Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo.

Libertad

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Entender el valor

En el cielo y en la tierra
Un rasgo que define a los seres humanos es la posibilidad de determinar por sí mismos qué forma quieren darle a su vida y emprender las acciones para conseguirlo. Puede tratarse de asuntos sencillos, cómo lo que deseas hacer esta tarde. Pero también puede tratarse de asuntos grandes y complicados, como la profesión que te gustaría tener o el tipo de familia que quieres formar. A medida que crezcas los temas a decidir serán cada vez más importantes. En cada etapa tu libertad consiste en esa capacidad de elección.
    
Sin embargo, tomar buenas decisiones no significa guiarte por el capricho o el deseo momentáneo, sino seguir un proceso cuidadoso. En primer lugar tienes que dedicarles el tiempo suficiente para analizarlas detenidamente. En segundo, hacer un plan ordenado para llevarlas a cabo. En tercero, considerar cómo afectan a los demás y su propia libertad. Estos pasos aseguran que tus decisiones libres sean decisiones responsables para contigo mismo y los otros. Conquistar la libertad consiste en quitarte las ataduras que te ponen los demás, pero tener siempre en cuenta las consecuencias de lo que haces. Por un momento es volar muy alto en el cielo; por otro, tener firmes los pies en la tierra.
 
¿Ya lo pensaste?
La esclavitud o la cárcel son las experiencias más extremas de pérdida de la libertad. Pero existen otras que no suelen reconocerse tan claramente: una familia con padres muy autoritarios que desean controlar todo, un grupo escolar que no participa por miedo a su maestro, una sociedad que vive presionada por un gobierno injusto; la adicción a las drogas, el alcohol y los videojuegos o la pertenencia a sectas religiosas… ¿En algún momento de tu vida has sentido que has perdido tu libertad? ¿Consideras que la tienes ahora? Piensa y comenta esas situaciones.

Para la vida diaria


1. No te dejes llevar por la corriente, las modas o las decisiones ajenas. Establece tus planes y esfuérzate por cumplirlos. Empieza por lo más sencillo: ¿qué te gustaría hacer en tu tiempo libre?, ¿qué te gustaría cambiar de tu aspecto? Luego avanza con lo más complicado: ¿qué quieres ser de grande? ¿en qué lugar quieres vivir? Mantén abiertas esas preguntas y cambia tus respuestas cuando sea necesario.
2. El miedo es el principal enemigo de la libertad. A veces no seguimos nuestras decisiones porque tememos sus consecuencias o hacer enojar a alguien. Razona con cuidado, avanza paso a paso y pierde el temor. Si piensas que alguien en especial, como tus padres o tu maestro, están limitando mucho tu libertad habla con ellos y exprésales tus puntos de vista. También escucha los suyos, su experiencia como adultos puede enriquecerte.
3. Defiende tu propia libertad, pero también la de los demás, pues es la mejor garantía de un mundo armónico. No exijas demasiado a tus padres, no obligues a tus amigos a hacer lo que no quieren, no “uses” a tu mascota como un juguete. Las mejores relaciones y los mejores proyectos se establecen entre seres humanos libres que combinan sus propósitos. Libérate tú liberando a los demás.

El extremo opuesto
El concepto opuesto a la “libertad” es la sujeción, estar sujeto a algo, “amarrado” a un lugar, una persona o una situación. La principal consecuencia de permanecer así es un retraso en el desarrollo: un pueblo sujetado por el gobierno no crece ni produce riquezas, un hijo sujetado por sus padres no aprende a tomar sus determinaciones, una esposa sometida por su marido no puede trabajar ni estudiar. Por otra parte, quien sujeta a los demás les está quitando la oportunidad de disfrutar la vida.

Mini-relato

Las tres doncellas
Hace muchos muchos años, pero de veras muchos, en los bosques espesos de la Sierra Tarahumara vivían criaturas extrañas, dotadas de poderes mágicos como detener el viento, convocar a las aves y reunir a los animales que habitaban en ellos. En una cañada oculta habitaba Soque, un brujo viejo y malvado.
    
