Si tratas a los demás como te gustaría ser tratado, pocos valores serían necesarios.

Reflexiona

Cuentos, historias o leyendas que te ayudan a abordar el valor de una manera divertida.

Acción

El rumbo correcto
Cada acción es resultado de una decisión y por eso es muy importante pensar con cuidado antes de llevarla a cabo. Las que se relacionan con tareas prácticas necesitan reflexiones muy simples: si lavas tu playera quedará limpia y lista para usarse, si no la lavas, seguirá sucia y no puedes ponértela. ¿Qué es mejor entre las dos opciones? La respuesta es muy clara: lavarla. 
Pero hay otro tipo de acciones donde la respuesta no es tan sencilla y exigen una reflexión más cuidadosa pues en ellas se mezclan muchos elementos (ideas, sentimientos, creencias y principios) y dependen de tu posibilidad de diferenciar entre lo bueno y lo malo. Ese tipo de acciones se llaman acciones morales y ponen en juego una de tus capacidades más importantes: el razonamiento. 
Supongamos que, durante un examen, el maestro se sale del salón por cinco minutos y tienes la oportunidad de copiar las respuestas que no sabes. En un principio parece un recurso práctico… pero detente a pensar: ¿es buena una acción de este tipo? En primer lugar significa aprovecharte de otra persona que sí estudió; en segundo, engañar a los demás; en tercero, tomar un camino que no significa ningún progreso para ti. En otras palabras, equivale a olvidar los valores como el respeto, la honestidad y el esfuerzo. 
Las acciones mal orientadas convierten al mundo en un lugar triste y peligroso; las acciones bien orientadas lo hacen un lugar seguro y feliz para ti y los demás. La clave está en pensar lo que haces y calcular sus consecuencias más allá de los resultados inmediatos.

Actitud

La hora de las grandes pruebas
En las actividades normales los efectos de una buena actitud son inmediatos: una actitud comprensiva te ayuda a conseguir amigos, una actitud amable permite que los otros te ayuden, una actitud valiente te apoya para superar los obstáculos. A la larga esta suma de buenas actitudes da forma a una vida buena y positiva. En contraste, las actitudes descorteses, incomprensivas y groseras hacen que las personas vivan tristes y solas. La importancia de las actitudes se vuelve aún mayor cuando enfrentamos cosas que no pueden cambiarse, como un acontecimiento triste, una falla que hemos cometido o la muerte de una persona querida. En estos casos la actitud negativa sería sólo llorar y enojarte. La actitud positiva consiste en comprender que si esos problemas no tienen remedio, tú puedes cambiar la forma en que los miras y convertirlos en oportunidades de crecimiento. Por ejemplo: dos alumnas reprueban una materia. Una de ellas se queda amargada por lo que le ocurrió y da todo por perdido. La otra sabe que tiene una nueva posibilidad y se empeña en no repetir los errores del año pasado. ¿Quién sale ganando? La segunda alumna, pues con su actitud convirtió el hecho de reprobar en un aprendizaje. Recuérdalo siempre: de tu actitud depende el éxito o el fracaso en tu vida.

Adaptación

El valor en la imaginación
Te presentamos este problema ético para ayudarte a reflexionar sobre este valor. Lo hemos hecho a través de una fábula de Esopo.

Lucas pasó una noche terrible en su colchoncito de paja. El ruido que hacían los grillos no le permitió dormir. A la mañana siguiente, se incorporó ojeroso y desvelado. —Mi distinguido y fino primo carnal, el campo no es para mí… ¿Cómo ves si mejor te invito a mi residencia en la ciudad?—dijo Lucas, presumido. 
—Me has contado tantas cosas que se me antoja conocer —respondió Jerónimo.
Se bañaron (a jicarazos), y se vistieron. Lucas, de saco y corbata; Jerónimo, de overol y camisa a cuadros. 
—Mira qué fachas. Parece que vas a ir a vender queso en los altos de los cruceros. En fin, mi sastre hará maravillas contigo —comentó Lucas. 

Sabiduría popular O te aclimatas o te aclimueres…
Si no logramos adaptarnos al clima de un lugar (a las circunstancias de una situación o ambiente) estamos es riesgo de perder hasta la vida. ¡Hay que reaccionar pronto!

Alegría

Adaptación de un cuento turco
Al día siguiente la sopa estaba hirviendo en la olla y el matrimonio se sentó para disfrutarla. Iban a llevarse la cuchara a la boca cuando alguien llamó a la puerta. Nasrudín se encontró con un completo desconocido.

—Hola hola, soy amigo del amigo de Hassan —explicó aquel hombre.
Obligado por las leyes de la hospitalidad, Nasrudín lo invitó a pasar. Una vez dentro de la casa, el huésped se sentó y devoró un buen plato de sopa. Los tres permanecieron en silencio hasta que el visitante se fue.

Cuando la doña estaba levantando la cocina se dio cuenta de que en la olla sólo quedaba una cucharada de caldo. “Este poquitín me servirá para darle una lección a estos gorrones y al encajoso de mi marido que siempre me pone a trabajar” pensó.
Al día siguiente un tercer desconocido llamó a la puerta.

Amor

Amores posibles
El solo hecho de tener ese sentimiento enriquece tu vida, pero ahora se trata de llevarlo a su máximo alcance. La mejor forma de lograrlo es con acciones concretas. Si sientes amor por tus padres, exprésalo con palabras y acciones que los ayuden a estar mejor. Si sientes amor por tus hermanos, comparte con ellos todo lo que tengas. Si tienes cariño por tus amigos practica con ellos la tolerancia y la generosidad. Si tienes una mascota convive con ella, cuídala y disfruta hacerte responsable de su higiene y alimentación. Cuando expresas tu amor con estas acciones la recompensa es inmediata. Por un lado puedes ver que impulsa la felicidad y el bienestar de tus seres amados. Por otro, tu relación con ellos es cada vez se vuelve más fuerte.

Entonces puede hablarse de un amor correspondido: las otras personas estarán dispuestas a hacer por ti lo que tú hiciste por ellas y todos juntos tendrán mayor poder para conquistar metas y proyectos. De esta forma el amor y el cariño son fuentes de energía y crecimiento que permiten a las personas obtener su máximo desarrollo, disfrutar todo lo bueno que ofrece la vida y aprender a manejar sus dificultades. Cuando crezcas hallarás también a una persona especial con la que te gustaría compartir la vida y fundar una nueva familia basada en el amor y la comprensión. No pierdas tiempo: aprende a querer a los demás y permite que los demás aprendan a quererte a ti.

Autoestima

¿Qué haces cuando tienes en las manos algo muy valioso e importante, por ejemplo, un pajarito vivo que rescataste? Sin duda lo tratas con mucha responsabilidad y cuidado. Eso ocurre contigo mismo cuando reconoces tu valor como persona: te cuidas y te proteges para ser cada día mejor, conquistar tus metas y vivir tus ilusiones.
En otras palabras, vas adquiriendo cariño y control sobre tu propia persona. Quienes no lo hacen caen en graves peligros como la tristeza, las actividades peligrosas y el uso de alcohol y drogas. Éstos implican un grave riesgo para la vida y dañan a las personas que no se creen merecedoras de la felicidad.

Nunca olvides que por el solo hecho de vivir (no importa si eres gordo o flaco, rubio o moreno, alto o bajo) tú mereces todo lo mejor, tienes derecho a las máximas oportunidades, al amor de tu familia, la educación, la seguridad, la diversión y el desarrollo de tus capacidades. Por tu gran valor nadie tiene derecho a maltratarte o pedirte que hagas cosas que te perjudiquen. Esta visión puede ayudarte a orientar tus esfuerzos hacia el éxito y los logros personales. Al mismo tiempo aprende a reconocer el valor y los derechos de todos los demás, ¡Ayúdalos a descubrir que ellos, como tú, merecen quererse a sí mismos!

Compasión

Los zapatos de los otros

En el mundo actual cada quien está preocupado por sus propios problemas y a veces se vuelve indiferente al dolor y los padecimientos de los demás. Esa situación se explica porque todos tenemos cientos de asuntos por resolver y vivimos nuestras tristezas particulares. Sin embargo, si ignoramos lo que les pasa a los demás, podemos hacer del mundo un lugar cruel e inhumano. Al mismo tiempo cerramos la oportunidad de que los demás comprendan los males que pueden pasarnos a nosotros. Ejercer la compasión exige el esfuerzo de ir contra el egoísmo y la indiferencia pero es una forma de construir un mundo mejor.

