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Uno de los tantos aspectos que resaltan del pontificado de Juan Pablo II es el amor que ha presentado a los niños.
Para él, ver que un niño sufre las consecuencias de los actos de los adultos es algo realmente aterrante y condenable, pues son seres sin culpa alguna que llegan a este mundo a sufrir.
Para Juan Pablo II, los niños del mundo pueden ser muy buenos misioneros y difundir la luz de la solidaridad, sobre todo donde las tinieblas de la pobreza, el dolor y la guerra se hacen muy densas. Pueden iluminar un nuevo horizonte lleno de paz y de verdad, la cual es posible y no sólo está en los sueños, para ello hay que educar a los niños y demostrarles que la violencia no es buena, sólo ocasiona dolor y sufrimiento innecesario, por tal razón hay que eliminarla de la vida. En un boletín dedicado para los niños misioneros, el Papa les dedicó estas líneas:
“Como los pastores, acudamos a Belén,
quedémonos en adoración ante la gruta,
fijando la mirada en el Redentor recién nacido.
En Él podemos reconocer los rasgos
de cada pequeño ser humano que viene a la luz,
sea cual fuere su raza o nación:
es el pequeño palestino
y el pequeño israelí;
es el bebé estadounidense
y el afgano;
es el hijo del hutu
y el hijo del tutsi...
es el niño cualquiera,
que es alguien para Cristo.
Hoy pienso en todos los pequeños del mundo:
muchos, demasiados son los niños
que nacen ya condenados a sufrir, sin culpa,
las consecuencias de conflictos inhumanos.
¡Salvemos a los niños, para salvar la esperanza de la humanidad!
Nos lo pide hoy con fuerza aquel Niño nacido en Belén,
el Dios que se hizo hombre,
para devolvernos el derecho de esperar.”
Palabras muy emotivas que llevan un fin, esperemos que realmente logren su objetivo que es hacer recapacitar a todos en el dolor innecesario que los niños tienen en su existencia, además hacer comprender al adulto que hace guerras tontas y pelea, mata y destruye sin un objetivo que valga la pena. Claro está que ningún problema es tan grande como para matar a tantísima gente y hacer sufrir a esos pequeños seres inocentes que no alcanzan a comprender porqué son condenados a no sonreír y jugar sin temer que en cualquier momento pueda caer una bomba, llegar los soldados y arrasar con todo o correr hacia un campo minado sin que ellos sepan que encontrarán un desenlace fatal.
Todo es cuestión de comunicación y de buena voluntad de aquellos que llevan a grandes ejércitos a una guerra sin fin.
Solo nos retas esperar a que recapaciten y las palabras del Papa lleguen a su corazón y se den cuenta de todo el mal que hacen.