CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 2005.- 2005 fue el año de la muerte de un Papa, el año de la muerte de Juan Pablo II. El sábado 2 de abril de este 2005 ocurrió lo que ya se esperaba pero nadie quería que ocurriera, mucho menos aún tratándose de un hombre que por su gran resistencia física, había desafiado muchas veces a la muerte.
Aquel sábado 2 de abril, a las 9:37 de la noche, tiempo de Roma, expiraba en sus aposentos del Palacio Apostólico del Vaticano, Juan Pablo II, el Papa número 264 de la historia.
“El Santo Padre Juan Pablo II ha fallecido esta noche a las 9:37 en su departamento privado”, anunció ese día el portavoz de El Vaticano, Joaquín Navarro Valls.
Terminaba así un largo pontificado de 26 años, cinco meses y 16 días. El segundo más extenso en la historia, sólo superado por el de Pío IX con 31 años y siete meses.
Culminaba así también una lenta y dolorosa agonía que había comenzado el domingo 30 de enero de este mismo año 2005.
Nadie imaginaba que la fría mañana del domingo 30 de enero de este 2005, iba a ser el punto de partida de aquella agonía. Aquel mediodía, Juan Pablo II rezó el Ángelus como todos los domingos, pero con dificultades notables para respirar.
A terminar la oración, dos niños que acompañaban al Santo Padre soltaron dos palomas como símbolo de la paz. Las palomas se negaban a emprender el vuelo y revoloteaban alrededor del Papa por varios minutos quien permanecía ahí, en el balcón del Palacio Pontificio, expuesto al frío del invierno romano.
Aquella mañana del 30 de enero el Papa era víctima de una fuerte gripa.
Al día siguiente, el martes 1 de febrero, la sala de prensa de la Santa Sede informaba que el Papa cancelaba sus actividades para el miércoles, incluyendo la Audiencia General.
La noche de aquel martes 1 de febrero, el Papa fue internado de emergencia en el Hospital Gemelli por una crisis respiratoria, el mismo policlínico que había conocido desde mayo de 1981, después de que el 13 de mayo el turco Mehmet Alí Agca atentara contra su vida en un hecho que marcaría su vida y su Pontificado.
El Vaticano precisó que el Papa había sido internado por una laringo-traqueitis aguda.
Juan Pablo II pasó nueve días hospitalizado. El inicio de la Cuaresma lo sorprendió en una cama de hospital.
Por primera vez en 26 años de Pontificado, no celebró la misa del Miércoles de Ceniza.
El Papa fue dado de alta el 10 de febrero de 2005 y regresó al Vaticano.
A los dos días de ese 13 de febrero de 2005 Juan Pablo II reapareció públicamente.
Desde el balcón de su estudio, en el Palacio Pontificio, encabezó el rezo del Ángelus, pero sólo pudo dar un breve saludo de bienvenida a los fieles.
El Vaticano intentaba ser optimista. ablaba de una mejoría en la salud del Papa, pero las cosas seguían tan mal que el 21 de febrero Juan Pablo II canceló la audiencia pública general del miércoles 23 de febrero. Sólo pudo videograbar una ceremonia, en la soledad de su biblioteca, que fue transmitida a los fieles en la Plaza de San Pedro ya quienes habían asistido al Aula de Paulo VI.
Fue una audiencia virtual y la señal evidente de que su salud no andaba nada bien.
Después de este mensaje dramático y conmovedor, El Vaticano ya no puedo ocultar su alarma, la verdad.
El jueves 24 de febrero, Juan Pablo II tuvo una recaída y volvió a ser hospitalizado de emergencia.
La crisis respiratoria tocaba fondo, ese mismo jueves en la noche se le practicó una traqueostomía para ayudarlo a respirar, según los expertos, la operación le devolvería al Papa la capacidad de respirar pero le retiraba la de hablar.
Se empezó entonces a hablar de una abdicación, posibilidad que Juan Pablo II siempre había rechazado.
A los pocos días, sin embargo, el cardenal Joseph Ratzinger, el poderoso prefecto de la Doctrina de la Fe, revelaba que el Papa le había hablado en el hospital, algo que médicamente sorprendía.
Pero el propio Papa habría de confirmarlo la mañana del domingo 13 de marzo desde la ventana del décimo, se su déciomo piso del hospital Gemelli.
“Queridos hermanos y hermanas, gracias por su visita, tenga un buen domingo”, expresó ese día el Papa, Juan Pablo II.
Ese mismo domingo 13 de marzo por la noche, Juan Pablo II salió del policlínico Gemelli después de 18 días de hospitalización. Volvió al Vaticano con una cánula en la garganta que le ayudara a respirar bien. Todavía no era dado de alta.
El Vaticano anunció que Juan Pablo II descansaría y no tendría actividades en la ya inminente Semana Santa.
Pero cinco días después, el viernes 18 de marzo, volvía la alarma, el Papa había sufrido una recaída por sus problemas respiratorios.
El martes 22 de marzo el equipo médico del Pontífice rechazaba que fuera a ser hospitalizado nuevamente.
