Haga clic aquí para ver el micrositio de Elecciones en EU CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 2005.- La toma de posesión del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, para un segundo mandato, con un costo de 40 millones de dólares, estará coronada por desfiles y festejos de marcado patriotismo, pero también por numerosas protestas.
La investidura presidencial será la primera después de los atentados de 2001 y se llevará a cabo bajo medidas de seguridad sin precedente que incluirán misiles antiaéreos, los cuales han sido desplegados en las proximidades del Capitolio, junto con 10 mil agentes policiales, cierre de calles y garajes públicos en el centro de Washington, equipos de francotiradores y una extensa zona de restricción aérea.
Los misiles, del tipo Avenger, fueron desplegados sobre vehículos ligeros "Humvee" en varios puntos estratégicos de la capital estadounidense y pueden ser utilizados contra cualquier avión sospechoso o que se desvíe del espacio aéreo restringido de Washington.
Las autoridades de aviación anunciaron una extensión del espacio aéreo restringido en torno a Washington hasta un radio de 36 kilómetros de distancia de los tres aeropuertos que sirven a la capital estadounidense.
Bush será juramentado en las escalinatas del Capitolio, por lo que los asistentes e invitados especiales deberán contar con pases especiales y serán distribuidos en la explanada verde que conecta a la Casa Blanca y el Congreso, donde habrá retenes electrónicos para inspeccionar a los asistentes.
De acuerdo a un informe elaborado por el FBI y el Departamento de Estado, “la inauguración puede ser un blanco atractivo" para la red terrorista Al Qaeda para la que un ataque a Washington sigue siendo su objetivo número uno.
GASTO EXCESIVO
Washington se prepara para los bailes, desfiles y fiestas, que a un precio de 40 millones de dólares celebrarán la investidura de Bush, pero numerosos críticos los consideran excesivos y de mal gusto cuando el país está en guerra.
Los festejos durarán tres días e incluirán nueve bailes de gala el jueves, a los que acudirán hasta 250 mil personas, y cenas a la luz de las velas reservadas para los individuos de amplios bolsillos que donaron más fondos a la campaña electoral de Bush.
También se celebrarán desfiles, un concierto juvenil y un desayuno de oración.
Habrá, en definitiva, pompa y vestidos de gala por doquier, aunque los texanos podrán usar botas con el smoking en uno de los bailes, que como los otros será visitado brevemente por Bush y su esposa Laura.
Los 40 millones de dólares que costarán las fiestas serán aportados por empresas y ciudadanos, pero además, la intensa seguridad, que incluirá el despliegue de 6 mil policías y 7 mil soldados, añadirán 100 millones de dólares a la factura.
Para algunos, ese alto precio y el clima de festejos no son adecuados cuando miles de personas sufren en los países afectados por el maremoto en Asia y en Irak siguen muriendo soldados estadounidenses.
No es sólo la cuantía, sino también el origen del dinero lo que está provocando controversia. El comité que organiza los festejos ha divulgado una lista de 800 "donantes principales", que han aportado entre 25 mil y medio millón de dólares.
Entre ellos están gigantes empresariales como AT&T, Exxon Mobil, Ford, Time Warner, Marriott y FedEx.
Para algunos es una muestra de la influencia en la Casa Blanca de las empresas e individuos que promueven intereses muy particulares.
PROTESTAS
Grupos pacifistas, anarquistas, feministas y religiosos esperan concentrar a miles de personas para protestar contra lo que denominan la "coronación" de George W. Bush mañana, jueves, para un segundo mandato.
La investidura del presidente es tradicionalmente un acto durante el que los estadounidenses olvidan sus diferencias y celebran la democracia, y los que protestan no suelen llegar al millar. No será así esta vez.
El grado de movilización de grupos y jóvenes en todo el país augura unas manifestaciones "sin precedentes en tamaño y alcance", según James Hudnut-Beumler, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Vanderbilt y un experto en movimientos de protesta.
Existe un "sentimiento profundo" de oposición entre un gran número de estadounidenses que ven la guerra en Irak como una "equivocación inmensa y un error moral", señaló.
Actualmente, tan sólo un 52 por ciento de los ciudadanos aprueban el trabajo de Bush, una tasa muy baja en comparación a la que lograron otros presidentes en vísperas de su segundo mandato, como Bill Clinton (60 por ciento) o Ronald Reagan (68 por ciento).
Además, un 58 por ciento reprueban la gestión de Bush en Irak, según la última encuesta del diario "The Washington Post" y la cadena "ABC".
El acceso de los inconformes al evento se verá reducido a una sección de la ruta de tres kilómetros del Congreso a la Casa Blanca que recorrerá el desfile inaugural.
Se les ha prohibido portar pancartas o señales y temen no poder tirar huevos como en 2001 a la caravana de vehículos en la que irá Bush, por lo que planean ponerse en primera fila y simplemente darle la espalda cuando pase.
Activistas en contra de la guerra en Irak cargarán ataúdes y se tumbarán sobre la nieve en representación de cadáveres.
Se celebrarán actos de protesta para todos los gustos de las tribus de rebeldes que han llegado a Washington, desde una vigilia en un centro budista y una sesión de poesía, hasta un concierto de hip-hop contra la guerra.