CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 31, 2004. - A mediados de 1959, se funda el grupo terrorista que ha sembrado muerte, sangre y terror en la vida sociopolítica de España contemporánea: “Euskadi Ta Askatasuna”. ETA son las siglas que dividen radicalmente a la nación ibérica hasta nuestros días, asegurando la permanencia de una ideología y forma de resistencia, que lejos de morir en el caótico contexto de la Segunda Guerra Mundial y la dictadura franquista, se mantuvo viva hasta derivar en violentas proporciones jamás imaginadas: el separatismo vasco.
Los comienzos de este movimiento social, político y cultural son oscuros y complejos, ya que la nación vasca - ubicada al norte de la Península Ibérica y conformada principalmente por ciudades como Bilbao, Barakaldo, Sestao, entre otras- no participó activamente en el proceso político y gubernamental para unificar a España en un sólo país. El pueblo vasco - según su versión de los hechos - fue el testigo de una anexión territorial y nada más.
Así, los vascos mantuvieron invariablemente sus costumbres y prácticas sociales, entre las que destacan “el ordenamiento foral”, una antigua forma de organización política arraigada mucho tiempo atrás, además de la lengua (ikastola), la educación y el desarrollo cultural. Sin embargo, la autoridad oficial española pondría orden y aplicaría sus normatividades a todas las regiones que gobernaba sin restricción. Era el siglo diecinueve.
En este momento histórico, nace el 26 de enero de 1865, Sabino de Arana y Goiri, figura máxima del sentir nacionalista vasco, quien determinara el rumbo de las primeras acciones por la independencia y la autonomía de dicha región. Este líder infundiría entre sus “compatriotas”, la esencia que sostiene el nacionalismo vasco: las profundas diferencias entre los vascos y el resto de los españoles, desigualdades que comienzan con simples hábitos higiénicos y finalizan con comparaciones racistas.
Frases como “El vizcaíno es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo, los quintos) o si es apuesto es tipo femenil (ejemplo, el torero)” o “El vizcaíno no vale para servir, ha nacido para ser señor ("etxejaun"); el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo”, son claros ejemplos de una ideología unilateral e intolerante.
Pese a esto, tras años de influir la cultura española sobre el pueblo vasco a través del intercambio económico y las migraciones laborales, así como por las autoritarias medidas políticas aplicadas contra este Arana, éste percibió el final del sueño autónoma declarando, ante sus seguidores en el “Partido Nacionalista Vasco”, la imposibilidad de la independencia vasca. Evidentemente, una gran mayoría de los seguidores de Sabino de Arana disentirían de aquella decisión, continuando la batalla por su autonomía e independencia, en otros frentes políticos durante todo el final del siglo XIX y principios del XX, aunque de una forma débil y apagada.
El movimiento separatista vasco volvería a resurgir el año de 1952 con “Euzko Gaztedi Indarra”, una institución que tenía sus raíces en el partido fundado por de Arana. Euzko Gaztedi Indarra pasaría por varias fusiones y alianzas hasta el año de 1957, cuando es expulsado José María Benito del Valle, que junto a Julián Madariaga Aguirre y José Luis Álvarez Emparanza, fundarían E. T. A, cansados de la lucha independentista a través de un diálogo político que les parecía agotado, pero ante todo, convencidos de la necesidad de tomar las armas para lograr el triunfo y la separación definitiva de la nación vasca.
Sin embargo, ETA atentó contra una sociedad que no era la culpable. ETA, incapaz de organizar una resistencia armada formal y acaso justa, eligió el terror, la injusticia y la rabia como una efectiva estrategia de lucha, que por el contrario, ha sido todo un fracaso, el fracaso del terrorismo frente a una España que no se ha roto y que lucha por cerrar sus heridas sin que jamás deje cerrado el olvido.
Actualmente, son pocos los vascos simpatizantes de ETA. La mayoría de la población, a pesar de apoyar una separación definitiva de España, no acepta ni aceptará las formas del miedo que el grupo terrorista propone.