El primer paso es, por un instante, “ponernos en los zapatos del otro”. Por ejemplo, si vemos a un anciano abandonado, sentir por un momento que somos él. Si vemos a un pequeño en situación de calle, vivir por un instante sus dificultades. Pero la compasión no debe limitarse sólo a sentir, debe impulsarnos a cooperar para que esas personas dejen de sufrir. Tal vez nuestro esfuerzo no sea suficiente, pero siempre tendrá algún beneficio. En el mundo abundan las oportunidades para vivir la compasión: desde comprender al amigo que nos cuenta algún problema, hasta participar en un programa de recolección de ayuda para las víctimas de un desastre. Aprovecha esas oportunidades para que tu corazón sea más grande.

Comunicación

El valor de expresarte

Las palabras borran la distancia entre las personas. Muchos medios disponibles hoy día facilitan esa misión: un libro te sirve para conocer qué pensaba la persona que lo escribió hace quinientos años, el teléfono te permite conversar con amigos que se encuentran al otro lado del mundo y la computadora hace posible el intercambio instantáneo de mensajes. ¿Te das cuenta cómo se enriquece tu mundo gracias a las palabras? Entre todos los posibles empleos del lenguaje el mejor es cuando lo usas para vivir los valores.

¿Cómo es posible? El lenguaje deber servirte para expresar lo que sientes, lo que te gusta, lo que no te gusta, lo que te da miedo y lo que te alegra. Se trata de hacerlo siempre con honestidad para que los demás puedan conocerte bien. También debes usarlo para el diálogo. Éste sirve para despertar la solidaridad cuando compartes la misma situación o problema de alguien. También es útil para resolver problemas, conflictos y diferencias con los demás, para preguntarles por qué actuaron de determinada forma o explicarles por qué actuaste tú así: el otro puede ponerse en tu lugar y tú puedes ponerte en del otro, tratando siempre de ser respetuosos y comprensivos.

Esas habilidades se van aprendiendo poco a poco y el proceso se perfecciona con el tiempo. Lo importante es que te atrevas a iniciarlo: que salgas de ti mismo escribiendo, hablando y dando a conocer quién eres, y también que disfrutes y entiendas lo que expresan los otros. La buena comunicación es el secreto para construir una humanidad más feliz y fuerte.

Conciencia

Los buenos duermen bien

El primer beneficio que puedes obtener de planear tus acciones es una “conciencia tranquila”. Cuando actúas de acuerdo con tus valores sabes que cada día te estás esforzando por ser una mejor persona. El otro gran beneficio es para el mundo a tu alrededor: aparte de demostrar respeto por los demás y ponerles el ejemplo, puedes andar tranquilo ya que quien obra según su buena conciencia puede realizar todas sus actividades con seguridad durante el día y descansar tranquilo por la noche.
           
Pero recuerda, el trabajo de la conciencia nunca se detiene y no se limita a la planeación, también se trata de revisar tus acciones. Esta revisión consiste en hacerte preguntas a ti mismo para ver qué dirección le estás dando a tu vida, por ejemplo: “¿Estoy realizando mi mejor nivel de esfuerzo en la escuela?”, “¿Soy comprensivo con la situación y los problemas de mi familia?”, “¿Ayudo a las personas que lo necesitan?” ¡La lista podría ser mucho más larga! Estas reflexiones te dan una idea de tus logros y te sirven para reconocer cuáles acciones o actitudes no son buenas. Si de repente notas que has cometido errores o malas acciones no te preocupes: hay miles de oportunidades para corregir tus defectos y reorientar tu vida.

El trabajo de la conciencia nunca se termina porque el mundo y nosotros mismos cambiamos a diario y siempre son necesarias nuevas respuestas. Por otro lado, toma en cuenta que aunque las personas perfectas no existen, la conciencia y el uso del razonamiento nos permiten ser cada día un poco mejores.

Confianza

A través de este cuento te presentamos un problema ético para poner en práctica este valor.

El regalo del brahmán
 
Existió en la India, hace tal vez miles de años, un maestro llamado Mitra Sharma. Compartía sus enseñanzas y experiencias con todas las personas que se acercaban a él para pedirle consejos. Sin embargo, su mayor problema era que no tenía suficiente confianza en sí mismo y era muy fácil que los otros le hicieran dudar. En una ocasión prestó un importante servicio a un hombre rico y poderoso que, como recompensa, le regaló una graciosa cabrita. Mitra estaba feliz por el obsequio, cargó al animal sobre los hombros y se encaminó a casa. 

Más

Convicción

A revisar las bases

También puede ocurrir que las bases sobre las que construimos nuestra vida no sean firmes. Eso ocurre cuando hemos escuchado mensajes equivocados. Por ejemplo, algunos niños que ven pleitos en su hogar creen que la agresividad es una forma de resolver los problemas. Otros están convencidos de que lo mejor en la vida es tener todo lo que anuncia la publicidad. Unos más están seguros de que para estar bien deben hacer lo que hacen sus amigos. Pero ninguna de esas bases es segura: la violencia genera más violencia; los objetos materiales no traen la felicidad y seguir la corriente a los otros es poner nuestra vida en sus manos.
Revisa tus convicciones para que sepas si son positivas o negativas. Considera, simplemente, si te ayudan a estar mejor y a promover el bien de las personas cercanas a ti, piensa también si podrías recomendarlas a toda la humanidad. ¿Te gustaría más vivir en un mundo con compasión o sin compasión? ¿Prefieres estar rodeado de personas justas o injustas? Cuando distingas que una de tus convicciones es positiva y podría ser buena para todo el mundo, defiéndela; cuando distingas que es negativa, deshazte de ella y busca bases más seguras. Recuerda, además, que también existen creencias y convicciones políticas o religiosas. Aunque éstas son distintas a los valores que hemos mencionado nunca dejes de revisarlas y preguntarte si te ayudan a vivir mejor. Nunca las defiendas con ceguera o fanatismo.

Cortesía

El misterio del bosque

El pequeño Javier era un chiquillo majadero, inquieto y mal modoso. Su mochila contenía un desordenado conjunto de resorteras, piedras, cáscaras de fruta, estampas de alguna colección incompleta y lápices mordidos. Las libretas parecían acordeones, en especial el cuaderno de tareas. No usaba la goma para borrar: se ensalivaba el dedo índice, trataba de eliminar el error frotando el papel con la yema y por eso la libreta estaba llena de agujeros. Éstos se combinaban con manchas de grasa, restos de un pastelillo con relleno cremoso y hasta algunas hormigas muertas.
            —Tienes que cuidar tus útiles —acostumbraba a decirle el profesor.
            —¿A poco tú me los compraste? —le decía Javier.
            —No me hables así, porque voy a reportarte —lo amenazaba el maestro.
            —Pues mejor para mí, así ya no te veré en lo que resta del año —contestaba el niño antes de abandonar el salón azotando la puerta.

Cultura

Señas de identidad

La cultura también tiene una dimensión social para grandes grupos humanos. Es entonces cuando hablamos de “la cultura de un pueblo”. Ésta es la combinación de tradiciones, conocimientos y prácticas que un conjunto de personas ha ido formando a lo largo de los siglos como resultado de varios factores: entre ellos su ubicación geográfica, su medio natural y los episodios de su historia. Cuando hablamos de la “cultura mexicana” nos referimos al esfuerzo de millones de personas a lo largo de los siglos que hoy recibimos como herencia para el presente.
En esa herencia hay muchos elementos, por ejemplo, las pirámides que construyeron los indígenas, la cocina típica de cada estado de la república, la música ranchera, los trajes de charro y China poblana, el ingenio de las personas para luchar por la supervivencia, el uso de la lengua española, la forma de relacionarnos con nuestra familia… La lista podría incluir muchos fenómenos más que tú observas a diario en tu comunidad, donde quizá también hay una cultura especial que la hace diferente a una comunidad cercana.
Así como la cultura individual enriquece a una persona, la cultura de una nación enriquece a todo un pueblo que también puede compartirla con el mundo. Es importante que día a día adquieras conocimientos sobre tu país, tu grupo humano, tu medio social y aprendas a darles el valor que tienen. Piensa que tú y tu país tienen una de las culturas más grandes del mundo y que nadie se las puede quitar.

