estés echando tanta basura al mar.
—No es basura, mi buen. Son estrellas —explicó el indígena y le mostró una estrella de mar que llevaba en la mano.
—¿Y para qué lo haces? —preguntó el forastero.
—Cuando la marea baja, el mar deja hartas destas en la arena. Si se quedan fuera del agua se mueren. Yo las echo de vuelta para que sigan viviendo.
            El viajero lo miró con aire burlón y le comentó:
—¿Pero apoco crees que vale la pena? En esta playa hay cientos de estrellas. ¡Y en las playas del mundo hay millones más! Aparte de todo, cuando vuelva a bajar la marea, las echará otra vez para acá. ¿Te das cuenta que si regresas una al agua la historia de las estrellas no cambia para siempre?
            El joven indígena pensó un instante, entornó con gracia los ojos y le respondió:
—Por lo menos ahorita sí cambia la historia de la que traigo en la mano. ¿Por qué no te atreves a regresarla tú al agua? —Le propuso mientras le ofrecía la estrella.
El viajero lo dudó un momento. Finalmente, con mano temblorosa, la tomó y se decidió a hacerlo. A él mismo le sorprendió que su brazo tuviera tanta fuerza para hacerla llegar así de lejos. Él y el joven indígena estuvieron en la playa hasta que se puso el sol, devolviendo una y otra estrella a las aguas profundas del mar que en un solo día fue azul, anaranjado, negro y plateado con el reflejo de la luna.
Cuando se despidieron para siempre, el caminante siguió su ruta. Paso a paso sintió que la esperanza regresaba a sus días.
—Adaptación de un relato incluido en la colección Semences d’Espérance.

El valor en la historia

El triunfo de Jesse Owens

La esperanza de superar limitaciones y la alegría para encarar retos es la fórmula que lleva a la meta. El caso del atleta Jesse Owens (1913-1980) resulta una de las pruebas más emocionantes.

James Cleveland Owens nació en Estados Unidos, en una familia afro-americana muy pobre, cuando el color de la piel era motivo de marginación. Fue inscrito en una escuela pública y, para ayudar a sus padres, desempeñó trabajos sencillos: chalán de un zapatero, cargador y mandadero. Entonces descubrió su vocación: correr a gran velocidad.

El maestro de deportes Charlie Riley notó su potencial y lo invitó a los entrenamientos. Como alumno de la Preparatoria Tecnológica de Cleveland, participó en competencias estudiantiles y consiguió un lugar en la Universidad de Ohio. Aunque por ser negro no podía dormir ni comer con sus compañeros blancos, él sólo pensaba en su misión.

Poco a poco llegó más allá de lo que imaginaba. En 1935 estableció cuatro marcas mundiales: corrió 91 metros en 9.4 segundos y realizó un salto de longitud de 8.13 metros. Esos logros le valieron en apodo de la “gacela de ébano”.
En 1936 calificó para participar en los Juegos Olímpicos de Berlín. Organizados por el gobierno racista de Adolfo Hitler, en ellos se buscaba demostrar la superioridad de los alemanes sobre las supuestas “razas inferiores”. Aparte del desafío deportivo, Owens enfrentaba un desafío social.

El documental Olympia conserva imágenes de su desempeño en esas competencias; luce alegre, seguro, convencido de ganar. Aquel año el antiguo mocito de la tienda de abarrotes se convirtió en el hombre más veloz del mundo: conquistó cuatro medallas de oro y fue celebrado por miles de personas.
A pesar de su victoria, al volver a Estados Unidos, enfrentó de nuevo el racismo que le cerró las oportunidades. Para mantener a su familia fue botones de un hotel, empleado de una tintorería y despachador en una gasolinera. Realizó, incluso, trabajos humillantes, como concursar corriendo contra animales y motocicletas. Pero no perdió el ánimo: nunca dejó de correr.

Para 1976 la situación de su país había cambiado. El anciano Jesse ya no podía hacer deporte, pero era todo un símbolo de superación para la comunidad negra. Ese año el gobierno de Estados Unidos le concedió la Medalla de la Libertad, máxima distinción civil: también había triunfado contra el racismo.