Una tarde, cuando se acercó a un ojo de agua cristalina, vio que en él se bañaban tres doncellas hermosas y delicadas. Su belleza lo cautivó de tal manera que se apoderó de ellas y las mantenía cautivas como esclavas. Todo el día tenían que trabajar para mantenerlo contento: lavaban la ropa en el río, barrían la choza, salían a buscar hierbas para las brujerías, preparaban salsas picantes en el molcajete y molían maíz en el metate para hacerle pinole, su golosina favorita. Si algo no salía como a él le gustaba, les pegaba, las regañaba por horas y las dejaba encerradas sin comer.
    
Un día las mandó de cacería, pero no encontraron las zorras que les había pedido el malvado. Temblando, se encaminaron a la choza. “De seguro nos va a pegar con pencas secas de nopal”, dijo una. “Tal vez suelte a las abejas más bravas”, comentó la otra. “O quizá desate a su tigrillo para que nos muerda…” complementó la tercera.
 
Estaban llore y llore cuando escucharon una voz ronca y extraña que venía del bosque: “Huyan, que yo sabré protegerlas”, les indicó. Aunque no lograron identificar al que hablaba, siguieron sus instrucciones.
    
Muy lejos de allí hallaron un lugar seguro y tranquilo, donde iniciaron su nueva vida. Bebían agua de los arroyos, comían fresas recién cortadas y se divertían mirando a los colibríes que se peleaban por el néctar de las flores. Los pájaros y los animales del bosque eran sus amigos y convivían amablemente como si se conocieran de toda la vida.
    
Una mañana llegó un enorme pájaro carpintero que se posó en la rama de un abedul y les dijo “salgan rápido de aquí, el malvado Soque viene por ustedes y se encuentra muy cerca”. Aunque corrieron con todas sus ganas, Soque estaba a punto de alcanzarlas cuando se escuchó de nuevo la voz que les había hablado tiempo atrás: “Tómense de las manos y haré que suban al cielo”, les indicó.
    
Así lo hicieron y se elevaron sobre el fondo azul de la media tarde. Enfurecido, Soque tensó su arco. Cuando las flechas las alcanzaron, las tres doncellas se convirtieron en tres estrellas que han brillado por miles de años. Arrepentido por lo que hizo, cada noche Soque se transforma en coyote y regresa al lugar de los hechos para aullarle al cielo.
—Adaptación del relato tarahumara referido por Otilia Meza en su libro Leyendas prehispánicas mexicanas.
 
Para reflexionar
• ¿Debe una persona ser dueña de otra?
• ¿Qué era lo más desagradable de Soque, sus exigencias o sus castigos?
• ¿Las doncellas tenían derecho a escapar o estaban obligadas a seguir sirviendo?
• ¿Por qué crees que ellas se convirtieron en estrellas y él en coyote?
 
• De la sabiduría popular
El que siempre es borrego nunca será pastor.
Quien siempre ha sido dominado no puede servir como guía, a menos que se decida y haga un esfuerzo por tomar la situación en sus manos.
 

historia nacional

 
Los esclavos blancos
La esclavitud es una de las formas más graves de perder la libertad. En el pasado era común que un grupo de personas capturara a otras, en desventaja militar, para venderlas como fuerza de trabajo, cual si se tratara de objetos. Las principales víctimas de esta acción eran seres humanos de piel negra, nativos de África. Miles de ellos fueron traídos a la Nueva España por los españoles, pero también hubo esclavos de piel blanca. Su caso nos hace pensar que la pérdida de libertad es un problema que puede afligir a cualquier persona, independientemente de su origen o características.
    