Dignidad

El soldadito de plomo
Todo empezó con el viejo cucharón de plomo que tenían unos herreros. Decidieron fundirlo y, con el material, hicieron veinticinco soldaditos. Pero el plomo no fue suficiente y a uno lo dejaron sin pierna izquierda. A pesar de eso, le pintaron su uniforme y lo empacaron con los otros en una caja de cartón. Un señor los compró para regalarlos a su hijo.

Disciplina

El orden y la disciplina contribuyen al buen funcionamiento de todo. Si tus padres o tus maestros te indican cuáles son las reglas a seguir, ejerce el valor del respeto y hazles caso. Pero recuerda que no toda la disciplina es obediencia a los demás, también es un compromiso que tú mismo te impones.

Diversidad

La puntada y la costura

La diversidad es un fenómeno característico de la historia y las culturas del mundo, pero también se encuentra en el presente de nuestra sociedad. ¿En qué consiste? Simplemente en que todos somos distintos: existen diferencias de sexo (hombres y mujeres), de edad (niños y ancianos), de creencias (religiosos y no religiosos), de características físicas, orígenes familiares, proyectos e ideas… Sin embargo, a pesar de las diferentes puntadas tenemos unacostura común: somos personas y miembros del género humano. En esa medida nos corresponden los mismos derechos y oportunidades de desarrollo, y las ventajas sólo deben obtenerse mediante el esfuerzo y el mérito individual.

Pero en la realidad las cosas no son así, unos se creen superiores a otros, piensan que sólo ellos valen. Es común que traten de imponer, a veces con fuerza y violencia, sus ideas, creencias y puntos de vista a los demás, a quienes consideran inferiores. Ese peligro se contrarresta con el valor de la tolerancia que significa aceptar a personas o grupos que no son semejantes a nosotros y respetar sus diferencias. Cuando se vive a fondo no consiste sólo en respetarlos, sino en comprenderlos, enriquecernos con sus experiencias y compartir con ellos las nuestras.

¿Ya lo pensaste?

Una de las luchas más importantes en nuestro presente histórico es la construcción de una sociedad democrática, en la que el poder no radica en un individuo, sino en todos los habitantes que participan en la dirección del país. En una sociedad democrática todas las personas que conviven son libres e iguales y establecen sus relaciones de una manera respetuosa y voluntaria. Para construir una sociedad democrática es indispensable reconocer y respetar la diversidad, promover la tolerancia. Cuando no se edifica una verdadera democracia corremos el riesgo de que el poder quede en manos de un grupo que someta y presione a los demás.

Escuela

Abre bien los ojos.

En la escuela hay todo lo necesario para facilitar tu aprendizaje y el trabajo de los maestros: libros sobre diferentes materias, pizarrones, mapas y escritorios… Es un lugar pensado especialmente para eso. Pero el aprendizaje no se limita a las paredes de la escuela. Se extiende a las actividades escolares que realizas en tu casa (como el estudio y la tarea) y también a todos los conocimientos que adquieres por diferentes medios. Puedes aprender escuchando las experiencias y los consejos de tus familiares o platicando con tus amigos. Puedes enterarte de hechos increíbles e interesantes visitando un museo o viendo algún programa sobre animales en la televisión. También puedes aprender algún oficio de tu familia, como carpintería, herrería o plomería, que son otras buenas formas de ganarse la vida.

Esos conocimientos te irán convirtiendo en una persona mejor que comprende el mundo y a las personas que la rodean. Al mismo tiempo, te van dando diferentes habilidades para que tus actividades diarias resulten más fáciles. Por ejemplo, puedes aprender cómo cultivar una planta, cómo preparar algo rico de comer, cómo reparar algo que se descompone en casa o cómo andar en bicicleta… ¡la lista no acaba! El secreto está en abrir bien los ojos, o sea, en ver con atención todo lo que te interesa, hacer las preguntas que necesites y animarte a probar tu aprendizaje con la ayuda de un adulto. Ampliar tus conocimientos es una de las grandes aventuras de la vida.

Ética

Del pensamiento a la acción.
La ética es un trabajo del pensamiento que comprende las acciones tomando en cuenta factores como el medio social, el carácter y las situaciones. Entre más difícil sea el problema, más tiempo tardaremos en comprenderlo. Pero la ética no es sólo una cuestión del pensamiento, también nos enseña que los valores deben aplicarse en las acciones que le dan forma al mundo. Es un proceso que funciona en tres pasos. En el primero detectamos el problema: ¿Qué debo hacer en este caso? En el segundo pensamos en él tomando en cuenta los valores que hemos aprendido, considerando siempre el bien de los demás y nuestro propio bien. En el tercero nos decidimos a actuar. Como resultado tenemos una acción bien pensada que nos deja satisfechos, sabiendo que actuamos de un modo responsable y escuchando la voz de la conciencia.

El mundo de hoy está lleno de mensajes que se contradicen. Por ejemplo, te piden que seas pacífico pero en algunos programas de televisión sólo recibes mensajes de violencia. Te piden que seas honesto, pero conoces historias de personas que se benefician mediante los delitos. Precisamente por eso la ética es hoy tan importante: te sirve para saber cuáles de esos mensajes importan y cuáles no valen la pena. Puedes diferenciarlos bien con el poder de tu razonamiento y descubrir los auténticos valores que harán de ti una mejor persona. Defiéndelos y respétalos toda tu vida.

Éxito

A la medida de cada quien.

Hoy día muchos piensan que ser un triunfador o tener éxito en la vida consiste en poseer casas y automóviles lujosos, dinero y poder sobre los demás. Consideran que todas sus actividades deben perseguir esos objetivos. Para conseguirlos algunos se olvidan de los valores más importantes y se convierten en delincuentes. En otras ocasiones cuando los que piensan así no logran lo que buscan se vuelven tristes y amargados.

En vez de copiar esos modelos de éxito o envidiar los logros de los demás, lo importante es que tú crees tu propio modelo de acuerdo con tu propia vida, tus ilusiones y tus circunstancias. Por ejemplo, un pequeño discapacitado que no puede mover las piernas no debe proponerse ser el mejor corredor del mundo, porque siempre saldrá derrotado. Lo que sí puede hacer es esforzarse un poco más para valerse por sí mismo. Cada logro que obtenga será siempre una victoria única e irrepetible.

El camino al éxito tiene dos secretos más. El primero es saber reponerse de las derrotas pequeñas y grandes una y otra vez. El segundo es no sentirse presionado por lo que los demás esperan de nosotros. Defiende siempre tu libertad, rechaza los castigos crueles y recuerda que el compromiso es contigo mismo: traza tu objetivo, busca tu camino y trabaja poniendo todo tu empeño. Eso y no los premios caracteriza a una gran persona. 

Familia

¿A dónde vas?

El apoyo, el cariño y la protección de una familia es resultado de un trabajo que implica esfuerzo, respeto y autonomía para cada uno de sus miembros que siempre debe tomar en cuenta a los demás. Tus padres deben esforzarse por darte lo mejor que puedan y tú debes esforzarte por aprovechar lo que te den. Tus padres deben respetar tu libertad y tus sueños personales y tú debes respetarlos a ellos como jefes del hogar. La autonomía garantiza que ningún miembro pierda su independencia, pero que pueda apoyarse en su familia para responder a los retos que se presentan en el mundo, más allá del hogar. La familia se convierte en la gran oportunidad de compartir y engrandecer los valores. ¿Cuál es el resultado? Lazos de cariño más firmes y seguros.

Por eso hay que cuidar la familia y alejar todo lo que la pone en peligro. El riesgo más grande no está en la calle, sino en la casa, cuando el respeto se pierde y estalla la violencia: esposos que maltratan a sus mujeres, padres que maltratan a sus hijos, hermanos que abusan y pelean. Evita que ocurran cosas así en tu familia: nunca tengas respuestas agresivas en casa ni aceptes que se te trate con agresividad. Invita a los diferentes miembros a dialogar y resolver con paz sus diferencias. Trabajando así todos serán más felices y, cuando llegue el momento, podrás construir una familia fuerte y segura.

