Desde la crisis de los misiles de 1962, cuando Washington descubrió que Moscú estaba instalando cabezas nucleares en Cuba, la paz y el orden internacionales no habían vivido un momento tan crucial como el presente.
En los próximos días el Consejo de Seguridad de la ONU, tendrá que pronunciarse sobre que tanta discrecionalidad otorgará a Estados Unidos en su camino hacia Bagdad.
Bush exige un cheque en blanco: si no va bien la inspección, quiere tener la autorización en la bolsa para atacar. Francia prefiere una autorización para que la ONU retenga el derecho de usar la fuerza, siempre y cuando se inspeccione y se encuentren evidencias de armas de destrucción masiva. México se ha sumado a la posición francesa.
De no acatar Washington una resolución como la que propone Francia y lanzarse unilateralmente contra Irak, la paz y el orden imperantes desde 1945, sufrirán un golpe mortal.
En 1962, el joven John F. Kennedy mostró templanza y pasó a la historia por mantener la paz. Cuarenta años después, George W. Bush, parece más inclinado a pasar a la historia acabando la tarea incompleta de su padre: cortar la cabeza de Hussein.