Editorial Ariel CIUDAD DE MÉXICO, México, mar, 2004.- La decisión de Estados Unidos de iniciar la guerra contra Irak se fundamentó en la idea de que el régimen del ahora preso Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, apoyado por organizaciones terroristas, lo cual representaba una amenaza para la estabilidad del mundo. La justificación de la guerra fue sostenida con el argumento de que Irak no había cooperado con la resolución 1441 de la ONU, la cual demandaba un reporte completo del régimen iraquí sobre las armas de destrucción masiva.
Las dudas del ataque basadas en el uso ilegal de la fuerza, despertó en varios países la oposición a la decisión de Washington. A través de manifestaciones contra la guerra y los debates intensos entre los expertos internacionales se sostuvo esta posición.
México en el mundo: En la frontera del imperio es un libro de análisis que ensalza esta visión, gracias a la colaboración de 26 notables líderes de opinión y catedráticos del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) que analizan y proponen las medidas en política exterior que ha de adoptar México frente al país del norte y las nuevas potencias en dicho escenario.
Como integrante del Consejo de Seguridad de la ONU, a México le correspondió desempeñar un papel en extremo delicado, pues entraron en juego consideraciones tan importantes como las repercusiones en la agenda bilateral con Estados Unidos.
La negativa de México frente al ataque en Irak prevaleció con el fundamento de que la amenaza presentada por el régimen de Saddam Hussein podría solucionarse aplicando métodos distintos al uso de la fuerza, con instrumentos multilaterales y, más aún, utilizando cabalmente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas.
Ello le ganó a México la aceptación entre otros países líderes, sin embargo, salieron a flote las deficiencias en el organismo internacional de la ONU por su incapacidad para garantizar la paz y la seguridad, así como resabios históricos y campañas populares intercontinentales alrededor del mundo.
Justo en este momento en que se reconstruyen nuevos bloques de líderes, las políticas exteriores mexicanas y latinoamericanas deben abrir sus horizontes a países del Viejo Continente, que en mayo agrandará su territorio con la unión de 10 nuevos miembros, y aprovechar su posición estratégica en el mapa, para redefinir su casi única relación bilateral con Estados Unidos por el multilaterismo.
Al adaptarse a una nueva realidad europea, México obtendría diversificación en la política exterior, podría fortalecer y ampliar sus redes comerciales y abrirse espacio en los debates y foros multilaterales, entre los que se encuentra una reforma integral de la ONU. Ello constituirá el eje de una estrategia orientada a convertir el país en un actor global.
De tal manera, la preocupación de Estados Unidos por cubrir la faz de la tierra con su manto imperial de prevención y apropiación petrolera, no afectará tan directamente en sus imposiciones a México, y así podría recuperar sólo aquellas negociaciones de mayor importancia.
La necesidad de hallar un contrapeso mundial para Estados Unidos y la conveniencia de diversificar las relaciones de México con una estrategia claramente definida desde el Senado de la República, son tan sólo algunas de las consideraciones que los analistas examinan oportunamente y con un lenguaje accesible, para todo aquel que desee entender los dramáticos cambios mundiales en curso.
México en el mundo: En la frontera del Imperio es sin duda una excelente visión de lo que el actual escenario mundial exige a la diplomacia mexicana, gracias a su análisis dividido en cuatro áreas de interés: “Días imperiales”, “En la frontera del imperio”, “Fuera del radar” y “Asignaturas pendientes”.
Tal como lo presenta el coordinador Rafael Fernández de Castro, el volumen permite deliberar sobre los temas apremiantes del acontecer mundial y el lugar que ocupa el país dentro de esos dinámicos escenarios desde una perspectiva mexicana.