Felicidad

Nadando contra la corriente

Un mundo ideal sería aquel en que todo se ordenara o ajustara para que nos sintiéramos contentos y satisfechos. Pero ese mundo sólo existe en las leyendas y la realidad no es así. Hay muchas circunstancias que se oponen a nuestra felicidad, por ejemplo, las necesidades económicas, los problemas de salud, los conflictos que hay en la familia o en la sociedad. Buscar la felicidad requiere, en buena medida, ir venciendo todos esos obstáculos en una lucha constante que dura toda la vida. A veces esa lucha es muy difícil, pero también tiene una parte muy emocionante: estamos modificando las cosas para sentirnos cada vez mejor.

Algunas personas piensan que conquistar la felicidad es llegar a una situación donde ya no hay problemas. Pero esa situación tampoco existe, cada logro nos abre la puerta de nuevos retos y dificultades que no imaginábamos. El secreto consiste en aceptarlos sin perder nunca la esperanza de que tendremos fuerza e inteligencia para superarlos. Al mismo tiempo, mientras hacemos ese esfuerzo con entusiasmo —y, de preferencia, con una sonrisa— debemos aprender a disfrutar y aprovechar los momentos que despiertan nuestra alegría: un día soleado, una reunión de amigos, las palabras de cariño que nos dicen o las locuras de nuestra mascota que a veces nos hacen reír a carcajadas. Cuando pasen los años sabrás que conquistar la felicidad es, simplemente, esforzarte a diario por estar mejor y saber aprovechar lo bueno que te da la vida. ¡Empieza hoy mismo a buscarla!

Humanidad

Reflexiona: Humanismo y humanitarismo
Hay dos ideas importantes relacionadas con el concepto de humanidad. La primera se llama humanismo y surgió hace unos quinientos años. Nos enseña que el mundo gira alrededor del hombre y sus acciones, pues mucho de lo que pasa en él es responsabilidad humana. Por otra parte, recuerda que los seres humanos poseen valores importantes y útiles y grandes facultades, como el razonamiento, que permite tomar decisiones y transformar el mundo. Los humanistas le dan valor a todas las actividades (cada una tiene su importancia) y rechazan las guerras que ponen en peligro a la humanidad. Consideran que las personas forman una gran hermandad cuyo objetivo es mejorar las condiciones del mundo. La segunda se llama humanitarismo y nos explica que todos somos responsables de la humanidad en su conjunto y por eso debemos ayudar a quienes se encuentren en caso de necesidad. Si volteamos a nuestro alrededor veremos que muchas personas requieren esa ayuda: desde los niños de la calle hasta las víctimas de un desastre natural. ¡Hagamos algo por ellos!

Saber que somos parte de la humanidad es uno de los descubrimientos más emocionantes que hay, pues nos confirma que no estamos solos en el mundo: contamos con los demás y los demás cuentan con nosotros. Juntos podemos trabajar para construir un lugar más feliz y seguro para todos.

Humildad

Reflexiona: Las cosas simples.

La humildad va de la mano con la sencillez que nos enseña a valorar las cosas simples, por ejemplo, la naturaleza, las pequeñas alegrías de cada día, las expresiones de afecto de nuestros amigos y los logros que obtenemos. Muchas personas dejan de apreciar eso y se sacrifican buscando una vida llena de supuestos atractivos como los viajes, los bienes materiales y las constantes diversiones. Nada de eso es garantía de la felicidad, ni asegura el bienestar, ese camino es sólo un laberinto dónde cada vez se buscan cosas más raras y complicadas que nunca nos satisfacen y en ocasiones puede llegar a ser la puerta de entrada a graves problemas como la drogadicción o el alcoholismo. Una persona sencilla es una persona abierta, dispuesta a aprender, que se sorprende con lo que le aportan los demás. Al liberarse de las barreras del orgullo, es capaz de disfrutar y valorar en su medida la riqueza del mundo.

Tú puedes expresar la humildad y la sencillez de mil maneras: habla de forma clara y da la palabra a los demás, no intentes aleccionar a tus amigos, no presumas lo que sabes o lo que tienes con personas que están en desventaja, viste con ropa sencilla, entrénate en tareas como lavar y barrer, adquiere sólo lo necesario y nunca seas necio o caprichoso. Con estos mínimos cambios serás cada día más sencillo y despertarás el cariño y la comprensión de los demás. Tu máximo orgullo será ayudar a los otros y tu mayor muestra de humildad, pedirles su ayuda.

Identidad

Historia Nacional: El nacimiento de México
Todos los países se han construido a partir de dos elementos clave: la definición de su identidad y cultura, y la confianza que depositaron en sus valores y en su futuro. Ese fue también el origen de México.
Cuentan que Aztlán, cuna de la civilización mexica, era una especie de paraíso donde la enfermedad y la muerte no existían. Se supone que estaba en el norte de México —tal vez por Nayarit— en un islote rodeado por un lago donde vivían numerosas garzas. En el paisaje destacaba la vegetación propia de esa zona desértica: cactáceas, magueyes y mezquites. En el centro del islote había una pirámide en cuya cima sobresalía una nopalera cargada de tunas.
 La ciudad fue construida con piedra, barro y fibras vegetales por siete tribus que originalmente vivían en las cuevas de Chicomoztoc. Éstas le dieron su nombre, que significa “tierra de garzas”. Algunas tradiciones describían Aztlán como un lugar tranquilo y placentero, con una sociedad participativa. Los pobladores vestían prendas de manta, disponían de embarcaciones ligeras y practicaban la pesca; su economía estaba basada en el trueque de objetos, como conchas y textiles. El uso de granos de cacao como moneda fue posible hasta que se movilizaron al sur.
El poder de Acamapichtli
Entre los primeros reyes mexicas el más importante fue Acamapichtli, quien se convirtió en monarca en el año 9, Técpatl (alrededor de 1384). A él le tocó asegurar los cimientos de un imperio joven que buscaba definir su identidad. Gobernó por 21 años que se distinguieron por su paz y quietud para el pueblo. Con seguridad construyó los edificios básicos de la Ciudad de México-Tenochtitlan y ordenó sus actividades. Como gran conquistador logró someter a diversos pueblos del valle de México, como Xochimilco, Mizquic y Cuauhnahuac. Al morir no nombró un sucesor y se eligió como nuevo rey a su hijo Itzcóatl, quien fue padre de Moctezuma I. Había iniciado el linaje de los reyes mexicas y el incesante avance de su poderío.

De acuerdo con la leyenda el dios Huitzilopochtli ordenó a los mexicas —también llamados aztlecas o aztecas en recuerdo del lugar— partir en busca de una señal mágica. Tenían que hallar a un águila devorando una serpiente, para asentarse allí y fundar su propia ciudad.
Abandonaron Aztlán alrededor del 830 d.C. y empezaron su viaje hacia el sur. En el camino hallaron obstáculos y enfrentaron a grupos enemigos. Tenían que confiar en sí mismos y guardar la calma para encontrar lo que estaban buscando. Tardaron alrededor de quinientos años en conseguirlo. Cuando llegaron al valle de México, hacia 1325 la zona estaba ocupada por otros grupos y sólo hallaron un lugar en un extremo del lago de Texcoco.
Después de mucho buscar encontraron el tunal, nacido de una piedra rodeada de aguas muy claras. Sobre él estaba un águila real con las alas abiertas y extendidas, tomando el sol de la mañana; en el pico llevaba la serpiente. El ave volteó a verlos y ellos se arrodillaron asombrados por el prodigio. Medio milenio después del inicio de su viaje, habían conseguido su objetivo. Esa imagen es el máximo símbolo de la identidad mexicana y conforma el escudo nacional.

INdependencia

Pueblos y personas.

En la escuela has escuchado hablar de la guerra de Independencia, la lucha encabezada por Miguel Hidalgo para que México (que ya podía valerse por sí mismo) se separara de España y pudiera convertirse en un país libre para disfrutar privilegios y cumplir compromisos. Ese proceso que afectó a todo un pueblo es semejante a la búsqueda de la independencia individual. En lo personal, tienes que adquirir fortalezas para valerte por ti solo. Puedes hacerlo preparándote bien en los estudios, cuidando tu salud y alejando de ti todo aquello que ponga en riesgo tu autonomía, como el alcohol y las drogas. Por otra parte, trata de aprender a diario las habilidades necesarias para vivir: observa cómo trabajan tus familiares, pide que te enseñen a limpiar la casa, a cruzar la calle y a preparar alimentos.