El Vaticano confirmaba que Juan Pablo II no encabezaría, como siempre lo hizo en el Coliseo Romano, el rito del Vía Crucis del Vienes Santo.
El miércoles 23 de marzo, el Papa tuvo otra fugaz aparición pública, está vez desde la ventana de su departamento, su fragilidad era dramática.
Aun así, el jueves 24 de marzo, el Papa siguió por televisión, desde su habitación, las ceremonias del Jueves Santo.
Y el Viernes Santo, desde la capilla de sus aposentos, siguió el rito de la Vía Dolorosa, también por televisión. Las imágenes fueron difundidas por el Vaticano.
El Papa apareció solo y de espaldas, sosteniendo una cruz. Nunca se le vio el rostro, incluso se llegó a decir que no era Juan Pablo II, pero lo era.
El cardenal Joseph Ratzinger tuvo que declarar que Juan Pablo II seguía gobernando la Iglesia con absoluta lucidez, y para confirmarlo, el Papa fue mostrado al mundo el domingo 27 de marzo en una repleta Plaza de San Pedro.
Juan Pablo II se asomó a su balcón para encabezar el último rito de la Semana Santa y dar la bendición ‘Urbi et Orbi’.
Su esfuerzo no le alcanzó para impartir la bendición y dar un mensaje.
En un esfuerzo ya conmovedor, Juan Pablo II se volvió a mostrar en público durante la audiencia general del miércoles 30 de marzo. Fue desde la ventana de su estudio. Sólo logró dar la bendición a los miles de fieles que lo aclamaban.
Esta fue la última vez que se le vio con vida en público.
La tarde de aquel mismo miércoles 30 de marzo, los médicos le insertaron al Papa una sonda naso-estomacal para alimentarlo y fortalecerlo.
Una nueva hospitalización fue ya descartada del plano.
El jueves 31 de marzo la salud del Papa entró en una fase crítica, ahora por una infección urinaria que desató una altísima fiebre y la súbita caída de la presión arterial.
Cardenales cercanos al primer círculo de la Curia Romana aseguraban que el Papa estaba al final de su vida y que había recibido la unción de los enfermos: la extremaunción.
El Vaticano confirmaba el viernes 1 de abril que Juan hablo II enfrentaba una insuficiencia cardiocirculatoria y renal.
La mitad del mundo se fue a dormir con esa información.
Llegó el sábado 2 de abril de 2005, aquel hombre que vino del frío, que estaba a 16 días de cumplir 85 años, expiraba aquel sábado 2 de abril, en su habitación del tercer piso del Palacio Apostólico Vaticano.
Un shock séptico y un colapso cardiorrespiratorio irreversible, acabó con su vida a las 9 de la noche con 37 minutos, tiempo de Roma.
“Nuestro querido Santo Padre, Juan Pablo II, regresó a la casa de su padre. Oremos por él”, dijo el secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano.
El cadáver del Papa Juan Pablo II fue expuesto en la Basílica de San Pedro durante cinco días. Cientos de miles de dolientes llegaron de todo el mundo y desfilaron ante su catafalco.
Cuatro millones de personas, entre ellas 200 jefes de Estado y de Gobierno, asistieron a sus funerales.
El viernes 8 de abril de 2005, Juan Pablo II fue sepultado en las grutas vaticanas, después de una imponente despedida.
Diez días después de los funerales de Juan Pablo II, el lunes 18 de abril comenzó en el Vaticano el primer cónclave del milenio, 115 cardenales se reunieron en la Capilla Sixtina para elegir al sucesor de Juan Pablo II.
La tarde de aquel mismo lunes 18 de abril hicieron una primera votación, pero de la chimenea de la capilla salió humo negro, aún no había nuevo Papa.
El martes 19 de abril se celebraron dos votaciones matutinas y nada, el humo negro indicaba que ninguno de los 115 cardenales tenía los votos necesarios para ser Papa.
Por en la tarde de ese martes 19 de abril, después de la cuarta ronda de votaciones, se empezó a ver la tenue ‘columna blanca’, el humo blanco, que muchos vieron negro, pero era blanco, y ya había Papa.
Eran las 5 de la tarde con 52 minutos, tiempo de Roma, las 10 de la mañana con 52 minutos tiempo de México.
En medio del repicar de las campanas de San Pedro, confirmando la elección del Papa, apareció el cardenal Protodiácono, Jorge Medina Estévez, en el Balcón de las Bendiciones de la Basílica.
El cardenal alemán Joseph Ratzinger, de 78 años, decano del Colegio Cardenalicio y hasta la muerte de Juan Pablo II, prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, había sido elegido como el Papa 265 de la historia.
Y asumía el nombre de Benedicto XVI.
Y después daba su primera bendición apostólica ‘Urbi et Orbi’, a la Ciudad y al Mundo.
Así comenzó el pontificado de Benedicto XVI, el Papa 265 de la historia, el sucesor de Juan Pablo II, el Papa que transformó al mundo y que amó a México y que nos visitó en cinco ocasiones, el Papa que vino del frío y que murió el 2 de abril de este año transcurrió entre tormenta y tormenta.