CIUDAD DEL VATICANO, Vaticano, dic. 24, 2002.- El Papa Juan Pablo II evocó la paz y recordó a las víctimas de los conflictos en el mundo durante la misa de Navidad, celebrada a medianoche en la basílica de San Pedro del Vaticano ante miles de peregrinos.
"El Niño acostado en la pobreza de un pesebre, ésta es la señal de Dios",
señaló el Papa en su homilía navideña.
"Pasan los siglos y los milenios, pero queda la señal y vale también para
nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio. Es señal de esperanza para toda la familia humana, señal de paz para cuantos sufren a causa de todo tipo de conflictos, señal de liberación para los pobres y los oprimidos", clamó el
Papa.
Durante la misa del gallo, a la que asistieron numerosos turistas y creyentes de todo el mundo, el Sumo Pontífice declaró que Jesús era una "señal de misericordia para quien se encuentra en el circuito vicioso del pecado, señal de amor y de consuelo para quien se siente solo y abandonado".
Según afirmó Su Santidad, "en esta Noche Santa se cumple la antigua promesa: el tiempo de la espera ha terminado y la Virgen da a luz al Mesías".
"Jesús nace para la humanidad que va en busca de libertad y de paz, nace para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza", agregó.
"La noche de Navidad se convierte así en escuela de fe y de vida", subrayó el Papa, que inició su sermón refiriéndose al significado de la más importante festividad de la Iglesia Católica.
Jesús, como enunció el apóstol Pablo, "nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos y a llevar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos", explicó Juan Pablo II.
El Sumo Pontífice, quien en las últimas semanas ha multiplicado sus llamamientos a favor de la paz en todo el mundo, se declaró contrario a "la
guerra preventiva", aludiendo implícitamente a los preparativos bélicos de Estados Unidos y de Gran Bretaña contra Irak.
El año pasado, en su homilía de la misa de Navidad, Juan Pablo II pidió a judíos, musulmanes y cristianos que trabajaran juntos por la paz.
El Papa se declaró entonces "preocupado y conmovido por la persistencia de la guerra, de las tensiones sociales, de las duras condiciones en las que viven tantos seres humanos en tantas regiones del mundo".