Si tratas a los demás como te gustaría ser tratado, pocos valores serían necesarios.

Ideas generales sobre quÉ son los valores

Compartimos este texto incluido en la Guía para el maestro que se reparte junto con el Calendario Escolar de Valores año con año a todos a los salones de primaria del país.

Introducción: valores para la vida

Hemos querido empezar esta guía con un ejemplo de esos grandes acontecimientos que ponen a prueba a los seres humanos y a las sociedades, como ejercicio que nos permite confirmar nuestra convicción sobre la importancia que representan los valores en nuestra vida: el terremoto del 19 de septiembre de 1985.

“Como todos los  días, Lucas Gutiérrez llega a abrir el restaurante de treinta y tres mesas y reservados a lo largo del muro, el “Super Leche” que su padre fundó en 1949 –dice Elena Alonso-. El personal (treinta meseros, cocineros y galopinas) empieza a trabajar; a las 7 en punto se abren las puertas del número 41 de San Juan de Letrán, ahora Eje Central Lázaro Cárdenas, esquina con Victoria, y entra la clientela habitual. A las 7:10 hrs., Lucas, contra su costumbre, avisa: “Voy a la farmacia a inyectarme” Tiene gripa. Al pasar junto a la mesa de salida oye a una niña de trenzas muy bien alisadas pedir: “Yo chocolate y bisquets”. A las 7:18, un ruido extraño, seguido de una fuerte sacudida, atemoriza a la gente, alguien grita: “Tranquilos, está temblando, pero no pasa nada”. Al intensificarse el movimiento, uno de los meseros suelta la cafetera y sale corriendo, acompañado por un aterrado turista argentino. Desde la acera de enfrente ven cómo se abre un hoyo en el suelo por donde desaparece el restaurante junto con el edificio de departamentos donde viven más de trescientas personas, igual que si una gigantesca aspiradora lo hubiera succionado. Incrédulos, incapaces de moverse, oyen el estallido de los tanques de gas, ven cómo un humo negrísimo tapa el sol, el cielo, la tierra”

 

A las 7:19 horas, un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter azotó la Ciudad de México, produciendo miles de víctimas humanas, la pérdida de cientos de edificios y un dolor difícil de olvidar. Desde entonces, cada vez que rememoramos el sismo, se nos presenta la ocasión de reflexionar sobre la naturaleza humana: existimos confrontados permanentemente a decidir entre lo que es correcto y lo que no lo es. 

 

Quizá una parte de aquel dolor pudo ser evitado

“¿Por qué en nuestro país están tan mal hechos los edificios, por qué roba el constructor en los materiales, las varillas y pone en peligro impunemente la vida de cientos de personas? Me encuentro en una circunstancia tenebrosa, siniestra de concientización. Desde que empecé a estudiar ingeniería nos decían: un ingeniero es aquel que puede construir con la mitad del dinero del que otra persona gasta. Un ingeniero debe construir económicamente; el ingeniero tenía que ahorrar en procedimientos constructivos. (…) ¿Qué fue lo que tiró edificios, el temblor o las malas construcciones?”
Ing. Raúl Pérez Pereyra, sobreviviente de la colonia Roma*.
Hubo de todo: valor, aprecio por la vida, consideración hacia los demás
“Al llegar vimos a quienes se metían en los escombros y nos dimos cuenta del enorme riesgo que correríamos. Al principio entramos con miedo, sin embargo no pasó media hora cuando ya estábamos a profundidades considerables, de 7 a 10 metros. Al trabajar en estos pequeños túneles, me daba cuenta de que si sobrevenía otro temblor, la probabilidad de quedar aplastados o atrapados era muy alta, pero sólo saber que había gente viva entre los escombros nos daba una gran energía (….) Una madrugada se nos pidió interrumpir porque los franceses estaban por sacar a un paciente del hospital. Habían trabajado por lo menos 7 horas en este caso y tras una espera de otra media hora y en un silencio absoluto fue rescatado José Fernández. La emoción era generalizada; estalló el aplauso, ahora debíamos continuar.”


Rescatista*

Cooperación y solidaridad no se hicieron esperar

“Eran cientos de vecinos ayudando. Una cosa muy hermosa fue que se formaron un importante número de cadenas humanas en las cuales, los que estaban hasta adentro de los escombros llenaban cubetas para abrir camino a donde se oían voces y pasaban las cubetas al que seguía y así hasta llegar afuera de la zona del edificio. Es increíble, pero yo diría, no que fue automático, pero sí que en media hora después del sismo ya había una organización. Todo mundo se acercó y, en general, lo hizo con la intención de ayudar, la gente iba a sus casas por lo que pudiera ser de utilidad”
“Y esa misma noche se empezó a hacer presente la solidaridad de muchos capitalinos, de muchos rumbos que no habían sufrido daños. Empezaron a llegar, lo tengo muy presente, con ollas con comida, con tortas, con aguas frescas para ayudarnos a los tlatelolcas. Una solidaridad bellísima que se mantuvo viva durante toda la etapa aguda del problema, y que hizo más llevadera la vida en este periodo tan difícil”
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Cuauhtémoc Abarca, Vecino de Tlatelolco

Una golondrina no hace verano


“Desgraciadamente la conducta es producto de una educación larga  y el hombre no cambia por un terremoto. La gente cambia momentáneamente, pero pesa más la formación que ha recibido desde pequeña. Ahora mismo, los caseros están dando muestras de su e goísmo al desalojar a sus inquilinos, al igual que en la colonia Algarín los dueños de talleres de costura intentaron sacar sus máquinas antes de que les importara si había o no costureras atrapadas. La solidaridad no se puede prolongar. Si el peligro está latente, la solidaridad continua, pero si desaparece, también se esfuma la solidaridad. Desgraciadamente no creo que un movimiento generoso y solidario de unos días signifique una transformación de la conducta. Hemos vivido un estado de emergencia –lo cual equivale a un estado de guerra-, la gente se ha unido al cavar túneles, repartir ropa, comida, sin importar clase social u antecedentes, pero esto es sólo momentáneo.”

Alberto Beltrán, Voluntario

Las situaciones extraordinarias reclaman de nosotros una respuesta pronta, tenemos que decidir entre distintas opciones. Pero la elección entre valores no es sólo un desafío de las grandes catástrofes. En el día a día se nos exige elegir entre la ganancia personal y la justicia, entre la conveniencia propia y la honestidad, entre el egoísmo y la solidaridad.

 

Los valores son asunto de todos los días, y educar en ellos es requisito indispensable para formar buenos ciudadanos. Aristóteles decía que una golondrina no hace verano, en alusión al hecho de que hacer algo bueno una sola vez no convierte a nadie en una buena persona. Para serlo, se ha de desarrollar el hábito de actuar correctamente.

* Testimonios tomados de Poniatowska, E. Nada, nadie. Voces del temblor, Era, 2000.

Para pensar

Los valores son actitudes del querer del hombre, de la voluntad, iluminada por la inteligencia.