Sin embargo se nos olvida ponernos a reflexionar que los sistemas y métodos imperantes en el balompié mexicano, promueven la mediocridad. Torneos en donde al décimo lugar de la tabla general se le da la oportunidad de calificar, vía un absurdo repechaje, con opción de llegar en un buen momento y poder (como ya ha ocurrido) ceñirse la corona.
Una convocatoria para la Copa Libertadores en donde no asisten los campeones y tras una “pachotada” llamada Interliga, surgen dos o tres oncenas que representarán a nuestro país en el prestigiado torneo intercontinental sin merecimiento alguno.
Con reglas “como la del menor” en la que se obliga a los equipos a debutar jóvenes futbolistas, a la de afuerza, muchas veces sin estar lo suficientemente preparados, sólo por cumplir, ante la amenaza de perder puntos en “la mesa”.
En un futbol donde los puestos clave, los que construyen el juego y los que meten los goles son en su mayoría foráneos y las más de las veces de mediana calidad.
A todo esto hay que agregarle que el representativo nacional es conocido como el “equipo de todos” no por el apoyo unánime que recibe; sino por la gran cantidad de jugadores que son convocados en cada proceso para vestir la casaca verde.
Un lugar donde los promotores son los amos y señores del balón, llevando y trayendo técnicos, congelando jugadores, convirtiéndose prácticamente en “el cártel del soccer” y lo más grave de todo, coludidos con aquéllos que elegantemente se les llama: “la gente de pantalón largo”, en turbias negociaciones.
Un deporte en donde los árbitros que “pitan” los partidos estelares, no son los que mejor desempeño han tenido; sino aquéllos que son sorteados en una lotería, llamad rimbombantemente “el ordenador”, que dicho sea de paso, nadie sabe bien a bien, cómo funciona.
En donde el presidente de la H. Comisión de Árbitros, no fue silbante.
Con una Comisión Disciplinaria, al servicio de intereses mezquinos, que castiga “ejemplarmente” y luego, “ante un jalón de orejas”, reduce las penas impuestas originalmente.
Una Comisión de Selecciones de pacotilla, que no asume responsabilidad alguna ante los fracasos.
Un lugar donde la planeación es una palabra que se ha borrado del diccionario, en donde el trabajo a largo plazo, no existe. Paraíso de los mediocres y extranjeros.
Lo bueno es que en una actividad plagada de mediocridad, Hugo Sánchez, fue el “chivo expiatorio” y el único que… pagó los platos rotos.