WASHINGTON, Estados Unidos, oct. 21, 2004.- En un ambiente denso, de intensas campañas y profunda división, el pueblo norteamericano decidirá este 2 de noviembre en las urnas el futuro de Estados Unidos y el papel de esta superpotencia en el mundo. “Van a votar por el presidente, el vicepresidente un tercio del Senado, 435 miembros de la Cámara de Representantes y 11 estados, de los 11 estados seis están ahorita actualmente en manos de demócratas y cinco en las manos de republicanos”, señaló Armand Peschard, analista del Centro de Estudios Estratégicos.
El presidente George Bush busca no sólo su reelección y la del vicepresidente Dick Cheney, sino mantener la mayoría tanto en el Senado y la Cámara de Representantes.
También se votará por numerosas iniciativas a nivel estatal entre las que destaca la enmienda 36 en Colorado, que en lugar de otorgar todos los votos electorales de la entidad al candidato ganador, los dividiría proporcionalmente entre ambos, según el número de votos que hayan obtenido. Lo que no es visto con buenos ojos.
“Lo único que van a causar es incertidumbre sobre la integridad y la imparcialidad de una elección que está a 12 días del día de hoy”, aseguró Peschard.
Incertidumbre alimentada por nuevos métodos computarizados de sufragio que desconocen votantes y encargados de 200 mil casillas en todo el país, millones de nuevos electores poco familiarizados con el proceso, la creación de nuevos distritos electorales, boletas incompletas y hasta la parcialidad de funcionarios a cargo de la elección.
“Se está cuestionando en diferentes estados la integridad del proceso, para mí que esa es una fórmula para un desastre post electoral”, aseguró Armand Peschard.
Ahora mismo en varios estados parte de un ejército de 10 mil abogados de ambos partidos han presentado numerosas demandas judiciales por los métodos de votación que podrían conducir a requerimientos de anulación de sufragios e impedir que el día tres de noviembre sea posible conocer al triunfador de estos comicios.