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CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 23, 2004.- Fíjate que la mayoría de los inventos han comenzado en un sueño o en la imaginación de sus creadores.
Desde que el hombre existe sobre nuestro redondo y querido planeta, siempre ha querido volar tan alto o más que las aves; por eso es que se han fabricado inventos de máquinas voladoras que han funcionado ¡de maravilla! como el primer avión que fue diseñado por los hermanos Wright en el siglo XX.
En aquellos años se creía que para poder volar se debía imitar a los pájaros y emplear materiales más ligeros que el aire, como lo es el humo. ¡Imaginate! Se pretendía algo así como un avión hecho de humo.
Pero imitar el vuelo de las aves no es tan absurdo. Durante años se ha estudiado la forma en la que nuestros amigos los pájaros planean, se dejan llevar por las corrientes y vuelan aprovechando el viento; también se ha probado con diferentes materiales para dar con la clave perfecta para poder volar con facilidad.
En el siglo XII, el inglés Roger Bacon, que era muy inteligente, concluyó que el aire podía soportar un elemento como el mar puede soportar un barco y no tenía que ser hecho de humo sino de metal. (Le atinó, ¿verdad?)
Pero para que aparecieran los aviones tal como los conocemos, tuvieron que pasar muchas cosas y mucho tiempo. En el siglo XVI Leonardo Da Vinci anticipó varios diseños que después se llevaron a cabo como el helicóptero y el planeador además de contribuir con la aplicación de hélices y paracaídas a los inventos del momento.
Así vemos que el avión es el resultado de la aportación de cada uno de sus inventores y es que cada idea es importante y debe tomarse en cuenta, lo mismo que cada sueño y cada forma de pensar, porque, como dice Pélix, el trabajo en equipo ¡siempre resulta mejor!