Al preguntarle cuál había sido la razón de su éxito, afirmó: “No darme por vencido. Correr, porque es la mejor actividad que existe. Puedes hacerlo solo, con tu propia fuerza; ir en cualquier dirección, rápido o despacio, luchar contra el viento, si así lo quieres… Corriendo busqué nuevos horizontes con la fuerza de mis pies y la resistencia de mis pulmones.”

Actividades

Examina cuidadosamente tus ideas en relación con el futuro, tus planes y actividades y detecta qué esperas con mayor fuerza y emoción. Piensa entonces cómo realizar esos sueños. Quizá no puedas transformar tu casa en un palacio, pero con seguridad puedes hacer que el lugar donde vives sea mucho más bonito. Quizá no llegues a ser la mejor deportista del mundo, pero puedes aspirar a ganar el partido que hay mañana en tu escuela.
Aplícate con entrega y emoción para conseguir esos pequeños triunfos que son la versión a escala de tus grandes sueños. Habla con los demás y pregúntales qué esperan, cuál sería su mayor alegría en la vida.
• Busca en tu entorno aquello que te parezca bueno y hermoso: realiza una lista por escrito.
• Dale preferencia a las esperanzas y proyectos nacidos de tu vida y experiencias propias. No adoptes como tuyos los proyectos de la publicidad.
• No midas tu éxito o fracaso en relación con el de los demás. Mídelos con respecto a las oportunidades que hay en tu vida.
• Aunque la esperanza y el optimismo tienen que ver con la reflexión, actívate para darles forma material: “siéntate o levántate pero haz algo”.
• Una de las grandes experiencias humanas es compartir planes y esperanzas. Búscalos a tu alrededor. ¿Tienes algún proyecto común con tus padres, tus hermanos o amigos?
• Aléjate de las personas que te desalienten o te desanimen en tus planes. Acércate a quienes te impulsen a cumplirlos.
 
Lo que aprendiste
La esperanza y el optimismo son dos poderosas fuentes de energía para transformar tu vida, pero sólo cobran sentido cuando te dispones a actuar con entusiasmo. Nunca detengas tu búsqueda de metas y soluciones. Atrévete a salvar la estrella que tienes en tus manos.
Amplía tu visión
• La esperanza se pone a prueba en circunstancias límite. Busca información sobre el caso de Anna Frank. Si es posible, lee su diario.
• Las grandes empresas de ayuda se logran con entusiasmo colectivo. Indaga qué es la fundación Teletón y cómo funciona.
• Pide a tus padres o maestros que te exhiban una película cómica. Comenten en grupo (o en familia) ¿cuál es la ventaja de reírse y ver el lado chistoso de la vida?

Frases

 

“El entusiasmo es un sutil arroyo que crece, fluye, serpentea, se hace cada vez más grande y poderoso, y al final se sume en el océano después de haber enriquecido y fecundado las tierras felices que ha bañado.”
—Denis Diderot

“Mantén tu rostro hacia la luz del sol y no verás la sombra.”
—Hellen Keller

“Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.”
—Winston Churchill

“La capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual.”
—Gregorio Marañón

“Siempre que hay alegría hay creación. Mientras más rica la creación, más profunda la alegría.”
—Henri Bergson

“Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas.”
—Rabindranath Tagore

“No anticipen las tribulaciones ni teman lo que seguramente no les puede suceder.”
—Benjamin Franklin

 
“Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.”
—Albert Schweitzer

“La verdadera alegría nace de la buena conciencia.”
—Erasmo de Rótterdam

“La esperanza es un adelanto de la felicidad.”
—Conde de Rivarol

“La condición esencial para ser optimista es tener una absoluta confianza en uno mismo.”
—E. W. Stevens

“Lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos.”
—Charles Kingsley

“Mi risa es mi espada, y mi alegría, mi escudo.”
—Martín Lutero

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol.”
—Martin Luther King

“El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa.”
—Anónimo

“El único secreto real del éxito es el entusiasmo.”
—Walter Chrysler

“La alegría es el paso del hombre de una menor perfección a una mayor.”
—Baruch Spinoza

“Todo les sale bien a las personas de carácter dulce y alegre.”
—Voltaire

“Mientras hay vida, hay esperanza.”
—Teócrito

“El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo al poder.”
—William James

“El peor fracaso es la pérdida del entusiasmo.”
—Anónimo

“La juventud es el paraíso de la vida, la alegría es la juventud eterna del espíritu.”
—Ippolito Nievo

“El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida.”
—Federico García Lorca