Autonomía

El valor en la historia

Fuente: www.valores.com.mx

 

Libertad para el conocimiento


La Universidad conquista su autonomía

Las universidades son centros del saber donde se preparan las personas que tienen en sus manos el futuro del país. Eso hace necesario que, dentro de ellas, haya absoluta libertad para investigar e impartir conocimientos. Por otro lado, su importante tarea exige un ámbito estable y seguro, libre de intereses e impactos externos, como las decisiones políticas.


La mejor forma de preservar esos santuarios para el aprendizaje consiste en que las universidades tengan un gobierno propio, organizado por sus estudiantes y académicos. Guiados por sus valores, éstos tienen la enorme responsabilidad de crear y respetar un conjunto de normas y planes de estudio para generar conocimientos y formar profesionistas de calidad. Esa libertad de enseñanza y determinación se llama “autonomía universitaria”.


Dicha idea fue central para fundar las universidades más antiguas y prestigiosas del mundo, como las de Oxford y Cambridge, en los siglos XII y XIII. En el cambio del siglo XIX al XX muchos académicos ilustres, como Justo Sierra, comenzaron a luchar para que la Universidad Nacional de México también conquistara su autonomía y fueron apoyados por los estudiantes. Ese esfuerzo duró varias décadas y tuvo que aguardar a que el país se reorganizara después de la Revolución.

 

Uno de sus máximos impulsores fue José Vasconcelos, rector entre 1920 y 1921, pues estaba convencido de que la Universidad era fundamental para tener un país moderno y desarrollado, a la altura del mundo. Sin embargo, aún era difícil conquistar la autonomía, pues exigía una gran disposición de apertura y respeto por parte del gobierno de la república.


Todas las escuelas de enseñanza superior se unieron en el esfuerzo y el presidente Emilio Portes Gil abrió el diálogo. El 4 de junio de 1929 le solicitaron crear una ley que diera autonomía a la universidad. El presidente lo hizo con la aprobación del Congreso y, a partir de entonces, la orgullosa institución tuvo un nuevo nombre: Universidad Nacional Autónoma de México. Abelardo Rodríguez, presidente de 1932 a 1934, completó la tarea dando a la UNAM un patrimonio propio y la posibilidad de gobernarse a sí misma, con la obligación de contribuir al desarrollo nacional.
La autonomía benefició a las demás universidades mexicanas y hoy día es un derecho garantizado por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que se compromete a respetar su libertad de enseñanza, las decisiones sobre el uso de sus recursos y la capacidad de gobernarse a sí mismas. Gracias a ello la UNAM ha logrado su máximo desarrollo. De ella han egresado miles de profesionales y tres premios Nóbel. En 2006 se le contó entre las cien mejores universidades del mundo y hoy se considera la mejor de Iberoamérica. Su lema subraya la enorme importancia del pensamiento: “Por mi raza hablará el espíritu”.

 

patrocinadores
Derechos Reservados Fundación Televisa

>