La poesía es un hallazgo múltiple: inventa y vigoriza el idioma, incorpora líneas y poemas a la vida de las personas y las comunidades, es un antídoto espiritual contra la barbarie, y es la profecía que sólo se cumple en la lectura.
Desde hace tiempo sin embargo, leer poesía es actividad excepcional, y eso, por ejemplo, le imprime un carácter de nostalgia remota a la celebración del centenario de un gran poeta mexicano, Xavier Villaurrutia (1903-1950) un escritor para escritores merecedores de un público más vasto.
Así, la poesía y el ensayo de Villaurrutia requieren de lectores especializados, la sonoridad y la belleza de sus imágenes trasciende cualquier incomprensión. Como sus compañeros de revista y actitud Villaurrutia prodiga símbolos y es a la vez indescifrable y transparente.
La poesía es un gozo formativo ¿y por qué desconocer textos como Nocturno de la Estatua de Villaurrutia Soñás la noche, La Calle, La Escalera y El grito de la estatua desdoblando la esquina?
Prescindir por entero de la poesía es un lujo inadmisible de cualquier época.