La cuarta fue la vencida, Lula, el obrero que apenas terminó la primaria, es ya presidente electo de Brasil, el país más grande y poblado de América Latina, que junto con México tiene aspiraciones de potencia internacional.
La izquierda latinoamericana está de fiesta. A diferencia de Vicente Fox que el 2 de julio pasó a la historia por desbancar al PRI, el verdadero reto de Lula apenas empieza. Nadie recordará a quien venció. Su legado estará definido por su capacidad de volver viable a la izquierda latinoamericana.
Tendrá que inventar su modelo de gobierno. No hay recetas. Lula no puede basarse en el ejemplo de sus amigos Hugo Chávez y Fidel Castro.
Lula representa la legítima esperanza de millones de latinoamericanos, entre estos buena parte del PRD, de que finalmente estamos ante el surgimiento de una nueva izquierda regional capaz de convivir con el fenómeno de la globalización y reducir el déficit social.
Otrora férreo crítico del Fondo Monetario Internacional, Lula tiene los días contados para asegurarle a los inversionistas brasileños y extranjeros que su modelo, aunque prioritariamente social, incluye a los señores del dinero.