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Albercas en casa
por: Metroscubicos.com
Fuente: EsMas.com

Ahora que ya tienes tu casa, prepárate para decorarla. Además, infórmate que tienes que hacer para acondicionarla.

Sinónimo de diversión

Tener una alberca en nuestra casa puede ser fuente de una diversión infinita. Representa días largos y llenos de sol, los niños jugando, comidas con los amigos los fines de semana, veranos que transcurren junto al agua.

Aunque estemos en pleno Distrito Federal, o junto al mar, tener una alberca en casa puede ser una aventura, y una vida de vacaciones eternas.

Pero lo cierto es que una alberca puede representar un gran número de responsabilidades, gastos, e incluso riesgos. Sin embargo, un adecuado mantenimiento y un mínimo de precauciones nos puede ahorrar estos malos ratos y permitirnos disfrutar de nuestra alberca sin problemas.

Seguridad

La mejor forma de disfrutar su alberca es no permitiendo que sus seres queridos corran riesgos. Sobre todo en el caso de los niños. Tenga esto en mente, ningún salvavidas, ningún artefacto de flotación, ni siquiera la presencia de un adulto protege a sus hijos tanto como el que sepan nadar. Si usted desea tener una alberca en casa, ésta es la primera y más importante medida de seguridad.

Cuidando una alberca

Básicamente, las hay de dos tipos; cubiertas y descubiertas. Las que están al aire libre siempre son más difíciles de cuidar que las cubiertas, por la simple y sencilla razón que están expuestas a múltiples factores del medio ambiente, factores que casi siempre escapan a nuestro control. Hojas de árbol, insectos, polvo, basura. Además, están supeditadas a cambios climáticos tales como elevadas temperaturas, heladas, o la lluvia. Por eso, si usted tiene una alberca al aire libre, es importante que realice inspecciones visuales, y que, remueva la presencia de bichos, hojas, basura, y cuide de cubrirla si no va usarla durante un periodo de tiempo largo.

A la hora de dar mantenimiento a su alberca, hay tres factores básicos que considerar; temperatura, acidez y nivel de cloro.

Temperatura

La única manera de controlar la temperatura de una alberca es por medio de una caldera. En las albercas profesionales y en los hoteles las hay enormes y su mantenimiento está en manos de técnicos especializados. Para una casa particular, lo mejor es contratar los servicios de mantenimiento de un experto, porque el manejo de la caldera es complicado y requiere de conocimientos específicos.

Para calentar una alberca pequeña, existe la opción de una “caldereta”. Son calderas de menor tamaño que también tienen una menor capacidad. Sin embargo, son más fáciles de manejar y suficientes para una alberca casera.

La temperatura debe comprobarse cada seis horas. Después de ese lapso, ésta cae a razón de un grado centígrado cada hora. La temperatura más adecuada varía según las necesidades del usuario. Por ejemplo, para un nivel de entrenamiento para competencia, debe mantenerse entre 28 y 29 grados. Pero para que la usen los niños pequeños (particularmente los bebés) se debe mantener a 31 grados. Hacer deporte acuático en una alberca demasiado caliente genera el efecto de correr en una sauna, pero meter a un niño pequeño en una alberca fría puede causar todo tipo de enfermedades respiratorias.

Acidez

Lo que mide la acidez del agua es lo que conocemos con el nombre de P.H. Se puede medir por medio de un comprobador (o indicador). Los comprobadores profesionales son aquellos en los que aparecen los niveles no sólo del P.H., sino también de otros factores como cloro, la dureza, la alcalinidad. Los comprobadores más sencillos, o caseros, miden únicamente el P.H. y el nivel de cloro.

El P.H. debe oscilar entre el 7.6 o el 7.4. Si alcanza unos niveles más altos, se le puede bajar con un producto de nombre “Acidet”. Y en caso contrario, si caen los niveles del P.H., se puede hacerlo subir con “Alkalin”. Ambos son polvos compuestos por varios tipos de sales y de sulfuros.

Nivel de cloro

El cloro constituye el desinfectante por excelencia de una alberca. Es lo que elimina los residuos corporales como el sudor, la orina, y cualquier otra materia orgánica dejada por los usuarios. Por eso, es vital mantener el nivel de cloro necesario par que esta labor de desinfección se realice.

En el caso de una alberca semi olímpica, la medida necesaria de cloro es de 4kg. Evidentemente, esta medida puede variar considerablemente dependiendo del tamaño y profundidad de su alberca. Para determinar el nivel de la suya, es mejor guiarse por los comprobadores o por el técnico que se encargue de cuidarla.

Un error común es considerar que cuando la alberca despide un profundo olor a cloro es a causa de un exceso de este material. Es justo lo contrario. Una de los compuestos que se presentan más frecuentemente en las albercas es la Cloromina. La Cloromina consume el cloro y genera el olor. Un fuerte aroma a cloro denuncia la presencia de este fenómeno. La Cloromina causa pequeñas enfermedades como irritaciones en nariz, piel, ojos.

Cuidar una alberca requiere mucha más información que la que estamos proporcionando en este artículo. Sí usted quiere saber más al respecto, le recomendamos que consulte a un técnico especializado. Sin embargo, y a pesar de que nuestras recomendaciones distan mucho de ser totales o exhaustivas, el mantener estas tres variables (nivel de cloro, temperatura y acidez) en equilibrio, hace mucho más sencillo cuidar y disfrutar nuestras albercas.



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