Emiliano Zapata, héroe revolucionario mexicano
  Nació en Anenecuilco, Morelos, en 1879, y murió asesinado en Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919.
Es el más firme defensor de los derechos de los indios mexicanos.




“Tierra y libertad” y "La tierra es de quien la trabaja" son algunas de las consignas del más firme defensor de los derechos de los indios mexicanos y de la reforma agraria.

Zapata, asesinado por el régimen de Venustiano Carranza a los 39 años de edad, es idolatrado hoy por los campesinos y por la gente del pueblo.

Al paso de los años, su imagen se ha fortalecido al pasar de un simple saqueador, a un reformador revolucionario y un héroe; su vida ha inspirado innumerables leyendas y corridos populares.

Emiliano Zapata fue el penúltimo de los diez hijos de Cleofas Salazar y Gabriel Zapata, un hacendado mestizo que entrenaba caballos.

A los 17 años de edad quedó huérfano.

Cuenta la historia popular que en su niñez sufrió una experiencia que marcó su vida: a los nueve años vio llorar a su padre porque injustamente la autoridad se adueñó de las tierras comunales de su pueblo. Entonces Zapata juró que recuperarían las tierras perdidas, convirtiendo la reforma agraria así en su meta.

Zapata hablaba náhuatl y español, y gozaba de un gran respeto de los campesinos del Sur.

En 1897, cuando Zapata tenía 18 años, fue arrestado por participar en una protesta contra la usurpación de tierras campesinas. Fue perdonado, pero continuó agitando a los indígenas de la región.

Como represalias, en 1908 fue forzado a incorporarse al Noveno Regimiento Militar de Cuernavaca, bajo el mando de Ignacio de la Torre, yerno del presidente Díaz. Esta forma de castigo, a la que se le conocía como leva, era frecuente durante el porfirismo.

Después de poco más de un año de servicio, fue autorizada su baja. Sin embargo, Zapata ya había sobresalido en el Ejército.

Al destacarse como líder, se vio obligado a refugiarse en la sierra durante la represión. Reapareció en 1909, al ser proclamado presidente la Junta de Defensa de las Tierras de Anenecuilco, que planteaba la necesidad de defender la tierra de los campesinos morelenses, de la voracidad de los hacendados porfiristas. Comenzando así su actividad revolucionaria.

En Tlaltizapan, Zapata implantó un modelo de reforma y creó una red de escuelas y servicios públicos.

"Yo estoy resuelto a luchar contra todo y contra todos sin más baluarte que la confianza y el apoyo de mi pueblo", escribió Zapata en una carta dirigida a Gildardo Magaña.

Pocos meses después, concurrió a una reunión en Villa de Ayala, donde comentó el Plan de San Luis, y el diez de marzo de 1911, desde Villa de Ayala, se lanzó a la lucha revolucionaria junto con otros 72 campesinos.

En 1910 Francisco I. Madero perdió las elecciones frente al dictador Porfirio Díaz y huyó a Estados Unidos, donde se proclamó Presidente para retornar a México.

En marzo de 1911, Emiliano Zapata decidió apoyar a Madero. Una vez que Porfirio Díaz huyó del país, Zapata y su Ejército de cinco mil hombres tomaron la ciudad de Cuernavaca, Morelos.

En esas condiciones, Zapata reorganizó a su ejército y tomó Yautepec, Cuautla y Cuernavaca.

Madero fue electo presidente en 1911 y se reunió de nuevo con Zapata, pero el nuevo Presidente se negó a aplicar una reforma agraria integral. Zapata se negó a deponer las armas mientras no se hiciera efectivo el reparto de tierras.

Perdida la confianza en Madero, Zapata se declaró en su contra, formulando su propio programa de reforma agraria, conocido como El Plan de Ayala, programa revolucionario que abogaba por la devolución de las tierras a la población indígena y por la implantación de una verdadera reforma agraria.

Los signantes del Plan renovaron las consignas de la Revolución y prometieron designar a un presidente provisional hasta que hubiesen elecciones. Asimismo, se fijaron la meta de recuperar las tierras ejidales, quitándoles un tercio a los terrenos de las haciendas y repartiéndolas entre las comunidades.

“Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres", escribió Zapata en otra de sus cartas.

Aquellos hacendados que se rehusaran a aceptar el Plan, vieron sus tierras expropiadas sin compensación alguna.

