Ajos, cebollas y poros

 
 
 
por: Gabriela Casavantes
Fuente: Agencias
 

Distintos estudios han confirmado que estos vegetales ofrecen numerosas virtudes protectoras y curativas para la salud

 

Se usan como condimento o ingrediente menor, pero por sus virtudes protectoras y curativas deben consumirse en mayor cantidad. Gran parte de sus beneficios viene de las sustancias sulfurosas que les dan su característico sabor picante y aroma fuerte.

Las investigaciones médicas han confirmado que el ajo, la cebolla, la cebolleta, el cebollino y el poro benefician la salud de muchas maneras. Para la doctora Marta Aranzadi, directora del Centro de Nutrición Diet Catering, de Madrid, "pocas verduras ofrecen tantas virtudes a tan bajo precio como el ajo y la cebolla. Además forman parte de todo el recetario occidental".

Sus múltiples beneficios

Diversos estudios médicos han confirmado que estos vegetales:

Previenen el cáncer. Las personas que consumen abundante ajo y cebolla tienen menor riesgo de cáncer de piel, estómago, hígado, colon, pulmones y cuello de útero. También bloquean las sustancias cancerígenas que se forman en el estómago al comer alimentos conservados con nitratos, como los embutidos. El ajo contiene compuestos contra los tumores, y la cebolla gran cantidad de antioxidantes.

Protegen el corazón. La cebolla ayuda a reducir el nivel de colesterol, a mantener limpias las paredes arteriales y a evitar que se endurezcan las arterias y se produzcan infartos. El ajo contiene anticoagulantes que mantienen la sangre fluida, actuando como aspirina. El poro también protege la salud cardiovascular al reducir el colesterol, la densidad de la sangre y el riesgo de que se formen coágulos.

Benefician a la mujer. El ajo fortalece a las células afectadas por los estrógenos, hormonas femeninas que se relacionan con el cáncer cervicouterino y de seno. Además ayuda a adelgazar la sangre, evitando que se formen coágulos, lo cual es conveniente para las mujeres que toman la píldora.

Fortalecen las defensas. El ajo es útil para eliminar las úlceras, además de las bacterias, hongos y gérmenes que causan muchas infecciones.

Favorecen la digestión. El ajo, la cebolla y el poro son beneficiosos para los vasos sanguíneos, activan la secreción de jugos gástricos, son un arma contra bacterias y hongos y favorecen a la flora intestinal.

Mejoran la diabetes. La cebolla es útil para los diabéticos porque de forma similar a la insulina del páncreas, ayuda a reducir el exceso de azúcar en la sangre.

Y mucho más. El ajo ayuda a disminuir la hipertensión arterial. La cebolla tiene propiedades diuréticas muy útiles para quienes tienden a retener líquidos. Además, en ciertos trastornos del aparato respiratorio facilita la expectoración, calma la tos y reduce la irritación de las vías respiratorias.

¿Cuánto consumir?

Según un estudio de la Universidad de Pennsylvania en Estados Unidos, comer de 1/3 a 1/2 diente de ajo a la semana cuida los intestinos y puede reducir en un 50 % el riesgo de cáncer de colon, y consumir una cebolla mediana al día reduce el riesgo cardiovascular y el colesterol en un 15% (igual que si pasas de una dieta alta en grasas a una baja en grasas).

Para aprovechar mejor sus virtudes, debes ingerirlos diariamente, crudos o poco cocidos, ya que fritos o asados pierden sus propiedades saludables.

Ajo: un remedio picante

* Escógelo bien: Escoge siempre cabezas gordas, duras y sin manchas. Consérvalo bien protegiéndolo de la humedad y del aire.
* Digiérelo mejor: Si el ajo crudo te produce malestar estomacal, ingiérelo con otros alimentos, picado o machacado y quitándole el germen del centro.
* Elimina el mal aliento: Suaviza el aroma de tu aliento al comer ajo, masticando un poco de perejil, una manzana, un grano de café o chupa un clavo de especia o cáscara de naranja. Evita beber vino blanco cuando comas ajo, porque intensifica su olor.
* Modérate: Evita consumirlo en exceso, porque en personas con predisposición puede ocasionar trastornos gástricos o disminuir la presión arterial.

Cebolla: capas de salud

* Escógela bien: Siempre huélela para asegurarte de que no esté descompuesta. La cebolla blanca debe ser dura. En las de cambray que vienen en manojo cuida que las de adentro no estén pasadas.
* Digiérela mejor: Córtala en rodajas, espolvoréalas con sal, déjalas macerando durante 5 minutos, enjuágalas y agrégalas a la ensalada.
* Para que no te haga llorar: Antes de cortarlas caliéntalas 20 segundos en el microondas o déjalas 15 minutos en el congelador.
* Suaviza su sabor: Macera los trozos de cebolla cruda por dos horas en jugo de limón o aceite de oliva.
* Elimina el mal aliento: Después de comerla cruda, mastica unos cuantos granos de café.
* Precaución: No guardes una cebolla ya partida, porque puede oxidarse y volverse nociva.

Poro: un medicamento verde

* Escógelo bien: Elígelo recto, blanco, de consistencia firme, no demasiado gordo, y con hojas cerradas, verdes y brillantes.
* Aprovéchalo al máximo: Cómete su piel y su parte más verde, porque ahí se concentran las sustancias nutritivas.
* Límpialo bien: No siempre es fácil eliminarles la tierra, por lo tanto déjalos remojar en agua caliente por 5 minutos.
* Precaución: Una vez cocidos, no los conserves en el refrigerador porque se les crean sustancias nocivas.

 

 
 
 
Consúmelos diariamente, crudos o muy poco cocidos.
Consúmelos diariamente, crudos o muy poco cocidos.
Foto: AP
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