Tu búsqueda de independencia tendrá sus batallas que siempre deben ser amistosas y pacíficas. Debes luchar contra las ideas que otros te quieren imponer por la fuerza, debes oponerte a cualquier castigo o maltrato para obligarte a hacer cosas que no quieres. Por otra parte, si tus padres te protegen excesivamente, hazles entender que te gustaría hacer ciertas cosas por tu cuenta y que también puedes cuidarte solo. Eso no significa que tomes distancia de tu familia; aunque en varios asuntos avances solo, nunca olvides pedir ayuda, dar ayuda, pensar en los demás y compartir con ellos tus logros. Ser independiente significa valorar la importancia de los demás pero avanzar por ti mismo en busca de tus metas.

Iniciativa

La pequeña heroína de Haarlem.

La pequeña Hannah caminaba un día por la calzada de ladrillo que hay en el canal de la vieja ciudad holandesa de Haarlem. Holanda es un país especial: se halla por abajo del nivel del mar y le ha ido ganando terreno a éste. Para ello los ingenieros han diseñado un sistema de diques y compuertas que impiden que el agua inunde ciudades que, como Haarlem, se encuentran en la costa.

Hannah iba cargando una cesta con panecillos de centeno que llevaba a regalarle al anciano señor Harmen, quien vivía a sólo unos kilómetros de allí. En el camino se encontró a su amigo Hans, que conducía un rebaño de gansos desobedientes y peleoneros.
            —¡Hola Hannah!, ¿ya viste qué subidas están las aguas del mar? Esta primavera ha llovido mucho y si no fuera por las compuertas, la ciudad ya estaría inundada —dijo Hans.
            —¡Qué horror! —respondió Hannah— imagínate lo que pasaría. El mar barrería nuestra ciudad y ahorita tú, yo y los traviesos gansos estaríamos diciendo “glu glu” a los peces. 
Los dos niños siguieron caminando juntos entre los tulipanes y los molinos de viento que llaman tanto la atención en el paisaje holandés. Después de cruzar un puente se despidieron y Hannah avanzó hasta la casa del señor Harmen. Compartieron una buena plática sobre sus hazañas en la guerra, comieron pastelillos de centeno y bebieron una jarra de refrescante té negro. El tiempo pasó tan rápido que, cuando Hannah decidió volver a casa, en el cielo ya había estrellas.
            —Me voy corriendo, señor Harmen, mi madre debe estar preocupada —explicó Hannah antes de salir y tomar un camino que pasaba por la parte superior del dique. Anduvo y anduvo y, en el silencio de la noche, llegó a un punto donde escuchó un gorgoteo. ¡El agua se estaba filtrando por el dique! Se agachó a ver y bajo la luz de la luna descubrió una pequeña grieta en la estructura.
Hannah pensó en lo que ocurriría: si seguía entrando por la grieta, el agua socavaría la tierra, empujaría las piedras del muro y el hueco se haría grande. El torrente del mar arrastraría consigo a personas y animales. El desastre estaba a las puertas de Haarlem… 
La valiente chica descendió hasta el punto de la grieta e introdujo en ella su brazo derecho para impedir que el agua siguiera pasando. Gritó pidiendo auxilio, mas nadie la escuchó porque las casas se hallaban lejos y la gente dormía a pierna suelta. Las aguas rugían como una terrible amenaza. Hannah no soportaba más la molestia en el brazo, adolorido por mantener la misma posición en el agua helada. Sin embargo, sabía que si lo quitaba, el agua se llevaría a su casa, a sus padres, al querido Hans con sus groseros gansos y al señor Harmen con todo y recuerdos.
Así pasó la noche. Cuando salió el sol parecía como si hubieran transcurrido siglos y el mar rugía tanto como antes. De repente, ocurrió lo increíble. A paso lento se acercaba un pintoresco carrito lechero tirado por un perro, conducido por Hans y su padre.
            —¡Auxilio, auxilio! —gritó Hannah al escucharlo— hay un escape de agua en el dique. Traigan ayuda para taparlo. 
Mientras Hans y el perro corrían a la ciudad en busca de apoyo, el señor bajó a reunirse con Hannah. Le dio un buen masaje en la espalda, le puso su suéter y, con su propio brazo, tapó el boquete hasta que llegaron decenas de habitantes de la ciudad. Con sus herramientas éstos lograron cerrar la grieta. Un par de horas más tarde Haarlem estaba fuera de peligro. 
Cuando los habitantes supieron que Hannah había salvado la ciudad la cargaron en hombros. Entre los aplausos y las felicitaciones de la multitud llegó a casa donde, llenos de orgullo, sus padres y hermanos esperaban a la pequeña heroína de Haarlem.

Innovación

El viejo alquimista
Hace tres siglos, en el antiguo reino de Birmania, se casó una pareja de enamorados. Wong, el chico, cumplía de sobra con los requisitos impuestos por Míster Wu, el padre de la novia, llamada Su-Yi. El matrimonio era muy feliz, pero a los dos años todo cambió. Wong se encerraba días enteros en su taller, junto al granero. Además cada día gastaba más dinero sin que Su-Yi supiera en qué. Como ambos habían prometido siempre ser sinceros, un día se decidió a preguntarle qué ocurría.
            —¿En qué gastas tanto dinero Wong? ¿Por qué siempre andas desvelado?
            —Soy alquimista, querida —respondió Wong.
            —¿Y qué es eso? —preguntó la esposa— nunca oí hablar de algo así.
            —Estoy indagando la fórmula para convertir cualquier material en oro. He gastado nuestros ahorros para montar un laboratorio y paso las noches leyendo antiguos manuales.
Su-Yi se quedó muy pensativa y, al día siguiente, fue a visitar a su padre para contarle lo ocurrido.
            —¿Conque alquimista… hmmm? Dile que venga a verme porque de joven yo también fui alquimista y hallé el ingrediente secreto para obtener oro —aconsejó el señor.
Intrigado cuando su esposa le narró esto, Wong fue corriendo a ver a su suegro. 
            —¿Cuál es el ingrediente, Míster Wu? Ándele, dígame dígame dígame —le suplicó.
            —El ingrediente secreto —dijo el señor Wu— es el polvito plateado que cubre las hojas de los árboles que dan plátanos. Se necesitan dos kilogramos.
            —¡Imposible: eso exige cientos de plantas! —exclamó Wong.
            —Por eso yo no pude lograrlo, pero tú sí podrás —lo animó Míster Wu.

Wong gastó el último dinero que le quedaba en un terreno. Labró la tierra, y sembró las plantitas de plátano, que cuidaba a diario. Les quitaba los bichos y las hojas secas. Con un fino pincel retiraba el polvillo plateado; pero era tan escaso, que Wong tuvo que comprar más tierras y sembrar más plátanos. Así pasaron años hasta que reunió los dos kilos.
            —¡Lo tengo, lo tengo, lo tengo! —le anunció Wong.
            —Te calmas, te calmas, te calmas. Para enseñarte el método ve corriendo por tu esposa. Los alquimistas necesitan la ayuda de una mujer —le pidió Míster Wu.
            La hermosa Su-Yi hizo su entrada a escena.
            —¿Para qué me mandaste llamar don Míster padre? —preguntó ella.
            —Para que le cuentes a tu don Míster marido Wong qué has estado haciendo con los plátanos de sus árboles —explicó papá.
            —Pues los voy vendiendo y de eso vivimos —aclaró la chica.
            —¿Y guardaste algo de dinero? —quiso saber el padre.
            —Pues claro que sí.
            —¿Y puedo verlo?
            —Desde luego. Pero ni se te ocurra pedirme prestado, porque no eres buen pagador.
Su-Yi fue a la habitación de al lado y regresó con una docena de pesadas bolsas llenas de monedas de oro. Míster Wu las fue dejando caer sobre el piso. Luego trajo un costal de tierra, lo vació y comparó los dos montones.
            —¿Lo ves? —preguntó a Wong— lograste convertir la tierra en oro.
Todos se quedaron callados y luego estallaron en carcajadas al reconocer la inteligencia de Míster Wu. La familia fue próspera y feliz gracias al ingenio de don Míster viejo alquimista que, por cierto, halló la fórmula de recuperar y conservar la juventud (a base de ricos licuados con el polvito plateado) y vive hasta la fecha: él nos contó esta historia.
 
—Cuento tradicional de Myanmar.

Para reflexionar
• ¿Cuál recurso tiene más poder? ¿La magia o el ingenio?
• ¿Qué te pareció el plan de Míster Wu? ¿Piensas que fue inteligente su forma de alecciona a Wong?
• ¿Cuál fue la importancia de Su-Yi en esta historia?
• ¿Por qué crees que los hombres necesitan siempre la ayuda de una mujer?

