Gratitud

Cuento

Fuente: www.valores.com.mx


Una cadena de favores

 

Winston era hijo de una rica familia, poseedora de extensas tierras en la Inglaterra del siglo XIX. Durante sus vacaciones visitaba la casa de campo y, aprovechando las raras mañanas en que salía el sol, se metía a un lago de aguas limpias.
Un sábado, siguiendo esa costumbre, comenzó a nadar. Pero en esa ocasión se alejó más de lo prudente, hasta llegar a una zona de mayor profundidad. Sin sentirlo, perdió el control de sus movimientos, se sumergió y empezó a ahogarse.
Casualmente pasaba por allí Alexander, un campesino de la misma edad de él que había llevado a pastar un rebaño de ovejas. Al ver que alguien se estaba ahogando, se lanzó de inmediato al lago, nadó hasta donde se hallaba Winston y lo rescató. Cargado en sus espaldas, lo llevó hasta la orilla y lo ayudó a recuperar el conocimiento.
Cuando Winston reaccionó le preguntó:
—¿Cómo te llamas?
—Alexander ¿y tú?
—Winston. ¿Dónde vives?
—En aquella casita que se ve en la montaña.
El pequeño Alexander regresó con sus ovejas y Winston volvió caminando a su casa.

Dos semanas después un elegante carruaje subió por la montaña. Winston y sus padres bajaron de él y llamaron a la puerta. Una vez que Alexander y sus padres los invitaron a pasar explicaron el motivo de su visita.

Frases para la página

“No hay en el mundo exceso más bello que el de la gratitud.”
—Jean de la Bruyère
 “La única esperanza de alegría está en las relaciones humanas.”
—Antoine de Saint-Exupéry
“Dar confianza es una prueba de valentía; ser fiel, una señal de fuerza.”
—Marie von Ebner-Eschenbach


—Hace una semana Alexander salvó a Winston de morir ahogado. Estamos muy agradecidos con él y nos gustaría darle una recompensa.
—Disculpen, señores, pero lo hice sólo por ayudar —intervino Alexander.
—Y precisamente por eso queremos corresponder. En este momento les ofrecemos pagar los estudios de su niño hasta que concluya una carrera profesional.
Los padres de Alexander aceptaron emocionados, pues carecían de dinero para que el niño tuviera una profesión y pensaban que toda su vida sería pastor.

Consciente de la gran oportunidad que se le abría Alexander se desvelaba estudiando y era el mejor alumno de su clase. A los 22 años obtuvo su título como doctor y se dedicó a investigar nuevos medicamentos. Uno de sus mayores éxitos fue el hallazgo de una sustancia para curar infecciones respiratorias.
Mientras tanto, Winston destacaba como militar y periodista. Al regresar de uno de sus numerosos viajes cayó enfermo de pulmonía y los médicos dieron pocas esperanzas de curación. Alexander lo supo y se presentó al hospital para ofrecer tratarlo con su nueva sustancia.
Los especialistas aceptaron incrédulos pero, para su sorpresa, el paciente comenzó a mejorar y pronto estuvo fuera de peligro. Un tarde recibió la visita de Alexander:
—Es la segunda vez que me salvas la vida. ¿Cómo puedo recompensarte ahora que eres un médico importante? —le preguntó Winston.
—De una forma muy sencilla: recuerda siempre que llegué a serlo gracias a ti.

 

Versión libre de un relato apócrifo.

patrocinadores
Derechos Reservados Fundación Televisa