Al margen de que le anularon un gol legítimo a Chivas, en las postrimerías del encuentro por supuesto fuera de lugar, que por cierto privó a Omar Bravo de obtener su gol cien, vistiendo la camiseta del rebaño, me quiero referir a otra jugada. El marcador se encontraba empatado a cero goles, cuando Gabriel Pereyra, delantero azulgrana, llevaba la pelota rumbo al arco enemigo aproximadamente por la media luna. El “Maza” Rodríguez, defensor tapatío, punteó el balón hacia su portero Michel, quien lo tomó entre sus manos. El silbante Manuel Glower de inmediato sancionó tiro libre indirecto en contra del “rebaño sangrado”, en virtud de que consideró que el balón le había sido devuelto al arquero “intencionadamente”.
La historia ya la conoce usted estimando lector, en el cobro del castigo, dentro del área penal, cayó el gol de la quiniela que mandó arriba al equipo local.
Me llamó mucho la atención que la mayoría de los “expertos” en futbol, hayan considerado la sanción como inobjetablemente adecuada; toda vez que para mi gusto, la acción del “Maza”, corresponde más que a una pretensión de cederle el balón a su guardameta, a una jugada muy futbolera que buscaba ante todo despojar de la posesión de la pelota a su adversario.
Efectivamente, la ecuación es: pié del defensor + intención + manos del portero, igual a tiro libre indirecto. No hay duda de que el pie del Maza y las manos de Michel hicieron su aparición, lo que me parece sumamente cuestionable, es la intencionalidad de la acción.
La esencia del futbol, es precisamente eso, una lucha constante por la posesión del balón. Creo firmemente que los instructores arbitrales de la FMF, deberían enseñar a sus subordinados que siempre que haya una disputa de balón, como por ejemplo en una barrida, será muy difícil tener la certeza absoluta de que la intención del defensor, sea violar el espíritu de las reglas de juego.
Para fraseando a Alberto Cortez les diré que: “Aquéllos que no tienen fantasía, no podrán entender… es muy complejo”.