Casi todos los vegetales que conocemos obtienen sus alimentos del suelo, del agua y del aire, pero hay algunos que... ¡comen carne! Aunque tú no lo creas. En efecto las plantas carnívoras no solo son producto de la imaginación de quienes hacen películas de terror, en verdad existen y además de los alimentos que consumen otras plantas, estas añaden a su menú insectos como moscas y mosquitos, gusanos acuáticos, maripositas, hormigas y algunas hasta han disfrutado de uno que otro renacuajo o rana que se cruza en su camino.
Las plantas carnívoras o insectívoras existen en todo el mundo, de hecho hay alrededor de 400 familias, de todos tamaños, colores y para todos los sabores. Las más pequeñas miden 1 cm. Y las más grandes pueden llegar a medir hasta 3 metros de alto, aunque hay algunas que alcanzan hasta 10 metros de altura como la Nepenthes.
La ventaja de estas curiosas especies, es que por más carnívoras que sean, por ser plantas no se pueden mover para atrapar a sus presas, por lo que han desarrollado otras mañitas para poder lograrlo. Algunas tienen colores muy atractivos, aromas irresistibles y hojas muy sensibles, por las que, apenas se posa en ellas un insecto ¡zas! la flor se cierra rápidamente y el bichito termina en ella sus felices días.
Venus atrapa moscas, Arco Iris, Rueda de agua, Lirio cobra, Rocío del Sol, Sacacorchos, Garra de diableo, Copa de Mono son algunos de los nombres de estas exóticas y raras plantas
En México, la planta carnívora más común es la pinguicula, o col de mantequilla, de hojas pegajosas como matamoscas y gran atrapadora de insectos. Otra es la planta de jarro, llamada así por la forma que tiene.
La planta de jarro tiene hermosos colores y despide un aroma penetrante que atrae a los insectos que acaban metiéndose en la trampa. El “jarro” se los traga poco a poco y los digiere gracias al líquido digestivo que produce.
Pero como en todo, siempre hay un adversario difícil y si bien, las plantas jarro pueden comerse cualquier insecto, hay una arañita roja a la que no pueden devorar porque teje una tela al borde de la hoja y lejos del líquido fatal, así cuando los insectos se acercan y caen en sus redes, aprovecha el botín y se lo arrebata a la planta que no puede hacer nada para impedirlo. En fin, como dice el dicho “Nadie sabe para quien trabaja”.