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CIUDAD DE MÉXICO, México, Jun. 13, 2004.- Dicen que el tiempo pasa volando, pero quizá esa opinión no la compartan los seguidores de Pumas a quienes desde el pasado domingo que se enteraron que su equipo jugaría la final del futbol mexicano, la semana fue igual de eterna que los 13 años que tuvieron que esperar para volver a disfrutar un título.
La esperanza de cada uno de los aficionados por ser parte de este triunfo se vio reflejada en el apoyo durante todo el torneo, aspecto que en este partido fue ingrediente fundamental para alentar al plantel a que no les fallara nuevamente.
Cada quien vivió la final a su modo. Desde el pasado lunes se respiraba en Ciudad Universitaria un ambiente de fiesta, pues cada aficionado buscaba de cualquier manera obtener un boleto, ya que nadie quería estar fuera de esta celebración.
Pera quienes afortunadamente alcanzaron una entrada no se sentían del todo seguros de vivir en carne propia este partido, y la prueba fue que desde las ocho de la mañana ya eran largas las filas para ingresar al Estadio Olímpico Universitario, el cual estuvo custodiado por un fuerte dispositivo de seguridad ya que a los alrededores se encontraban elementos de la policía cuidando que no sucedieran actos de violencia que alteraran el evento.
En lo que abrían las puertas, los revendedores intentaban vender los boletos que tenían en su poder, los cuales tenían un costo desde los 500 pesos hasta los 1000 pesos como lo comentó uno de estos vendedores a un aficionado que se le acercó a negociar y a quien no convenció a pesar de decirle “en serio compara, allá están más caros, ya propón, dime cuanto das, con ganas ya para que te lo lleves”.
Fue hasta las 9:00 en punto cuando la gente pudo ingresar y a partir de entonces las gradas del inmueble empezaron a tomar vida. Faltaban dos horas y el lugar ya lucía casi lleno, el azul y oro eran los colores predominantes. Sólo una de las cabeceras estaba pintada de rojiblanca, eran las porras de Chivas encabezadas por “la Legión”.
Mientras se acercaba el momento del silbatazo inicial, los "Goyas" empezaron a retumbar en el estadio, y en el campo la belleza de las edecanes que agitaban su cuerpo al ritmo del merengue, arrancaba suspiros a más de uno en la tribuna.
Pero no sólo ellas estaban presentes en la cancha, también “Goyo”, la mascota de los universitarios, se encargó de crear ambiente en lo que los equipos que ya se alistaban en sus respectivos vestidores saltaban a la cancha para protagonizar el último combate del torneo.
De pronto los integrantes de Chivas salieron al campo a calentar y la respuesta por parte del público fue la esperada, rechiflas y mentadas de madre fue lo que prevaleció durante más de 20 minutos que estuvieron presentes los del Rebaño Sagrado previo al juego.
Pero esa situación no inmutó a ninguno de los rojiblancos e incluso Adolfo Bautista parecía como si estuviera solo en lugar, y hubo un momento en el que se separó de sus compañeros y fue a la portería norte a besar los postes. Todo un rito sin duda por parte del delantero mexicano.
Faltaban cinco minutos para la hora acordada del arranque del partido, y el equipo universitario saltó a la cancha. De las gradas aventaron papeles de colores como muestra del inicio de la fiesta tan esperada por los más de 50 mil personas que asistieron al “Estadio Olímpico Universitario”.
Varias personalidades asistieron a este evento, entre las que destacaron Rafael Márquez, Joaquín López Dóriga, el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, Carlos Slim, entre otros, quienes estuvieron en el palco de honor.
Después de que se escuchó el himno nacional mexicano, se procedió a entonar el himno universitario, momento en el cual la afición de Chivas dio la espalda a la cancha, mientras que Hans Westerhof veía con asombro la forma en que los aficionados con orgullo participaban en la tradicional ceremonia.
Ya con 15 minutos de retraso, Gilberto Alcalá anunció el inicio del partido y a partir de entonces se vivieron casi tres horas de angustia. Donde las emociones estuvieron a flor de piel. Aunque el ánimo de los aficionados estuvo siempre al rojo vivo pues los cánticos como el ¡Cómo no te voy a querer, si mi corazón azul es y mi piel dorado siempre te querré!, no dejaban de sonar en el estadio.
El tiempo transcurría y ninguno de los dos equipos era capaz de romper el 0-0. Cuando se presentaba alguna oportunidad los porteros de ambas escuadras frustraron la caída de su respectivo arco.
Cada técnico envió sus respectivos cambios, pero uno muy notable y comentado entre el público fue la salida de Marioni, quien al ver en los cartones del cuarto árbitro su numero estalló en rabia y a punto estuvo de dirigirse al vestidor a desquitar su coraje, pero Del Olmo le hizo entrar en razón que tenía que apoyar al equipo.
Hubo un joven ya un tanto alcoholizado que dijo – Que no manche Hugo, porqué saca al Barullo y mete a ese pinche chaparro del Iñiguez-, la opinión fue compartida por sus acompañantes quienes lo único que los mantenían en pie era la ilusión de ver campeón a su equipo.
Hacia el final del segundo tiempo extra el hombre que más admiración se mereció fue Sergio Bernal, pues cuando un tiro de Chivas estuvo a punto de entrar a la portería felina, el portero universitario hizo acto de presencia y sacó el balón devolviéndole el alma al cuerpo de los presentes que callaron por un instante.
El ambiente se tornó aún tenso cuando llegó el momento de los penales. Pumas acertó los cinco tiros mientras que Rafael Medina, el último hombre de Guadalajara en disparar no supo controlar los nervios que le provocó toda la multitud que lo abucheaba y pasó lo que la mayoría deseba, mandó el balón por encima de la portería.
En ese momento se vieron las dos caras del deporte. Los seguidores de Chivas al igual que los jugadores abandonaros el lugar, conteniéndose el sentimiento de frustración que les provocó la derrota ante el que fue durante todo el torneo, el equipo que más goles anotó, el que menos recibió y el que más gente convocó a los estadios.
Mientras que los futbolistas de Pumas corrieron a la cancha, se abrazaron y derramaron lágrimas de alegría. Marioni por ejemplo no podía hablar de la emoción que le provocaba ese momento.
Otros como Francisco Fonseca, Gerardo Galindo, José Luis “Parejita” López, Joaquín Beltrán y demás compañeros, se acercaron hacia la tribuna del pebetero en donde gritaron con todo el alma un Goya en compañía de sus porras, y en especial de la “Rebel”. En cambio Aílton mostraba con orgullo una camiseta dedicada a Jorge Vergara, claro burlándose del dueño de Chivas.
Al término de la premiación y luego de la vuelta olímpica en la que los jugadores mostraban con orgullo el trofeo, los aficionados que por cierto mostraron un buen comportamiento pues no provocaron actos de violencia, fueron abandonado poco a poco el estadio y a las afueras de este, se arremolinaron para comprar una camiseta que seguramente lucirán a partir de mañana lunes, las cuales había de varios modelos pero las más solicitadas eran las que decían “Gatito ni madres” y “Hecho en CU”.
Cerca de las cinco de la tarde, el silencio se volvió a apoderar del Estadio Universitario, en el que prevalecerá por un buen rato el eco de las cerca de 50 mil gargantas que vitorearon el triunfo del equipo de sus amores, mientras los jugadores de éste disfrutaban en el vestidor el título en compañía de sus familias.
¡Felicidades Pumas por todo el esfuerzo demostrado durante el torneo!