Esperanza

Cuento

Fuente: www.valores.com.mx

Una turquesa mágica

 

Meme Haylal era anciano y pobre. En una ocasión, cuando labraba su terreno halló una turquesa redonda, de color azul brillante. Era tan grande que para un hombre de su edad resultaba difícil cargarla. Sin embargo, la metió en la canasta de los víveres y, apoyado en su bastón, inició el camino a casa. Antes de llegar se topó con un conocido suyo montado a caballo.
            —¿Adónde va Don Meme? —preguntó el jinete.
            —A mi casa. Soy un hombre afortunado, hoy encontré esta turquesa —respondió el viejo y le mostró la piedra. —Te la cambio por tu caballo.
            —¿Ha perdido el juicio? —inquirió el jinete— esa piedra es mucho más valiosa que este jamelgo.
            —Ándale —insistió Meme— hallaré algo mejor.
El jinete aceptó el intercambio, entregó el caballo y Meme siguió caminando de buen humor. Entonces encontró a un hombre con un buey y le propuso intercambiar los animales.
—¿Se siente bien Don Meme? —cuestionó el dueño del buey— su caballo vale mucho más que esta vieja bestia.
            —Ándale —insistió Meme— hallaré algo mejor.
El cambio se realizó y el anciano se fue todavía más contento. Halló a otras personas en su camino: cambió el buey por una oveja, la oveja por una cabra y la cabra por un gallo. Cada persona beneficiada con los cambios le preguntaba por qué procedía así y él contestaba:
—Porque me gusta seguir buscando.
Por último halló a un cantor ambulante que entonaba la canción más hermosa que jamás había escuchado. Sus ojos se llenaron de lágrimas por tanta alegría. “¡Me siento tan contento con sólo oír esta melodía! Lo mejor para mí sería aprender a cantarla”, pensó Meme.
            —¿Adónde va Don Meme? —preguntó el cantante.
—A mi casa. Hoy ha sido un día extraordinario. Encontré una turquesa, la cambié por un caballo. Cambié el caballo por un buey, el buey por una oveja, la oveja por una cabra, y la cabra por este gallo. Y ahora, de repente, escucho tu canción… Si me enseñas a cantarla, te doy mi gallo. Así cómo yo transformé aquella piedra, tú puedes transformarlo en lo que quieras o quedarte con él, si te hace feliz.
Con paciencia el músico le enseñó las palabras y la melodía. Meme no cantaba muy bien que digamos, pues su voz era ronca y cascada. Sin embargo, se sentía contento al entonarla… supo que esa canción lo acompañaría al iniciar el día, le daría ánimo durante sus pesadas jornadas de trabajo y tranquilidad por las noches.
El músico se alejó llevándose al gallo, e imaginó todo lo que podría hacer con su nuevo compañero. Meme finalmente llegó a su casa. Cuando se estaba quedando dormido recordó el brillo de la turquesa mágica. Pensó en la oportunidad que abre cualquier cosa que hallemos en la vida y supo que mañana, al despertar, se dedicaría a buscar algo más hermoso todavía.

—Adaptación de un cuento tradicional butanés.

 

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