En los dos primeros siglos del gobierno virreinal hubo seis tipos de esclavos blancos. Los berberiscos procedían de Mauritania, una zona del noroeste de África, en la costa del Atlántico. Los moros venían de distintas regiones del norte de África, en la costa del Mediterráneo. Los de La Gomera provenían de una de las Islas Canarias, en la costa de África. Los guanches también venían de las Canarias y descendían de los pobladores originales de éstas. Otros procedían de Mallorca, Cerdeña y Menorca. En la zona de Tlaxcala, a inicios del siglo XVII, también había esclavos procedentes de las islas de Grecia, de piel más blanca que los propios españoles.
Éstos, al igual que los esclavos negros, eran víctimas de grandes injusticias: trabajaban jornadas largas y pesadas, sólo podían casarse entre ellos, no podían contar con armas, no podían salir de noche ni usar determinadas prendas de vestir reservadas a las personas libres (las mujeres no podían llevar alhajas). Si intentaban huir sufrían recios castigos físicos, la ausencia de cuatro días se castigaba con 50 azotes; si pasaba de ocho, con 100; y si superaba los cuatro meses, con 200. Si se descubría algún intento de rebelión podían incluso cortarles las manos o ejecutarlos sin juicio previo.
    
Los grandes caudillos de la Independencia propusieron abolir la esclavitud de blancos y negros. El primer decreto, elaborado por Miguel Hidalgo, se promulgó el 6 de diciembre de 1810. El segundo, elaborado por José María Morelos, se dio a conocer el 5 de octubre de 1813. El tercero, ya en el México independiente, fue obra de Vicente Guerrero y está fechado el 15 de septiembre de 1829. Esos tres documentos demuestran que para los líderes independentistas no sólo importaba la libertad de toda la población con respecto a España, sino también la libertad individual de cada habitante. Aunque la esclavitud ya no existe, estos hechos aclaran que, sin importar el color de la piel, todos tenemos derecho a la libertad y todos corremos el riesgo de perderla.
 
¿Ya lo sabías?
La Constitución de 1857
En 1857 se promulgó la Constitución Política de la República Mexicana que destaca la prohibición de la esclavitud (art. 2), la libertad de la enseñanza (art. 3), la libertad de profesión, siempre y cuando sea legal (art. 4), la prohibición de cualquier contrato que implique la pérdida de la libertad (art. 5), la libre expresión de ideas (art. 6), la libertad de prensa (art. 7), la libertad de reunión y asociación (art. 9) y la libertad de tránsito dentro del país y sus ciudades. Estas disposiciones fueron respetadas por la Constitución de 1917, que nos rige hasta ahora, y conforman la base de los derechos humanos en México.
 
La rebelión de Canek
Originario de Campeche y miembro del pueblo maya, Jacinto Canek fue uno de los pioneros en la lucha contra el gobierno colonial. El 20 de noviembre de 1761 en el pueblo de Cisteil llamó a la población a liberarse de la opresión ejercida por los españoles, sus abusos, la reclusión forzada y “los continuos azotes que maceran y despedazan nuestros cuerpos”. Así inició una rebelión indígena de importantes dimensiones. El gobierno de Yucatán mandó efectivos para combatirlos que los derrotaron el día 26 del mismo mes, cuando muchos de los rebeldes murieron quemados. Canek fue detenido y ejecutado en la Plaza Mayor de Mérida el 14 de diciembre; sus ocho seguidores más importantes también fueron condenados a muerte.

Frases


“Soñamos que mil ligaduras nos impiden todo movimiento. Soñamos que hemos perdido las alas. Ayuda tú a tus hermanos a encontrar dentro de ellos lo que juzgan que han perdido. ¿Quieres contribuir a la liberación del mundo? Pues comienza por liberar a cada hombre de su preocupación, de su aprensión, de su prejuicio… Aprende, pues, a saber que eres libre y enseña a los otros que lo son.”
—Amado Nervo, Plenitud


“La libertad es la posibilidad de ser algo o no serlo, de ser así, o ser de otro modo.”
—Juliana González Valenzuela