Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o a querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.
Más allá de las normas de urbanidad o de los razonamientos, en este caso déjate llevar por las sensaciones positivas hacia las personas que te apoyan en la vida. Ponte a la altura de ellas recordando que los favores no se pagan: se corresponden. Amplía los horizontes de tu gratitud más allá de una circunstancia y una persona determinada. A través de ella has comprobado que el mundo no es tan hostil como parece y eso te invita a ser una fuente de ayuda para los que tienes cerca.
• Expresa siempre tu agradecimiento con palabras o un abrazo. Diles a las personas importantes para ti que estarás allí cuando necesiten algo.
• Aprecia el valor de todas las acciones que te benefician: dale las gracias al señor que barre la calle, al conductor del autobús donde viajas y al personal del camión de la basura. Imagínate lo difícil que sería vivir sin ellos.
• No “uses” a los demás como si fueran objetos ni pienses que “tienen” que ayudarte. Dentro de casa aprecia el esfuerzo que hacen tus padres por darte de comer, mantenerte limpio y buscar tu educación. Cada libreta, cada pan o fruta que te dan son una muestra de amor.
• En un terreno más amplio observa las cosas buenas y sencillas de la vida diaria y haz de la gratitud una forma de disfrutar el mundo que te rodea.
Lo que aprendiste
En su máxima expresión la gratitud implica saberte querido por los demás y permite establecer relaciones fuertes y duraderas. Éstas van más allá de la conveniencia práctica y la búsqueda de la mera utilidad que amenazan con convertir al mundo en un lugar solitario e insensible. La gratitud permite ir creando refugios de confianza y fidelidad que pueden salvarte de la tristeza y el peligro; a la vez, impulsan tu máximo potencial como persona: la capacidad de amar a los demás.
Amplía tu visión
◦ Visita los monumentos de tu localidad dedicados a figuras importantes. Averigua qué ayuda o acción agradece o reconoce cada uno de ellos.
◦ Investiga el papel que tiene la gratitud en algunas religiones y cómo la expresan sus fieles. Busca, por ejemplo, información sobre los retablos o exvotos que se hacen en muchos pueblos de México.
◦ Trata de conseguir la canción Gracias a la vida de la compositora Violeta Parra. Escúchala con tus compañeros o familiares y analicen su contenido.
El pescador de hojas
Eduardo, un buen padre de familia, era pescador en la costa del mar Adriático, pero no alcanzaba a alimentar a sus cinco hijos. Una vez pasaron diez jornadas sin que obtuviera un solo pescado. Los vecinos lo lamentaban, pues era trabajador y conocedor de su oficio.
El Príncipe de la manada
Los fieles amigos de Iván Mishukov
Existen docenas de fábulas sobre la amistad, la fidelidad y la gratitud que puede establecerse entre los animales y el hombre. Ninguna de ellas conmueve tanto como la historia real del pequeño Iván Mishukov.
A inicios de la década de 1990 Rusia sufrió un profundo cambio político que tuvo consecuencias en toda la sociedad: muchas personas enfrentaron el desempleo y padecieron problemas económicos. Varias familias se desintegraron y cientos de niños quedaron abandonados a su suerte, sin ningún pariente que los ayudara.
Uno de ellos fue Iván Mishukov que, a sus cuatro años de edad, estaba completamente solo en el mundo, sin el apoyo de algún adulto o institución. Por 1996 andaba vagando solo por las calles de Moscú donde pedía monedas para ganarse la vida. En esas mismas calles había cientos de perros abandonados por sus dueños que formaban pequeñas manadas salvajes, pues sobrevivir en grupo les era más fácil.
Iván, con sus grandes ojos expresivos y su largo cabello rubio se ganó la simpatía de los cocineros de un restaurante que le regalaban las sobras de la comida. El pequeño las compartía con algunos de los perros callejeros. Éstos lo seguían por todos lados y cada vez eran más. Poco a poco le tomaron confianza y, en poco tiempo, Iván se convirtió en el jefe de la manada. Los perros lo respetaban y aceptaban sus instrucciones, pues lo consideraban su líder.
La relación funcionaba en forma admirable. Él conseguía comida para los canes. Éstos, a cambio, le daban su calor en las heladas noches invernales de Moscú. Iván dormía en la calle y las temperaturas de 30 grados bajo cero ponían en peligro su vida. Sin embargo, sus perros lo cubrían y lo rodeaban para mantenerlo a salvo.
Por otra parte lo protegían a los otros peligros que enfrenta un niño pequeño y solo a media calle. Si alguien se acercaba a molestarlo, los perros ladraban y se disponían a atacar para salvaguardar a su pequeño amo. Esta situación se prolongó por dos años, sorprendía a quienes la veían a diario y el pequeño fue apodado “el Príncipe de la manada.”
La policía estaba consciente de lo que pasaba y se propuso llevar al pequeño a un orfanato. Sin embargo en tres ocasiones que intentaron atraparlo el plan falló, pues los perros impedían que siquiera lo tocaran. El esfuerzo de los oficiales duró dos meses, hasta que planearon una trampa para distraer a los perros y, finalmente, se apoderaron del joven Príncipe.
Iván Mishukov fue llevado a un centro de atención infantil, donde recibió alojamiento, servicios de salud y alimentación. Luego fue adoptado por una familia, comenzó sus estudios y se desarrolló como un niño normal. Hoy es un joven de casi 18 años y aunque se sabe poco de él dicen que, hasta la fecha, sueña con la manada que le salvó la vida y despierta llorando porque extraña a sus fieles amigos.
“La confianza es madre de las acciones grandiosas.”
—Friedrich Schiller
“Cuando comas retoños de bambú agradece siempre al árbol.”
—Proverbio chino
“El destino elige tus relaciones. Tú eliges a tus amigos.”
—Jacques De Lille