Inteligencia

La inteligencia emocional.

Muchos especialistas han tratado de definir con precisión qué es la inteligencia. De acuerdo con uno, se caracteriza por la capacidad de adquirir y almacenar información en el cerebro; la capacidad de seleccionar y comparar la información que se recibe y la capacidad de aprovecharla en situaciones reales para tomar siempre la mejor decisión. Por eso es una herramienta muy útil para vivir los diferentes valores; la inteligencia nos permite comparar las consecuencias de actuar de una manera u otra y elegir siempre la acción más positiva.

En los últimos años se ha descubierto que también existe una inteligencia especial relacionada con las emociones. Trabaja de varios modos distintos. El primero consiste en saber identificar tus propias emociones y las de los demás, por ejemplo: “estoy triste”, “estoy contento” o “tengo miedo”. El segundo, consiste en comprender por qué te sientes así o por qué se sienten así los demás: “papá está nervioso porque tiene problemas en su trabajo”. El tercero consiste en manejar las emociones mediante el autocontrol, no dejarte vencer por el miedo o la tristeza y ponerles un límite.

El punto más alto de la inteligencia es cuando combinas tus emociones y tus ideas, las mejores decisiones toman en cuenta lo que sientes y lo que piensas. Escucha la voz de tu razonamiento y la de tu corazón: serás una mejor persona, cada día más feliz.

Justicia

El matrimonio feroz
Don León —todos lo sabemos— es el rey de la selva, y como todos los monarcas, suele ser exigente y caprichoso. Estaba casado con doña Leona, hembra dócil y obediente, pero un día se cansó de ella y decidió entablar un juicio de divorcio en su contra. Solicitó sus servicios al abogado del valle cercano y éste, después de cobrarle una excesiva cantidad, le dio un mal consejo: si declaraba —aunque no fuera cierto— que Doña Leona tenía mal aliento, sería suficiente para obtener el divorcio.
    

Así pues, el melenudo le dijo a Doña Leona: “Mira, hijita, que yo me separo de ti desde hoy y voy a pedir el divorcio, porque tienes aliento de ajos podridos”. Herida en lo más profundo de su vanidad, ella le respondió: “¡Mentira! Las hembras de mi raza tenemos un aliento más agradable y oloroso que el de un cabrito recién nacido.” Muy enojado Don León repuso “pues yo estoy seguro de lo que digo, y te lo puedo probar mediante el juicio de mis vasallos.” Doña Leona, segura de sí misma, le respondió “pues que vengan, y ya verás que ninguna bestia podrá sostener tu calumnia.”

Lealtad

Hombres de bien.
Las buenas personas cumplen sus promesas, aunque las circunstancias y los intereses cambien. Dan el máximo valor a la confianza que los demás depositan en ellas: actúan de la forma que esperan, a pesar de que les resulte difícil. Cuando se comprometen a algo con otra persona están dispuestas a darlo todo sin fijarse en su propio provecho y a tener actitud respuesta valiente y creativa para llevar a cabo la misión que les pidieron. El mejor ejemplo está en la unidad de la familia: los matrimonios fieles se esfuerzan por seguir juntos, aunque a veces tengan problemas y diferencias; los padres fieles se comprometen a hacer lo mejor por sus hijos pequeños y el conjunto se esfuerza para mantener unida a la familia. La misma experiencia puede ampliarse al compromiso que debemos tener con México: ser leales con el país es promover la paz, la justicia, la honestidad y la tolerancia en cada acción.
La lealtad es que no se paga, se corresponde. Si alguien nos ayuda en una circunstancia difícil, no habrá ningún objeto o cantidad de dinero suficientes para darle las gracias. La única alternativa es apoyarlo cuando se vea en una circunstancia difícil, sabiduría que se resume en la frase “hoy por ti, mañana por mí.” De esta forma, la lealtad contiene y lleva al máximo los valores más importantes de la convivencia y es una expresión de amor. Al practicarla no sólo beneficiamos a los demás: también le vamos dando forma a nuestra vida y poco a poco no convertimos en hombres y mujeres de bien.

Naturaleza

El recurso de la ecología

Las grandes fábricas comenzaron a arrojar toneladas de contaminantes al aire y el agua. Los cultivos se volvieron dañinos por el uso de fertilizantes y pesticidas químicos. Muchas especies animales quedaron en peligro de extinción por la cacería y el exterminio masivo que realizaron varias generaciones carentes de civilidad. Hoy vivimos los resultados de esos abusos contra la naturaleza. Los contaminantes provocan enfermedades mortales, el agua potable es cada vez más escasa, el petróleo empleado para producir combustibles empieza a agotarse e incluso el clima del planeta Tierra ha cambiado por los desechos que las fábricas arrojan a la atmósfera. Todo esto fue resultado de que el hombre olvidó que forma parte de la naturaleza.
A mediados del siglo XX varios científicos se dieron cuenta de lo grave que era esa situación, crearon conciencia sobre la importancia de cuidar el ambiente y promovieron importantes campañas para defender las especies en peligro, poner un límite a la contaminación, cuidar el agua y, en general, aprovechar mejor los recursos que ofrece la naturaleza. Su esfuerzo ha tenido algunos resultados importantes, pero quedan muchas tareas urgentes para defenderla. Necesitamos seguir viviendo de ella, pero debemos hacerlo con cuidado y conciencia. La granresponsabilidad está en tus manos. Coopera en la creación de un medio ambiente sano y seguro y recupera el amor por la naturaleza. De ti depende que siga existiendo la especie humana.

Paciencia

La capacidad de resistir

La paciencia también significa soportar con autodominio y serenidad las situaciones que no nos gustan. Puedes tratarse de casos muy sencillos: el radio que tus vecinos ponen a todo volumen, las clases de una materia que te choca o las dificultades para transportarte desde tu casa a la escuela por el tráfico, el calor y la incomodidad de los vehículos. Pero también te sirve para soportar situaciones mucho más difíciles: la carencia de dinero en tu hogar, la enfermedad o los pleitos de tu familia. Muchas personas reaccionan a esas circunstancias con ira o enojo, porque en realidad son débiles, se desesperan y no logran nada. Quienes son pacientes responden con calma e integridad que les permiten pensar en soluciones y tomar mejores decisiones.
No pienses que ser paciente consiste en cruzarte de brazos. Se trata, más bien, de aceptar con valor las pruebas que te pone la vida y tratar de aprovecharlas para progresar y crecer, de ver en cada obstáculo una oportunidad. El ritmo de las cosas no siempre favorece lo que nosotros queremos o planeamos. Las demás personas tienen sus propios planes y problemas y sólo en ciertos casos cooperan con los nuestros. A veces parece que hasta los objetos están contra nosotros: el plato que se rompe, las llaves que se pierden, la tele que se descompone… La paciencia nos permite soportar y, hasta donde es posible, controlar todos esos problemas. También nos ayuda para salir adelante en casos donde no queda nada por hacer, como cuando muere un ser querido. En otras palabras ¡nunca te desesperes! Resiste con calma, piensa estrategias y soluciones, ten paciencia contigo mismo y recuerda que, de esta forma, a cada minuto te estás volviendo más fuerte.

Patriotismo

El héroe que llevas dentro

Desde los primeros años de la escuela nos enseñan a respetar símbolos como la bandera, el escudo y el himno. Conocemos las hazañas de los héroes nacionales, como Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez y José María Morelos que arriesgaron sus vidas por la independencia de México. También escuchamos relatos sobre hechos militares con armas en terribles campos de batallas. Todos ellos nos ayudaron a forjar la patria, el México donde vivimos hoy, y por eso les rendimos homenaje.
Sin embargo, ellos hicieron sólo una parte del esfuerzo. El amor por la patria no se limita ni se detiene en esos grandes momentos, es un sentimiento vivo todos los días que más de cien millones de habitantes debemos poner en práctica constantemente. El primer paso es saber quiénes somos, conocer la historia y la cultura mexicana. El segundo, reconocer cuál es el patrimonio que tenemos como país (desde los recursos naturales hasta las construcciones y el carácter de la gente, su ingenio y resistencia. El tercero es usar esa identidad y ese patrimonio para el bien común: luchar para que todos tengan acceso a las mismas ventajas y oportunidades, reconocer en cada habitante del país a una persona llena de dignidad, indispensable para México.

