Plantas de “días neutros”: no les afecta en nada cuánto dura la luz del día. Entre las plantas de este tipo están el tomate y el clavel, entre otras. Temperatura
La temperatura, la luz y la humedad son factores que deben estar en constante equilibrio y existe la ventaja de que pueden compensarse entre sí, por ejemplo: A falta de temperatura se puede elevar más la humedad y la luz; a falta de luz, se deben elevar la temperatura y la humedad. De este modo se alcanzarán niveles ambientales adecuados para que la planta pueda vivir y crecer.
La temperatura adecuada para una planta es aquella que le permite llevar los distintos ciclos de desarrollo y varía según el tipo y origen de cada una. Sin embargo, para la mayoría de las plantas de interior la temperatura para la siembra y la germinación suele ser de 16 a 25°C y para la reproducción vegetativa (quitar una porción de la planta para trasplantarla) es de 18 a 26°C. Las plantas jóvenes necesitan una temperatura de 3 a 5°C más que las maduras. Cuidar la temperatura es muy importante ya que la falta de calor retrasa el crecimiento provocando que las hojas se hagan amarillas.
Humedad
La humedad depende directamente de la temperatura y es sumamente importante para el mantenimiento de las plantas de interior. Por ejemplo, una temperatura muy elevada hace que la humedad disminuya ocasionando que la planta experimente una evaporación de agua de sus partes altas, que el crecimiento sea más lento, que las hojas se enrollen y se caigan y que las flores o frutos se sequen. Antes de regar cualquier planta es importante revisar la tierra de la superficie de la maceta para ver el grado de humedad que posee. Una planta está bien regada y no necesita más agua cuando al tomar un poco de tierra entre los dedos se siente húmeda pero al presionarla no gotea.
Riego
El riego adecuado es lo que mantiene en buen estado a la planta y para llevarlo a cabo es importante tomar en cuenta la temperatura ya que entre más elevada sea, la evaporación es mayor y la planta necesitará más agua. En otoño e invierno, que es cuando hace menos calor, lo adecuado es no regarlas demasiado.
La cantidad de agua también depende de la especie y la edad; las plantas jóvenes deben regarse seguido pero con poca agua a diferencia de las adultas que requieren de grandes cantidades de agua pero con intervalos largos entre uno y otro riego.
Cabe mencionar que generalmente las plantas de interior experimentan menos evaporación y por consiguiente requieren menos agua, excepto cuando se cuenta con calefacción ya que provoca una sequedad excesiva.
El agua para regar las plantas debe estar templada y limpia. Si en el lugar donde reside el agua es demasiado dura, lo mejor es hervirla para reducir el nivel de óxido de calcio y de cloro.
Alimentación y abono
Durante la fase de crecimiento, las plantas requieren mayor alimentación, de lo contrario no se desarrollarán adecuadamente y la floración será escasa. Para evitar que esto suceda, agregue de 5 a 6 gramos de abono granulado o en polvo por cada kilo de tierra.
Tipos de abono
El abono de fondo es el que se utiliza al momento de preparar la mezcla de tierra, para hacer este tipo de fertilización se recomienda adquirir los abonos complejos que existen en el mercado pero deben ser sólidos, de grano fino o en polvo con el fin de que se puedan distribuir fácilmente a la hora de preparar la tierra. También puede abonar sus plantas utilizando sales simples de nitrógeno, fósforo y potasio.
Tenga cuidado de asesorarse para conocer exactamente los requerimientos de su planta ya que si excede la cantidad de abono puede dañar las raíces e incluso marchitarla. Por lo general, las plantas verdes necesitan más nitrógeno y las de flor requieren de más potasio y fósforo, especialmente en los meses más fríos.
Cuidado y mantenimiento
Las plantas interiores son susceptibles a ataques relacionados con causas ambientales, ventilación inadecuada, falta de aseo, riego excesivo así como por plagas de insectos y enfermedades causadas por hongos, virus y bacterias. Para que sus plantas siempre estén sanas y en buen estado le aconsejamos lo siguiente:
- Elimine cualquier tipo de mala hierba de la tierra ayudándose con un tenedor, esto permite que la planta crezca un poco más.
- Humedezca un lienzo o un algodón y limpie con mucho cuidado el haz y el envés de las hojas y después los tallos.
- Si la planta está llena de polvo, primero límpiela con un paño seco y después con otro húmedo.
- Para eliminar el polvo de los cactus pequeños basta soplar fuerte sobre ellos y si son grandes hágalo con la ayuda de un fuelle.
- Si nota que alguna de sus plantas tiende a crecer deforme, enderécela con un palito de caña, con alambres o bastones de musgo.
- El aseo también consiste en quitar todas las flores marchitas y las hojas secas o maltratadas.
- Evite que las corrientes de aire den directamente sobre la planta.
- Para contrarrestar la falta de humedad en el ambiente puede agruparlas o colocarlas sobre un plato con agua y piedras.
- Si va a trasplantar alguna planta, hágalo en su época de crecimiento (de marzo a octubre) y colóquela en una maceta cuyo diámetro sea aproximadamente 10 cm más grande que la planta. Una vez trasplantada, el riego tiene que ser más espaciado y si utilizó tierra abonada, déjela descansar un mes antes de abonarla de nuevo.