KIGALI, Ruanda, jul. 12, 2001.- Unas 800 mil personas fueron asesinadas en el genocidio de Ruanda, ocurrido en ese minúsculo país de África Central entre abril y julio de 1994.
La mayoría de las víctimas fueron tutsis, aunque también cayeron asesinados algunos hutus moderados, etnia a la que pertenecían los autores de la matanza, soldados del Ejército y miembros de la milicia extremista "Interahamwe" -los que matan juntos-.
El genocidio comenzó la noche del 6 de abril de 1994, horas después de que el presidente Juvenal Habyarimana –hutu- muriera al ser abatido su avión por dos misiles cuando se disponía a aterrizar en el aeropuerto de Kigali.
Habyarimana, que había llegado al poder en 1973 mediante un golpe de Estado, pertenecía a la etnia hutu, mayoritaria en el país, con un 85% del total de su población.
Los hutus atribuyeron el magnicidio a los tutsis del Frente Patriótico Ruandés (FPR), movimiento guerrillero con el que habían librado una guerra civil.
En cuanto corrió la voz de que Habyarimana había muerto, los hutus comenzaron a matar a tutsis y miembros moderados de su propia etnia: hombres, mujeres, niños y ancianos fueron masacrados a tiros y machetazos.
Ante la pasividad del mundo, las matanzas continuaron hasta principios de julio, cuando más de un millón y medio de ruandeses, sobre todo hutus, huyeron a Zaire -actual República Democrática del Congo-, Tanzania y Burundi ante el avance de las fuerzas del FPR, que acabó ocupando Kigali y casi todo el país.
En apenas 48 horas las ciudades fronterizas zaireñas de Goma y Bukavu vieron llegar como refugiados a un millón 200 mil ruandeses, que vivían en miserables condiciones, lo que pronto causó que se registrasen brotes de cólera, disentería, meningitis y otras enfermedades.
Los victoriosos tutsis del FPR formaron un gobierno en Kigali e instaron a los refugiados a regresar al país, pero al mismo tiempo pidieron a la comunidad internacional la formación de un tribunal para juzgar a los hutus por genocidio.