Una advertencia importante: los buenos patriotas no son intolerantes, aceptan las derrotas en los partidos de fútbol y las críticas constructivas para corregir errores. Además, saben reconocer el valor de otras naciones y culturas. Después de todo, más allá de la patria todos formamos parte de la humanidad y somos ciudadanos del mundo.

Paz

Serenidad por fuera

Las personas que logran estar en paz consigo mismas comunican esa paz hacia el exterior. En primer lugar, ponen el ejemplo: ver a alguien nervioso nos pone nerviosos, ver a alguien tranquilo, nos pone tranquilos. Por otra parte, nunca tienen respuestas agresivas. Cuando alguien es pacífico, no importa que una persona se acerque para agredirlo o insultarlo, nada lo hará perder la calma. Ésa es la primera semilla que se pone para cultivar la paz en el mundo. Si alguien nos desafía a golpes y, simplemente, no respondemos, le estaremos indicando que no es la forma correcta de actuar. Si en la casa alguien nos grita y no le contestamos, le estamos indicando que ése no es un buen modo de hablar.
Aparte de su gran importancia para la vida personal, la paz es la mejor forma de construir sociedades seguras, donde cada quien respete y aprecie a los demás. También es la mejor manera de construir países seguros que puedan desarrollarse y ser cada vez mejores. Cuando los países se enfrentan en guerras todos salen perdiendo: hay muertos, heridos, daños materiales, problemas económicos, hambre y enfermedades. Pero cuando deciden resolver sus diferencias de una buena manera, todos salen ganando. 
Vive la paz en tu interior y exprésala en cada una de tus acciones, evita los conflictos y busca los acuerdos. No te dejes arrastrar por un mundo de ruido y agresividad. Aprende a vivir y responder siempre con calma y  bondad.

Persona

Aceptar las diferencias
Así como la población se cuenta por millones, es común escuchar que “tantos miles” viven en extrema pobreza, mueren de desnutrición o no reciben educación. No hay que guiarnos por las cifras, sino pensar en la importancia de cada una de esas personas por separado, su lucha y sus padecimientos. Cuando tratamos de verlos uno por uno, como en una especie de amistad a distancia, comprendemos mejor las dificultades por las que atraviesan y sentimos una mayorempatía responsabilidad con respecto a ellos No es lo mismo saber que en una guerra murieron veinte mil hombres que pensar en el caso de uno de los soldados que, al fallecer, dejó solos a su esposa y sus hijos. Por ser representante de la humanidad, cada persona vale tanto como ella y el mundo sólo será un lugar bueno y justo cuando todos y cada uno de sus habitantes, persona por persona dejen de sufrir.
Reconocer el valor y la importancia única de cada ser humano es el mejor camino para aprender la virtud de la tolerancia, que consiste en restar valor a las diferencias superficiales y aceptar a quienes son distintos a nosotros. En el mundo de hoy es común que la gente se organice en grupos como las clases sociales, las religiones o los partidos políticos. Lo mejor es recordar que, antes de estar en cualquiera de esos “clubes”, nosotros y los demás somos personas. Eso es lo único que importa.

Responsabilidad

El aprendiz de brujo
En un inmenso castillo vivía un hechicero que se dedicaba al estudio de las fórmulas mágicas. No permitía que nadie fuera a visitarlo y sólo aceptaba la compañía de su joven ayudante, Daniel, un jovencito moreno y espigado que no entendía lo que hacía su maestro.
En una ocasión, el mago tuvo que salir a un largo viaje en busca de plantas para una fórmula secreta. Antes de partir le hizo recomendaciones a Daniel: no debía abrir la torre donde él trabajaba, ni tocar sus libros. También le encargó que limpiara algunas habitaciones del castillo.
—Es una gran responsabilidad, pero sé que podrás cumplirla —le dijo.
Los primeros días Daniel siguió las instrucciones. Pero dos semanas después comenzó a sentir fastidio por las tareas de limpieza. Así que una tarde subió a la torre. Sobre la mesa halló el libro con las anotaciones del mago. Emocionado por pensar podía ser un hechicero, se puso la túnica de éste y, subido en un banquito de madera, comenzó a leer. No entendía las palabras, pero las pronunció en voz alta sin darse cuenta que eran mágicas. De repente, la escoba y el balde se presentaron y se pusieron a sus órdenes.
Daniel se asustó un poco, pero pensó aprovechar la situación. Para limpiar tenía que cargar agua, y le daba flojera. Así que les dio instrucciones de hacerlo.
El balde y la escoba iban y venían, iban y venían. Después de algunas vueltas ya había agua suficiente y Daniel les pidió que no trajeran más. Pero como sólo entendían palabras mágicas no le hicieron caso y siguieron trabajando.
Al cabo de un rato el agua cubría el piso y corría escaleras abajo. Llenó las habitaciones e inundó el castillo pero el balde y la escoba no se detenían. El líquido le estaba llegando al cuello y los objetos del laboratorio flotaban a su alrededor. "¡Auxilio!" gritó el joven aprendiz.
En ese instante apareció el brujo. Vio lo que estaba pasando y pronunció las palabras necesarias para resolverlo. El hechizo se detuvo y pronto todo estuvo bajo control. Instantes después el mago reprendió a Daniel: "Antes que aprender magia y hechicería, tienes que aprender a cumplir con las responsabilidades que se te encomiendan".
—Adaptación de la balada El alumno de magia de Johann Wolfgang von Goethe.

Sabiduría

El laudista
Hace mucho tiempo vivían en Rusia el rey Iván y la reina Catalina. Una mañana el rey amaneció inquieto y, nada más porque sí, decidió hacer la guerra a Nicolás, rey famoso por su crueldad. Iván reunió a su ejército y se embarcaron a la tierra del enemigo. Al llegar iban conquistando todo a su paso. Sin embargo, Nicolás cobró fuerza y las cosas cambiaron. Una semana después Iván y sus oficiales estaban presos en un feísimo calabozo. Como castigo, de día tenían que arar la tierra atados a yuntas y de noche volvían a encerrarlos. 
Así pasaron tres años. En ese lapso Iván se hizo amigo de un celador y le envió una carta a Catalina. En ella le indicaba vender todo y entregar el dinero al malvado Nicolás para que lo pusiera en libertad. Al leerla, Catalina se afligió. "No puedo ir a pagar el rescate pues Nicolás me arrestaría también a mí", pensó, "¿qué haré?". De repente tuvo una idea. Se cortó el cabello, vistió ropa de trovador (un músico ambulante de aquellos días) y salió del palacio. Disfrazada de joven, durante varias semanas caminó hacia el reino de Nicolás, interpretando hermosas canciones. Una vez frente al castillo del malvado entonó una melodía tan dulce que hizo callar a los pájaros. Nicolás ordenó que fuera ante él. 
—Muchacho, tu música me tranquiliza. Canta y toca en mi palacio por tres días y te daré lo que me pidas —le ofreció.
—Así lo haré, majestad —respondió Catalina. Durante los tres días permaneció en el palacio cantando y tocando; al cuarto llegó el momento de partir.
—Usted me ofreció darme lo que yo le pidiera —le recordó Catalina.
—Así es, hermoso joven. ¿Qué deseas? —preguntó el rey.
—Quiero a uno de los presos del calabozo para que me acompañe.
—No hay problema —dijo el rey— vamos para allá. Una vez ahí Catalina identificó a Iván quien, sin embargo, no la reconoció. Muy a regañadientes Nicolás aceptó entregarle al prisionero. Catalina inició su viaje al lado de Iván sin revelarle su identidad. Después de varias semanas, llegaron al reino de ambos.

