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CIUDAD DE MÉXICO, México, jun. 18, 2003.- Para Harry Potter, su escoba era uno de los objetos más importantes y valiosos, pues con ella juega al quidditch y podía volar a alturas impresionantes con una velocidad increíble. Pero... ¿sabes cuál es el origen de estos peculiares artefactos?
Históricamente, la mayoría de las escobas voladoras que han sido reportadas son montadas por una mujer, pues es el medio de transporte más famoso entre las brujas... aunque no siempre fue así. Entre los años 1450 y 1600, cuando se creía en el poder de la brujería, se reportaron casos de brujas volando por los cielos a la medianoche montadas en cabras, bueyes, ovejas, perros y lobos, así como en palos y palas. Las escobas se convirtieron en su vehículo preferido, debido al tradicional papel de las mujeres como amas de casa.
Según la tradición, se creía que las brujas salían volando de sus casas por la chimenea. También se decía que ellas pueden caer de sus escobas con el sonido de campanas de iglesia. A principios del siglo XVII, en un pueblo de Alemania, se temía tanto a las brujas en sus escobas voladoras que por un tiempo el gobernador ordenó a todas las iglesias que sonaran sus campanas continuamente del crepúsculo al amanecer.
Pero, ¿realmente las brujas podrán volar? Esta ha sido una gran discusión, especialmente durante los años más intensos de persecución de brujas. Muchas mujeres, a lo largo del tiempo, han confesado tener poder para volar. Además, en un pasaje de la Biblia, se describe el poder de Satanás para transportar a Jesús a través del aire, por lo que (según opinan algunas personas) si el diablo puede hacer esto, seguramente puede darle este poder a las brujas que lo sirvan.
Otros científicos afirman que las brujas conocían una poción especial para volar, con la que cubrían su escoba y sus propios cuerpos, hecha con plantas y hierbas que crecían en sus jardines. Se sabe que algunas plantas provocan alucinaciones y una sensación de volar, por lo que dicen que las brujas creían que volaban, mientras dormitaban en sus cocinas y despertaban con la certeza de haberlo hecho.
Ah, qué brujitas... por lo menos barrían bien el cielo, ¿no crees?