Paciencia. (Del lat. patientĭa). 1. f. Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. 2. f. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas. 3. f. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.
La capacidad de resistir
La paciencia también significa soportar con autodominio y serenidad las situaciones que no nos gustan. Puedes tratarse de casos muy sencillos: el radio que tus vecinos ponen a todo volumen, las clases de una materia que te choca o las dificultades para transportarte desde tu casa a la escuela por el tráfico, el calor y la incomodidad de los vehículos. Pero también te sirve para soportar situaciones mucho más difíciles: la carencia de dinero en tu hogar, la enfermedad o los pleitos de tu familia. Muchas personas reaccionan a esas circunstancias con ira o enojo, porque en realidad son débiles, se desesperan y no logran nada. Quienes son pacientes responden con calma e integridad que les permiten pensar en soluciones y tomar mejores decisiones.
No pienses que ser paciente consiste en cruzarte de brazos. Se trata, más bien, de aceptar con valor las pruebas que te pone la vida y tratar de aprovecharlas para progresar y crecer, de ver en cada obstáculo una oportunidad. El ritmo de las cosas no siempre favorece lo que nosotros queremos o planeamos. Las demás personas tienen sus propios planes y problemas y sólo en ciertos casos cooperan con los nuestros. A veces parece que hasta los objetos están contra nosotros: el plato que se rompe, las llaves que se pierden, la tele que se descompone… La paciencia nos permite soportar y, hasta donde es posible, controlar todos esos problemas. También nos ayuda para salir adelante en casos donde no queda nada por hacer, como cuando muere un ser querido. En otras palabras ¡nunca te desesperes! Resiste con calma, piensa estrategias y soluciones, ten paciencia contigo mismo y recuerda que, de esta forma, a cada minuto te estás volviendo más fuerte.
El travieso agricultor
Rubén era hijo de dos floricultores. Una vez los acompañó a plantar girasoles. Los padres iban por delante plantando, pero cuando avanzaban un poco, Rubén sacaba las semillas de la tierra y las guardaba. Al terminar la jornada, había retirado todas. Unos vecinos del lugar se acercaron a los padres: “Rubén fue quitando todas las semillas. Merece una paliza.” El padre respondió: “¿Qué ganamos con enojarnos? Nos dimos cuenta de que lo hacía y esperamos a que se aburriera. Pero como no se aburrió, sabemos que si tuvo paciencia para sacarlas todas, mañana tendrá paciencia para plantarlas de nuevo. Pasaremos juntos el día labrando la tierra.”
El valor contrario a la paciencia es la impaciencia, cuando la gente se siente intranquila porque algo que espera no acaba de llegar o porque no soporta una situación. Generalmente las consecuencias son perjudiciales. Ponte en las siguientes situaciones y compara lo que ocurre si eres paciente, con lo que ocurre si eres impaciente.
Después de comparar las dos opciones (paciente / impaciente) diseña una estrategia de la paciencia para cada caso, es decir, un plan que te permita esperar y hacer lo necesario para alcanzar tu objetivo sin desesperarte.
“Y ahora considera la ventaja de la paciencia. Cualquier ofensa —proceda de la lengua como de la mano— que intenta herirla se despunta con el mismo golpe, como dardo arrojado contra una piedra de inalterable dureza. Su intento, pues, es inútil y todavía quizás con el golpe de retorno se hiere el mismo que arrojó la flecha. He aquí cuánta es la utilidad y la ventaja de la paciencia.”
—Tertuliano, Tratado de la paciencia, siglo II.
“Te lo he dicho: muchas veces la paciencia es un arma más efectiva que la espada.”
—Star Trek, la siguiente generación, 1987
“Paciencia, mi pequeño monstruo.”
—La familia Munster, 1964
“La paciencia es el camino a la comprensión,
y la comprensión es la clave de un corazón feliz.”
—Friends, 1994
“Tengo la paciencia de un árbol gigante.”
—Batman, 1992