Salud

La salud en tus manos
Las decisiones relacionadas con tu estilo de vida se refieren a muchos aspectos. El primero es la alimentación: comer muchas grasas, comer demasiado o abusar del azúcar y los refrescos puede hacer que sufras obesidad y dañar tu corazón. El segundo es el ejercicio: la actividad física reduce el riesgo de ciertas enfermedades, hace que vivas más años (y que los vivas mejor) y te ayuda a estar más contento. El tercero es evitar lo que daña tu organismo: el alcohol y las drogas perjudican tu cuerpo y tu mente, el cigarro daña tus vías respiratorias. El cuarto es la seguridad: hay que tener cuidado momento a momento para evitar los accidentes. Hay además otra área importante: más o menos a los once años en tu cuerpo comenzará un proceso que se llama adolescencia. Algunos cambios y sensaciones te harán sentir sorprendido e inquieto. Para cuidar tu salud conversa con tus padres y maestros sobre lo que te está pasando y pregúntales todas las dudas que tengas. Ellos sabrán orientarte.
Una recomendación más. Algunos niños no gozan de plena salud y sufren diferentes tipos de discapacidad: no ven, no pueden caminar o les falta una parte de su cuerpo. Ayúdalos con muestras de amistad y solidaridad. Recuerda tratar a tu propio cuerpo aplicando los mejores valores que ya conoces: integridad, respeto y responsabilidad.

Sinceridad

El mundo donde vivimos a diario es un lugar confuso que nos manda mensajes muy variados con respecto a las acciones humanas. Éstos se contradicen pero todos nosotros tenemos la posibilidad de evaluarlos para distinguir la diferencia que hay entre la verdad y la mentira, entre las promesas que se cumplen y las que no se cumplen, entre el juego limpio y las trampas, entre la fidelidad a un amigo y la traición, entre las acciones apegadas a las propias ideas y las que se aceptan por capricho o conveniencia. La capacidad de reconocer esas diferencias es un ejercicio que debe afinarse todos los días, en cada momento y situación para rechazar los "falsos valores" y fincar una vida segura basada en la honradez y la verdad.


La sinceridad y tú
Ese ejercicio incluye varias tareas que se complementan entre sí y enriquecen nuestra experiencia. La sinceridad nos llama a expresar lo que somos y lo que sentimos, a quitarnos cualquier tipo de máscara y ofrecer al mundo nuestra verdad hecha de proyectos, dudas, emociones y temores. La lealtad implica establecer un compromiso firme y profundo con las personas que, a través de su amistad y cariño, se ofrecen sinceras a nosotros. La autenticidad es el requisito básico de ambas: tener claro quiénes somos y cómo somos y generar con los demás lazos de unión firmes, verdaderos y perdurables que enriquezcan la vida común. La práctica de todos esos valores guarda una estrecha relación con la honestidad y se refleja en la justicia de nuestras acciones: nunca fingiremos algo que no somos para obtener privilegios (como el chacal azul), llegaremos al final del juego aunque vayamos perdiendo.

Sociedad

Reflexiona: "Si tú estás bien, yo estoy bien"
Pertenecer a una sociedad significa respetar una serie de obligaciones. Algunas están escritas por la ley de cada país, por ejemplo, el respeto de la vida y la propiedad ajena; otras no están escritas en las leyes, pero forman parte del trato diario, como la cortesía con los mayores o el deber de ayudar a alguien que necesita nuestro apoyo. A cambio contamos con derechos básicos, como alimentación y servicios de salud, así como las ventajas de las buenas costumbres. Mantenernos en ese orden y perfeccionarlo es nuestra aportación diaria para que la sociedad sea más fuerte y feliz. ¡Tú, a tu edad, ya tienes derechos y obligaciones! La sociedad es como una gran familia, donde el bienestar de cada uno depende del bienestar de los demás.
Las sociedades viven una constante transformación y exigen nuevas actitudes de nuestra parte. Hoy, por ejemplo, estamos en una sociedad que le da al dinero mayor importancia que a todos los demás valores y donde hay, además, gente muy rica y gente muy pobre, alejada de la sociedad y sus beneficios. La actitud que exige es buscar que se respeten valores diferentes al dinero y la riqueza se reparta con justicia. En un aspecto positivo, nuestra sociedad se enriquece con la presencia y las ideas de personas procedentes de grupos muy diversos con otros valores y características físicas que nos dan oportunidad de ejercer nuestra tolerancia. Piensa que tu eres el gran responsable: con cada acción estás construyendo la sociedad donde te gustaría vivir.

Templanza

Reflexiona: La liebre miedosa.
Las liebres corren tan rápido porque siempre andan huyendo de lo que temen. En alemán se dice que una persona tiene "patas de liebre" cuando es muy cobarde. Y nuestra querida liebre Leporela era así. Al escuchar un ruido brincaba y salía disparada.
Una tarde se sintió en especial inquieta porque llamó a su puerta un extraño personaje, muy relamido, vestido de blanco y negro, que cargaba un diminuto maletín. Era un predicador, astuto y mitotero, de la secta Pingüinos del Apocalipsis. Éste le advirtió, falsamente, que el fin del mundo estaba cerca, que pronto habría un temblor y que para salvarse todos deberían viajar a la tierra prometida del Polo Sur: "¡Qué espantoso —se dijo Leporela— me da pánico que el suelo me trague y tenga que vivir con los topos!"
Desde esa noche, para no permanecer en su madriguera, acostumbraba dormir bajo las ramas de un toronjo cargado de frutos y el predicador se le aparecía en sueños. En una ocasión unos malvados monos, miembros de una banda del crimen organizado dedicada al robo de fruta, se subieron a la copa del árbol para apoderarse de las toronjas. Las vendían en el mercado negro a precio de oro pues con las semillas se elaboraban costosas joyas. Cuando huían llevando consigo el jugoso botín dejaron caer uno de los frutos que golpeó el piso. Al sentir el impacto Leporela despertó creyendo que ya había empezado el terremoto y salió huyendo a gran velocidad. En su loca carrera se encontró con Matiana, una liebre mayor y más experimentada.

Trabajo

Reflexiona: Sudor en la frente.
No es tan importante cuál oficio o profesión elijas, sino que la desarrolles con entrega y creatividad: que te conviertas en el cerrajero que haga las mejores llaves, en el arquitecto que construya los mejores edificios, en el policía que cuide con más cariño y honestidad a las personas. Vividas con responsabilidad cada una de estas actividades ayuda a que el mundo marche mejor y juntas dan forma a la sociedad, donde todos necesitamos de todos. En lo individual trabajar bien te da nuevas habilidades y te permite ser una mejor persona, pues es una oportunidad de manifestar valores como la creatividad. Cuando comprendas todo eso, aprenderás a reconocer la importancia del trabajo de los demás con gratitud y generosidad. Ahora eres pequeño y aún no estás en edad de trabajar a cambio de un sueldo. Sería injusto que lo hicieras pues, por el momento, tu tarea es adquirir conocimientos que te permitan trabajar cuando seas grande. Sin embargo, aprende desde ahora a esforzarte por transformar el mundo: ayuda al trabajo del hogar, ayuda a tus padres o hermanos en su oficio y aprende de sus experiencias. Cuando estés bien cansado y sientas gotas de sudor en la frente, siéntate a disfrutar tu esfuerzo. Saber que te ganaste el pan de hoy es una de las mayores alegrías de la vida.

Urbanidad

Reflexiona: Detalles para todos los días.

En siglos anteriores se escribían libros enteros sobre los buenos y los malos modales. Sus reglas eran tantas y tan complicadas que la gente se confundía y vivía temerosa de cometer faltas de educación. Hoy todo es mucho más sencillo y se resume en dos palabras: cuidado y cortesía. El cuidado consiste en considerar nuestra dignidad como personas y la dignidad de las demás. Eso significa mantener un excelente aspecto personal, procurar que nuestra ropa esté limpia, que nuestro lenguaje sea correcto y cordial. También consiste en dedicar atención a los aspectos más comunes de conducta en la casa y la escuela: comer con limpieza, esperar nuestro turno en la fila, saludar a maestros y compañeros y mantener nuestras cosas en orden. No se trata de que haga las cosas a fuerzas, sino de que demuestres a los demás que tienes consideración por ellos y que esperas una consideración semejante. Ser amable es tener pequeñas expresiones de amor para que la gente te ame. 

La cortesía consiste en dar un poco más de lo que marcan nuestras obligaciones para que la vida sea más grata: cederle el paso a otras personas, ofrecerle nuestro lugar a un anciano, decir "con permiso" cuando nos cruzamos en el camino de alguien, ofrecerle una sonrisa a los demás y resolver con paciencia y corrección los pequeños problemas que se presentan todos los días cuando convivimos en la sala de la casa, la estación del metro o el centro deportivo. Cada uno de estos pequeños detalles nos ayuda a hacer del mundo una gran casa ordenada y limpia en la que todos nos sentiremos a gusto. La oportunidad de embellecer esa casa está en tus manos. Empieza hoy mismo, por favor.