CIUDAD DE MÉXICO, México, may. 2, 2007.- El aborto es la finalización de un embarazo antes de que llegue a término. Existen distintos métodos para inducir un aborto dependiendo del momento en que se encuentre la gestación, pero en las primeras 12 semanas los más comunes se dividen en dos grupos: los quirúrgicos y los farmacológicos.
Entre los quirúrgicos, el más empleado hoy en día es la aspiración, a el recurre más del 85% de las mujeres estadounidenses que deciden someterse a un aborto. Esta técnica consiste en extraer el producto aplicando succión a través de una cánula que se introduce por el cuello de la matriz a la cavidad uterina. El procedimiento puede realizarse con un aspirador eléctrico o una bomba manual.
Un método quirúrgico mucho menos socorrido es el legrado uterino instrumental, mediante el cual se vacía el contenido del útero raspándolo con curetas (un instrumento médico empleado para la realización de un legrado uterino).
En el caso del aborto farmacológico, se administran medicamentos, de preferencia en los dos primeros meses de gestación, encaminados a expulsar el producto. Los dos esquemas empleados con mayor frecuencia son la administración de la mifepristona, llamada píldora abortiva, que impide que la progesterona, que es la hormona responsable de crear un ambiente propicio en la matriz para el crecimiento del producto, cumpla con su función y la combinación de metotrexate y prostaglandinas.
El metotrexate es empleado en la quimioterapia contra el cáncer y acaba con la vida del producto, mientras que las prostaglandinas generan contracciones uterinas que lo expulsan. Entre las complicaciones más frecuentes del aborto farmacológico figura la hemorragia, por lo que es recomendable que se realice en un medio hospitalario y en caso necesario se recurra a la aspiración.