Los brasileños, cargados de historia, tuvieron un plus sensacional con la venida de Edson Arantes Do Nascimento, mejor conocido como Pelé, para muchos el mejor jugador de todos los tiempos, quien presenció el choque ante Chivas. Pero el cuadro xeneize no careció de apoyo y en su juego ante Atlas, contó con el respaldo en la tribuna del sensacional astro Diego Armando Maradona, el otro grande que se disputa el trono mundial con el genio brasileño.
Desde el punto de vista meramente futbolístico, usted tendrá su favorito y los argumentos en pro y contra de cada uno de estos dos fenómenos; pero la diferencia fundamental entre ambos, estriba en el aspecto humano.
Surgidos de cunas muy humildes, Pelé supo encumbrarse por encima e incluso a pesar de su mísera infancia para convertirse en el ejemplo a seguir para millones de jóvenes en todo el mundo.
Su capacidad atlética, el arte en el manejo de la pelota y su sencillez hicieron posible el nombramiento de “O Rei”, con el que se le conoció desde 1958 cuando, con apenas 17 años, asombró al mundo del balompié.
Tras su retiro, luego de haber pasado por ser el embajador de la incipiente Liga profesional en los Estados Unidos, ganar tres Copas del Mundo y anotar más de mil goles, Edson logró acuerdos comerciales ventajosos para sí y para las firmas que lo patrocinaron hasta lograr levantarse de una bancarrota propiciada por un amigo y socio infiel, amasando una verdadera fortuna.
Diego se enriqueció rápidamente producto de contratos millonarios; pero nunca dejó el arrabal. En mi opinión: ha sido, sigue siendo, un pobre mental.
Sin avergonzarse de donde viene, el ser humano debe tener la capacidad de reinventarse a sí mismo y en el caso de Maradona, la miseria lo sigue a donde va.
Baste recordar que de todo lo que ha sido acusado, fue probado, desde los hijos procreados fuera de matrimonio, hasta el consumo excesivo de alcohol y drogas, pasando por fiestas de trasvestidos y disparos a los periodistas.
Pelé no ha sido, digamos una “blanca paloma”; pero su ropita sucia la ha lavado en casa y sus divorcios, broncas familiares y hasta un hijo en prisión no han sido carnada para el escándalo.
La gran diferencia entre los dos grandes radica en el carisma y la inteligencia; mientras uno las tiene, se sabe manejar, vender, ser amable y caer bien, el otro se empeña en ser irreverente, petulante, hablar de todo y de todos, frecuentemente mal y andar por el mundo “centaveando” por aparecer en eventos, escudándose en Agentes y Representantes de mala fama y peor reputación.
En fin, que bueno que vinieron y ojala regresen, Maradona con su cinismo y Pelé con su manejo de las relaciones públicas.
Nada más una cosa: ¡Quítenle al “Rey” ese saquito rojo, por favor!