En el transcurso de sus campañas, Zapata distribuyó las tierras tomadas de la haciendas, las que con frecuencia quemaba sin compensación. Ordenó ejecuciones y expropiaciones, y sus fuerzas no siempre se guiaron por las leyes de la guerra.

Evadían la confrontación directa al implementar tácticas de guerrilla: trabajaban la tierra con rifles a en sus espaldas, acudían a pelear cuando eran llamados y regresaban a sus campos al final de la batalla.

Los salarios de los miles de hombres que formaban las huestes zapatistas provenían de los impuestos a las regiones de provincia o de la extorsión a los ricos. Sus armas provenían de lo que capturaban de las tropas federales.

"El campesino tenía hambre, padecía miseria, sufría explotación y si se levantó en armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba... Se lanzó a la revuelta no para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurar el pedazo de tierra que ha de proporcionarle alimento y libertad, un hogar dichosos y un porvenir de independencia y en agradecimiento", escribió en otra de sus cartas.

El guerrillero del Norte, el general Francisco Villa, aceptó en Plan de Ayala y decidió unir fuerzas con Zapata hasta que hubiera un presidente civil en el Palacio de Gobierno.

Durante las presidencias del dictador Victoriano Huerta (1913-1914) y del presidente constitucionalista Venustiano Carranza (1914-1920), Zapata siguió manteniendo sus actividades guerrilleras en contra del gobierno, extendiendo su poder por todo el Sur de México.

Al caer Huerta, en 1914, Zapata invitó a los Constitucionalistas a aceptar su Plan de Ayala y les advirtió que continuaría peleando por su cuenta hasta que el plan se cumpliera.

Pancho Villa y Emiliano Zapata acudieron al llamado de Carranza para reunir a todos los líderes revolucionarios, con la condición que la asamblea se realizara en Aguascalientes y no en la Ciudad de México. En dicha asamblea, los villistas y zapatistas eligieron al General Eulalio Gutiérrez como presidente provisional, decisión que los carrancistas rechazaron.

Tras la llamada Convención de Aguascalientes, deciden ocupar la capital mexicana con las fuerzas convencionalistas, en 1914.

Como consecuencia, se desató una guerra entre los carrancistas (moderados) y los revolucionarios (villistas y zapatistas). El 24 de noviembre, Zapata le ordenó a su Ejército, llamado Ejército de Liberación del Sur, compuesto por 25 mil hombres, que ocuparan la Ciudad de México.

Zapata ocupó la ciudad de Puebla y ganó varias batallas, apoyado por soldados profesionales que se habían unido a su causa.

En 1915, derrotado Villa, se dirigieron contra Zapata numerosas fuerzas que prácticamente arrasaron el estado de Morelos.

Carranza convocó a una asamblea constitucionaria, pero no invitó a Zapata. En dicha convención se aprobó la nueva Constitución y se designó como Presidente.

En 1919 Zapata escribió una carta a su antiguo compañero revolucionario, dirigida al "Ciudadano Carranza", en la que le acusó de haber "aprovechado la lucha en su propio beneficio y en el de sus amigos que le ayudaron. Luego, compartió usted el botín, riquezas, negocios, banquetes, fiestas suntuosas, bacanales, orgías". Y sigue: "Nunca se le ocurrió pensar que la Revolución se hizo para beneficiar a las grandes masas, a las legiones de oprimidos a quienes usted estimuló con sus arengas".

En respuesta, carranza ideo un plan para asesinar a general Zapata. En abril de 1919, el coronel Jesús Guajardo fue enviado por el gobierno constitucional a infiltrarse en las filas de Zapata. Guajardo organizó una reunión "secreta" con Zapata en la Hacienda Chinameca, en Morelos, el mismo lugar en que ocho años atrás le tendieron otra traición, haciéndole creer que quería unirse a sus tropas.

Zapata fue muerto a tiros en dicho lugar por tropas carrancistas. Su cuerpo fue puesto sobre una mula y dejado sobre la calle.

El Coronel Guajardo fue nombrado general y recompensado con $52,000 pesos. Zapata fue enterrado en su estado natal.

Hoy día yace sepultado en Cuautla, Morelos.

En una carta dirigida a Pancho Villa, Zapata escribió: ".. la ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía..."

Su figura se proyecta hasta la actualidad, con el movimiento de reivindicación de los derechos indígenas encabezado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en Chiapas.

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