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CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 19, 2004.- En un principio no había libros tal y como los conocemos ahora. Los antiguos egipcios, por ejemplo utilizaban el papiro (que es una planta muy bonita, alargada, y con un enorme mechón de hojas, que le da aspecto medio despeinado). En estos papiros, ellos escribían todo lo que les pasaba; y también anotaban las cuentas del reino. (Los que se dedicaban a escribir se llamaban: escribanos).
Al cabo de los siglos se decidió que el pergamino se podía utilizar por ambos lados, y se le llamó: códice.
Pero fíjate que los chinos ya sabían cómo fabricar el papel a partir de los troncos de los árboles; y más tarde en 1600 los árabes (que también eran muy dedicados y les gustaba mucho escribir), aprendieron a fabricarlo.
Y esto desató un afán por escribir, porque al hombre le fascina registrar todo lo que ve y lo que le sucede. En la época medieval surgió una gran interés por el saber; pero los libros eran escritos a mano. Los frailes en los conventos, se hicieron famosos porque copiaban grandes volúmenes con todos los conocimientos que venían desde la antigüedad.
Pobrecitos, se la pasaban escribiendo. Hasta que se inventó la imprenta y entonces los libros fueron impresos y ahora sí... ¡a darle la vuelta al mundo!, llevando el conocimiento a todas partes.
A pesar del Internet, de la televisión y del cine... un libro sigue siendo el mejor compañero; lo puedes abrir cuando quieras, cerrarlo cuando quieras... y ya lo sabes, es una llave que te abrirá la puerta del mundo.
¿Y a ti qué te gusta escribir?