Fue una grata experiencia asistir a un juego de grandes ligas
Foto: Mexsport
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Gran Espectáculo



por: Arturo Brizio Carter
Fuente: Televisa Deportes




Espero sepan disculpar, amables lectores; pero hoy me abstendré de comentar el insulso encuentro entre México y China jugado en Seattle, Washington, para dar paso a una experiencia sensacional.





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En primer lugar, los aficionados al futbol estarán de acuerdo conmigo que este partido no debió ni siquiera jugarse; el aporte de un rival tan malo resulta mínimo, incluso en las circunstancias en que Jesús Ramírez hace su debut como Técnico, con un equipo formado al vapor, nula conjunción y escaso apoyo federativo.

Imagínese que tuvo que pasar una hora de tedio, para que Osvaldo Sánchez tocara su primer balón con las manos.

Pero bueno, lo que quiero compartir con ustedes, es la inolvidable experiencia de haber asistido al Safeco Field el martes por la tarde para presenciar el encuentro de Béisbol entre los equipos de Kansas City y los locales Marineros de Seattle.

El simple hecho de estar en un juego de Grandes Ligas, es de suyo un agasajo; pero si, además, se festeja un aniversario del debut de un monstruo llamado Jackie Robinson; pues el asunto adquiere dimensiones mayúsculas.

Para las nuevas generaciones es importante puntualizar el inmenso aporte de este pelotero a la industria del llamado “Rey de los Deportes”; ya que fue el primer pelotero de raza negra en ser admitido en un club de la Gran Carpa y así, romper una barrera que iba mucho mas allá del aspecto meramente racial.

El 15 de abril de 1947, un luchador deportivo como Robinson, saltó al diamante del Ebbets Field para jugar el primero de muchos juegos en Grandes Ligas y hoy, a 61 años de distancia, ese ejemplo de pundonor, valentía y humildad, sigue iluminando la vida de cientos de miles de personas.

Enfundado en la franela de los Dodgers de Brooklyn, Jackie demostró no solo lo absurdo de la segregación racial; sino que ante los ojos de Dios, peloteros súper dotados como él o simples obreros, oficinistas o amas de casa, tenían el derecho a pelear por una existencia digna. Es en este aspecto que quiero dimensionar la hazaña de este jugador sin par.

Obviamente los patrones blancos de Jackie no eran ningunas hermanas de la caridad; veían en los jugadores de color un filón de riqueza inmenso y que había que explotar a la brevedad, presentando a un atleta de excepción como adalid.

Pero estoy seguro que Jackie así lo entendió y asumió el compromiso de abrir el portón y dejarlo franco para que negros y latinos inundaran de frescura y talento el mejor Béisbol del mundo.

Mi estancia en el parque de pelota en Seattle fue como de niño en juguetería; pues todo se me antojaba y quería probar, al grado de parecerme insuficientes nueve entradas.

El juego en si fue divertido, ganaron los Marineros a los Reales, pude ver en acción al relevista mexicano Joaquín Soria y la pizarra final fue de 11 a 6.

Sin embargo, lo mejor de todo este gran espectáculo fue saber que en un día como hoy, con el numero 42 en el uniforme, como lo portaron todos los peloteros, un hombre solitario y sencillo, fue capaz de ir en pos de un sueño y ese ejemplo de vida, me conmovió hasta las lagrimas.

Gracias, Jackie Robinson, por esa lección de coraje.


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